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Antonio Garrido Gámez

NO nos hemos vendido bien, es cierto, pero a lo largo de los tiempos, y aún hoy siguen vivos y coleando, los tópicos no han sido precisamente aliados de la mejor causa de esta provincia. Hay cosas que de tanto repetirlas crean, se quiera o no, un cliché, una imagen, y hay que ver lo que puede llegar a costar excluirse de los lugares comunes. La realidad ha sido muchas veces desenfocada y no hemos luchado por quitarnos algunos sambenitos que nos han ido haciendo como trajes a la medida de Jaén.

Desde la duda del carácter andaluz de esta tierra hasta la leyenda del prototipo de un señorito olivarero forrado hasta las cejas de dinero y gastando sus beneficios en otros lugares más o menos recomendables, pasando por ese Jaén profundo, mezcla de realidad y de leyenda, con el que se nos quiere retratar. Además, algunos escritores pasaron por aquí de mala gana, mal informados, tal vez cansados de sus viajes, y despotricaron con saña, claro que con la complicidad de gente de la nuestra.

Pero estemos despiertos, si algunos pudieran, y ya parece que andaban en ello, nos despojarían de nuestro río Guadalquivir, otro gran patrimonio de esta provincia. Con los tópicos tratan de disimular que no nos perdonan, que somos una gran provincia, aunque parezcamos ajenos a ello e incluso militantes activos en nuestra contra.

La historia, incluso la más reciente, nos viene a decir, que el Jaén auténtico hay que exhibirlo para que resplandezca lo que es en lugar de muchas veces sólo lo que parece, la impresión primera. Los escritores románticos del siglo XIX buscaron para Jaén el lado más superficial y anecdótico, en general no se preocuparon de conocernos. Pero siempre hay un ‘alma caritativa’, naturalmente jienenses de todos los tiempos, que hicieron el papel de Judas, esos que se despepitan por todo lo que viene de fuera y que no tienen reparo en desprestigiar lo propio con un papanatismo que nos ha hecho mucho daño. Ahí están los casos de Teófilo Gautier o del propio Azorín, que mejor no recordar. En resumen otros lugares han sonado más siendo objetivamente menos.

El cliché real, la representación de esta provincia, en su valor auténtico consiste sobre todo en gozar de lo que pasa en ella, expresando dolor y alegría, según los casos. En el conocido dicho de “A Jaén se entra llorando y se sale llorando” está recogido, al tiempo, el irritante desconocimiento y el sugestivo encanto que ejerce esta tierra. Hay una expresión que nació en el Islam y que decía “Habla de muchas ciudades pero vive en Jaén”. Aparte de ser slogan para promocionarnos, es un perfecto antídoto contra ese complejo de enterrarnos en tópicos y en vaciedades que en la forma y en el fondo obedecen a un interés de dudosa bondad, ver sólo una parte de Jaén, un Jaén difuminado, oscuro y hasta si me apuran, irredento.

 Foto: A Jaén se le considera una de las provincias más misteriosas de Andalucía…

 

(Comentario emitido hoy, 9 de febrero de 2017, en el espacio La Colmena, de Radio Jaén)

 

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