Por ANTONIO GARRIDO / Hoy se ha hecho pública una mala noticia pero que tampoco nos sorprende demasiado porque llevamos años sobre aviso, se trata del problema de la despoblación, el Instituto Nacional de Estadística, INE, actualiza los datos del censo y nos topamos con verdades como puños ante la sangría poblacional. Hasta hace muy poco, no digo que no se haya tomado en serio, pero no se ha considerado como un problema a incluir entre las prioridades, porque a lo mejor los datos no se consideraron alarmantes, y lo son, pero además la tendencia sí tiene que preocupar y es la que dice bien a las claras que hay que prestarle mucha atención, y preferente, a este problema. De modo que hay que valorar todas las acciones que han promovido en los últimos tiempos la Universidad, El CES Provincial, la Fundación Estrategias, y algunos otros estamentos, para afrontar los riesgos de la despoblación que viene antes de que estallen sus efectos adversos, especialmente en el medio rural, aunque también ocurre en las grandes poblaciones y en la propia capital de la provincia, donde en los dos últimos años parece que se frena. Por tanto es llegado el momento de describir la realidad que se vive en este instante y de las previsiones que se estiman, y en consecuencia poder definir las medidas a adoptar. La política casi siempre va a remolque.
La situación real de la provincia es que posee una enorme cantidad de municipios en regresión demográfica, y, lo peor de todo, la pesimista previsión de estudios acreditados que de aquí a 2040 pronostican una pérdida de alrededor de 48.000 habitantes en el territorio, en el que hay un pequeño alivio y es que hasta no hace mucho la pérdida poblacional se cifraba entre 60.000 y 100.000 jienenses, de todas formas es lo suficientemente grave y creo que son motivos suficientes para tomarlo muy en serio, sobre todo, y aquí también está el quid de la cuestión, porque una vez más estamos a la cabeza de los datos de regresión demográfica, y nos sigue Córdoba, con un perfil muy parecido pero con alguna ventaja sobre nosotros, el resto de los territorios de Andalucía verán crecer su población. ¿Qué hacemos, pasamos de largo y hasta la próxima? ¿Saben qué significan estos datos? Que hay una previsión de que esos miles de jienenses se verán abocados a abandonar su tierra, como ha sucedido hasta ahora, buscando otros lugares donde reside la esperanza, y es de suponer que los primeros que cogerán las maletas serán los jóvenes, empezando por aquellos a los que hemos preparado en nuestra Universidad y en los centros de Formación Profesional y se encuentran perfectamente preparados. Es una verdadera pena que esta lamentable situación se dé y no digo que estemos con los brazos cruzados, pero es evidente que en otros lugares nos han tomado la delantera y que nos hemos quedado, una vez más, a la luna de Valencia.
En realidad todos los síntomas negativos que tiene la provincia se pueden justificar con la cierta complacencia hacia la actuación de las administraciones, esto que nos ocurre no es fruto de la casualidad, lo es de que los poderes públicos no han hecho apuestas serias por Jaén y ese es el precio que estamos pagando. A la falta de industrias, porque lo que tenemos ahora son los sueños de una noche de verano, hasta que cuajen algunas, ojalá, se unen las pésimas comunicaciones, en algunos casos propias del siglo pasado, qué les voy a contar del tren que los jienenses no conozcan a estas alturas, somos el hazmerreír de España por el pésimo funcionamiento del ferrocarril convencional, no digamos de la alta velocidad y demás promesas de largo me lo fiáis; pero también las carreteras, la negativa de la Junta a unirnos por autovía con Córdoba a través del Carpio, y por supuesto la terminación de la A-32, que nos conecta con el Levante, y que ha sido, al estilo Jaén, una obra que ha durado décadas, por la sencilla razón de que Jaén nunca fue una prioridad y encima los dos partidos que nos han gobernado España en lugar de colaborar se han dedicado a echarse las culpas el uno al otro con tal de eximir sus responsabilidades, cuando los dos han actuado igual de mal, es decir, de espaldas a las necesidades de esta provincia. Y esto sin contar otras carencias que se han convertido últimamente en promesas, pero que se trata de dinero “movilizado” que genera escasa confianza, para proyectos de los que también carecemos, como son infraestructuras eléctricas e hidráulicas.
En efecto, no podemos esperar sentados a que el futuro nos sorprenda, porque es nuestra obligación reclamar actuaciones y medidas de prevención a las administraciones competentes, y desde luego los poderes públicos no pueden dejar esta herencia a políticos que vengan después, primero porque sería una enorme irresponsabilidad, y, fundamentalmente, porque el Jaén de ahora es el obligado a poner medios para que las generaciones que vienen detrás, empezando por nuestros propios hijos y nietos, se encuentren con un Jaén mejor.
