Por MARTÍN LORENZO PAREDES APARICIO /
Vicente Montuno arriba, puerto que te lleva a San Ildefonso, plaza y basílica menor sepultada su grandeza por la belleza de la catedral, voy.
Sigo y serpenteo por la plaza de la Constitución, tan playera por sus toldos -un homenaje se merece aquel que tuvo la brillante idea de su ejecución- para llegar a esa ágora partida y gris del Dean Mazas -qué magnífica reforma le hicieron,un verso por toda la escuadra-.
El calor aprieta, y cruzo la calle de Simago buscando el oasis, tan breve, del campillejo de los Jardinillos.
Alarmado por la fealdad del edificio de Correos, pensando en cómo podía ser el convento de San Agustín, penetro en las entrañas de la judería. Y camino por sus adoquines hasta desembocar en el lateral del convento de Santa Clara. Aquí,se encuentra el centro de día Santa Clara de Cáritas.
Y en la puerta, como un poeta, me espera Samuel que, quizá, está pensando en su Real Jaén. Pues queridos, el fútbol, cuando se juega bien, también es poesía:la selección de España es un claro poema de ello.
Son las tres de la tarde y ya estoy con los míos: con el poeta, con su directora Maricarmen, con el otro poeta, que se llama Luis y que le escribe al amor con una hermosura inigualable, con Paco que se desvive por sus compañeros y amigos que con su calmada lucha nos dan los mejores ejemplos de supervivencia.
Los caminos de Jesús, en el centro de día de Santa Clara, son transparentes. Son senderos en los que nunca uno se pierde y los voluntarios los hacen muy transitables
Gracias por este hermoso verano.
Un abrazo fuerte.
Foto: Un rincón del centro de día Santa Clara de Cáritas.



