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Aunque el inicio del año natural es enero, mes en el que el calendario marca nuevos propósitos, retos y excelsas declaraciones de intenciones, lo cierto que tras dos meses de hastío, descanso por  vacaciones y calores, septiembre es el mes de inicio del año en materia práctica.

Hay muchas y variadas razones para remangarnos todos y poner nuestro granito de arena para comenzar el cuatrimestre con renovadas ilusiones, con esperanza y nuevos proyectos para afrontar un nuevo curso llamado escolar, que también lo es político, económico, cultural y social.

Creo que hay que, definitivamente, tomar importantes decisiones en materia de empleo, de impulsar la economía a través de nuevas inversiones que reactiven el tejido industrial y comercial de la provincia, de mejorar el transporte y las comunicaciones, de dejarnos de hablar de crisis, de sacar lo mejor de cada uno para ir dejando de lado esta desidia y desgana que nos ha contaminado los ánimos y nos impide avanzar.

La crisis ha sido feroz y ha dejado muchos mutilados a su paso, es verdad. Que no hay dinero a raudales como antaño, también es verdad. Que aquellos años de derroches (prefiero no mencionar las corrupciones en sus más variopintas modalidades)  sirvan para crear modelos de crecimiento basados en el esfuerzo y en el desarrollo de ideas que impulsen un crecimiento, que si bien sea más lento, sea sostenido y afianzado, ideas que obligan a hacer un ejercicio de imaginación, voluntad y ganas. Que la musa de la inspiración nos pille trabajando, parafraseando a Picasso, y nos dejemos de la cultura de la queja instalada, de echarnos en cara y señalar con el dedo lo que el otro hizo mal y asumamos cada cual nuestra cuota de responsabilidad en ese renacer de la economía.

Señores políticos, ustedes que tienen la sartén por el mango, déjense de poner el foco en la casa del vecino y trabajen juntos por y para una provincia que siempre ha estado muy castigada por los embates de las corrientes económicas y sociales que nos han azotado en los últimos tiempos y faciliten que una provincia que, por siglos de historia, sobrevive a base de sangre, sudor  y lágrimas, como decía Churchill, levante la cabeza y pasee orgullosa esta tierra rica por su cultivos, sus servicios, sus riquezas arquitectónicas , su orografía y por supuesto y lo más importante, sus gentes.

Aunque este discurso esté manido, roce lo utópico y cuasi pueril, repito, remanguémonos todos ya y empecemos septiembre con nuevas miras y espíritu.   El futuro es nuestro si trabajamos en esta dirección en el presente.

 

 

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