Skip to main content

Por JAVIER LÓPEZ /

Pedro Sánchez ya sabe de qué manera pasará a la historia: como el mejor presidente que Marruecos ha tenido nunca. Entre sus gestas sobresalen la validación de la tutela de Rabat sobre el Sáhara y la preferencia del Ramadán respecto a la Navidad. A lo que hay que añadir que su delgadez súbita acredita que ha renunciado a comer carne de cerdo. Con todo, el mayor de los méritos para alcanzar tal rango es que propicia hoy la invasión de Ceuta, ayudado en las bandas por una sentencia inflamable del Supremo que interpreta la Ley de Extranjería con la misma temeridad con que la selección argentina interpreta el reglamento de balones divididos.

La entrada en aluvión de la joven infantería de Rabat en la ciudad autónoma es una versión 2.0 de la Marcha Verde. Los invasores han sustituido la chilaba por el neopreno pero la intención es la misma: hacerse con Ceuta mediante un relato en el que la artimaña oficia de fusil de asalto. La del embuste de que llegan a nado es de las buenas. Cualquiera que haya intentado alcanzar una boya en la Malvarrosa sabe que bracear kilómetros en aguas internacionales para alcanzar la orilla es una tarea casi imposible. Hay dos excepciones: que te llames David Meca o que los cayucos, esos cruceros de proximidad, te dejen a las mismas puertas del espigón.

Por las olimpiadas sabemos que Marruecos no es una potencia mundial en natación y por la historia que es el vecino macarra al que nadie molesta ni para pedirle sal ni para decirle que haga el botellón en Casablanca en lugar de en el vestíbulo del residencial. También es la historia, que es el coronavirus de la geografía, la que nos enseña que el país del té no pierde la oportunidad de aprovechar la debilidad de España para aligerar su censo. La aprovechó Hassan II cuando agonizaba el invicto y la aprovecha su hijo en las horas bajas del esposo de Begoña. Si de algo es consciente Mohamed VI es de que Pedro Sánchez no es más que un Franco que hace pesas.

Dejar un comentario