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Con el comienzo del año, en todos los ámbitos de la actividad económica y social, proliferan pronósticos y previsiones, para el período al que se contraen, que constituyen la base de objetivos, proyectos y presupuestos de cualquier naturaleza y facilitan la referencia específica para formular decisiones gubernamentales, estrategias empresariales y planes privados o de cualquier otra índole. Por otro lado, no cabe ninguna duda de que al tratarse de estimaciones el grado de acierto depende, no sólo del método  y datos manejados, o de la sabiduría, habilidad o experiencia de quien los realiza, sino que también están supeditados, en condiciones normales, a la propia dinámica de los acontecimientos, especialmente si esas contingencias son inesperadas y de una magnitud y duración imprevisibles y afectan, de forma directa, a la actividad social y/o económica.

Este es el caso de la evolución de la coyuntura actual. Los perniciosos efectos ocasionados por la crisis pandémica han desfasado todas las estimaciones realizadas a principios de 2020 sobre el comportamiento de la economía española. La constatación más exacta es comprobar cómo todas  aquellas predicciones son tan negativamente dispares, como muestran los registros reales de las principales variables al fin de ese mismo año recién terminado.

De igual manera, a tenor de las perspectivas que se vislumbran, quedan afectadas y desajustadas todas las predicciones que se vienen realizando sobre esas magnitudes económicas para el presente año. Es verdad que las expectativas generadas por la aparición de la vacuna y la probable utilización de los fondos y ayudas  europeas, aportan una dosis de optimismo que permite abrir un arco iris de esperanzas, pero, ¿quién puede determinar en estos momentos hasta dónde se prolongará este nefasto período, ni la envergadura del menoscabo final que está causando en la economía, que permita conocer con exactitud el montante preciso de los recursos necesarios para tratar de paliar esta mayúscula adversidad?

Los datos conocidos en los últimos días sobre la evolución de la pandemia y la mutación del virus están aumentando la incertidumbre, extendiéndola   de forma imprevisible y generando el temor sobre el incremento de sus nocivos efectos en la actividad económica, especialmente del consumo y la inversión. Las previsiones de crecimiento más optimistas sobre la economía española para 2021, empiezan a desvanecerse y las casas de análisis y los expertos intentan rehacer sus cálculos para fijar nuevos pronósticos que  apuntan a un avance del PIB para este año entre el 4% y el 5%, registros que reducen sustancialmente las precedentes  estimaciones del  propio gobierno, que fijaban esta variación en el 7%, según las estimaciones de la ministra Calviño el 14-1 en el marco de la XI edición del Foro Spain Inverstor Day.    

Estas bajistas correcciones conllevarían una repercusión muy complicada  para la recuperación del sistema productivo, incidirían en la evolución de todas las variables básicas de la actividad económica y sembrarían  enormes dudas sobre su capacidad para poder mantener el tejido empresarial y asumir el levantamiento de los ERTEs. En consecuencia, dado que una de las perspectivas que genera más expectativas positivas son los fondos europeos, junto con las esperadas de la aplicación de la vacuna, es necesario diseñar una política macroeconómica muy ajustada y acertada  a los retos que evidencia esta coyuntura tan sumamente adversa.

Foto: Universidad Nebrija.

 

 

 

 

 

 

 

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