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Por JAVIER LÓPEZ / De la chistera de Pedro Sánchez no cabe que salga un conejo, sino un puma. Tal y como va la campaña una táctica herbívora no le sirve para ganar las elecciones, así que habrá que temerse lo peor. Estamos pues a un minuto de que en el entorno del presidente se imponga el pensamiento DANA en el marco de la nueva tormenta de ideas. De manera que ahora los trenes son fachas, Pinochet supervisa el centro de control y detrás del fallo del sistema LZB está Fuerza Nueva.

Si la conclusión les parece disparatada es porque lo es, y mucho, pero no tanto como que el ministro argumente que 170 averías en la alta velocidad ferroviaria son poca cosa, cuantifique a la baja el dolor de las víctimas y utilice el concepto calvario para sí mismo en lugar de para las familias de los fallecidos. Ni tanto como para calificar de inasumibles dos trágicos accidentes en la misma vía en un año sin que Sánchez diga a Puente hasta aquí -hasta Urda- hemos llegado.

En un país normal Puente habría sido cesado o habría dimitido o ambas cosas a la vez. El problema es que, como demuestra el auge del populismo, apenas quedan países normales. No lo es desde luego el de Nunca Jamás, cuyo embajador en España es el propio Sánchez, que toma por Wendy a la población al proponer un relato infantil con Iván Redondo en el papel de Campanilla. Está por ver que esta vez la jugada de la remontada le salga bien al capitán Garfio.

Foto: www.moncloa.com

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