Parece urgente poner en marcha los mecanismos para actuar, a ver si estamos todavía a tiempo de evitar que se cumplan los peores pronósticos y en lo posible que dejemos de estar a la cabeza en sangría poblacional, tal como se nos posiciona, creo que en parte porque nos hemos ganado esa fama y no tienen confianza en nuestra reacción. Por esta razón, y para rebelarnos contra tan pésimos pronósticos, hay que tirar de iniciativas y exhibir nuestras fortalezas. Hoy me he alegrado mucho cuando el rector de nuestra Universidad, que está a punto de cumplir 33 años de vida en los próximos días, ha informado, con optimismo, de las tasas de inserción laboral de nuestros egresados, el casi el 63%, y por encima de la media del sistema universitario andaluz, lo que quiere decir que la tasa de inserción laboral se incrementa de acuerdo con el aumento del nivel de estudios, de modo que la UJA es un motor en marcha, una fábrica de jóvenes formados, de la que como media salen cada año del orden de los 3.000 graduados. La mayoría acceden al mercado laboral, la siguiente pregunta que hay que hacerse es dónde. A propósito también hay que saludar con optimismo todas las acciones que vengan a paliar para los jóvenes el acceso a la vivienda, un mal genérico que las administraciones no han atajado y cuando han decidido actuar ya es tarde, al menos para resolverlo con la prontitud que el caso requiere. Ya hemos visto que la Diputación ha decidido dedicar un capítulo de su presupuesto para ayudar a los jóvenes a adquirir sus viviendas, a través de subvenciones, y este programa se ha inaugurado en la Sierra de Segura, pero esta administración y otras, si la experiencia es positiva, que lo es, deben continuar en esta línea porque es otra forma de evitar que los pueblos se queden sin gente, que es tanto como decir sin futuro.
Ocurre con mucha frecuencia en la política que los asuntos de mayor dificultad se transfieren, en tantas ocasiones vemos que los políticos no divisan un horizonte superior a las próximas elecciones, cuando lo que hace grandes a los responsables públicos es que su obsesión sean las nuevas generaciones. Y sí, ya lo creo que me apunto a la filosofía de no entrar en la dialéctica del lamento, pero tampoco del conformismo, y claro que el futuro puede deparar oportunidades, en una provincia con tantas fortalezas como es la nuestra, pero al mismo tiempo las oportunidades que tuvimos en el pasado viendo pasar trenes en marcha que no hicieron parada en Jaén, esas no volverán y lo digo porque ese discurso de la memoria se olvida con mucha facilidad..
VIVIR EN LOS PUENTES. Hoy es el día de San Juan y tradicionalmente por estas fechas, ya en la recta final de junio, es cuando el calendario marca el éxodo de cientos de jienenses hacia las zonas de las urbanizaciones de los alrededores, especialmente en lo que conocemos como los “Puentes”, porque se trata de los lugares del Puente de la Sierra, Puente Nuevo, Puente Jontoya y Puente Tablas, donde también muchos vecinos viven todo el año. Aunque en realidad, además de los citados, han ido surgiendo en las últimas décadas en el término de la ciudad y de otros contiguos nuevas urbanizaciones que han ido aumentando los lugares en los que cientos de nuestros ciudadanos se refugian para tratar de evitar los fuertes calores del estío jienense, que ya venimos padeciendo, a más de 40 grados en las últimas fechas. Y por cierto, aunque lo hemos denunciado decenas de veces, han pasado casi 30 años de la tormenta que causó el pánico entre los vecinos de los Puentes, en pleno verano, y a día de hoy las administraciones y los líos políticos no han sido capaces de desenredar el conflicto. Al más puro estilo Jaén, una ciudad que siempre camina con paso de tortuga, ahí está la asignatura pendiente de Los Puentes y que da idea de lo que cuesta en Jaén sacar adelante cualquier proyecto. Al menos parece que el famoso colector ya se va a abordar y lo hará el Ayuntamiento una vez que las administraciones echan balones fuera y parece que a la hora de la verdad nadie es competente. Hasta los vecinos desistieron presa de la desesperación, la prueba es que han pasado varios presidentes de colectivos vecinales y ninguno pudo ver cumplido el objetivo. La santa paciencia de los vecinos y un problema irresuelto. Más aún, nos remitían al PGOU, pero ya ni PGOU ni nada de nada. Lo que cuesta en Jaén empezar y terminar un proyecto en tiempo razonable.
Foto: Las zonas de Los Puentes empiezan a llenarse estos días de numerosas familias jienenses que inician el tradicional éxodo a esos lugares más frescos de los alrededores de la capital.


