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Por JAVIER LÓPEZ / ¿Es pertinente comparar al Nerón que toca la lira mientras arde Roma con el Sánchez que recomienda la canción del verano mientras le invaden Ceuta? En cierto modo, sí, pues si otro emperador nombró cónsul a su caballo el puto amo tiene por canciller a Albares, un político que cocea a Italia y humilla la testuz ante Marruecos. Y en cierto modo, no, porque Pedro está en sus cabales, aunque su coeficiente intelectual ronde en el mejor de los casos los dos dedos de frente.

Tengo colegas que cuestionan su salud mental, pero a mí me parece que el jefe del Ejecutivo no necesita ansiolíticos sino atestados por el daño que genera la resiliencia de la que presume. De hecho, una distopía es una utopía en la que irrumpe Sánchez. Dicho de otra manera: vivimos en el mejor de los países con el peor de los presidentes. Hasta tal punto esto es cierto que al lado de la realidad española la novela de Orwell 1984 es el capítulo de Heidi en el que Clara anda.

La invasión de la ciudad autónoma, ademas de revelar que el principal producto que exporta Marruecos es la miseria agropecuaria -no otra cosa es llenar el mar de niños yunteros- ha desvelado el modo en que el presidente español desprecia a la vez a instituciones tan señeras como el Gobierno de Melilla, las fuerzas de seguridad del Estado y el CNI. A mí este ninguneo me resulta coherente con el personaje: tengo dicho que Sánchez es un antisistema que se ducha.

Foto: Pedro Sánchez ofreciendo su «playlist» de canciones del verano.

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