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El tiempo invernal del que venimos disfrutando en España -tras un prolongado periodo de sequía- y que mantiene en un silencio sepulcral a los calentólogos planetarios hizo necesaria la intervención de la Unidad Militar de Emergencias en la AP-6 a consecuencia del caos que se produjo y en el que -en mi opinión- se mezclaron a partes iguales imprudencia de conductores e incompetencias administrativas que, como digo, hicieron necesaria la presencia de la UME cuando las circunstancias tomaron un cariz serio y amenazante.

Con su indiscutible carácter militar -médula de la eficacia, éxito y prestigio de la Unidad- y su increíble preparación técnica bastaron unas pocas horas para solventar una situación de la que, de no ser por ellos, a estas horas podríamos estar hablando de consecuencias trágicas. La intervención de estos soldados cuya aptitud, preparación, abnegación y espíritu de servicio están fuera de toda duda, no viene sino a demostrar que tras casi trece años de existencia han sabido -con su proceder- derribar falsos mitos, burdas creencias e injustificados recelos en referencia a su labor y a su compromiso con las Fuerzas Armadas a las que día a día prestigian con su intachable conducta e incomparable pasión hacia ellas.

Hablar de la UME es descubrir una férrea voluntad de servicio a la sociedad española poniendo de manifiesto el buen hacer de la milicia, constituyendo hoy en día un pilar fundamental en la Seguridad Nacional y el aporte militar al Sistema Nacional de Protección Civil con un futuro muy esperanzador por llegar, siempre en continua evolución para no verse superados por las adversidades y asegurar la tranquilidad de la sociedad a la que sirve puesto que en ella -y a través del trabajo de la UME- se pone de manifiesto nítidamente el compromiso de las Fuerzas Armadas con el ciudadano.

Decir UME es asumir un decálogo, un credo, en el que sobresalen el ideal de servicio como norte del propio existir: siempre, sin tregua, veinticuatro horas al día todos los días del año; la  perseverancia ante la adversidad;  disciplina, que hace a todos un cuerpo único y sin fisuras; compañerismo que se eleva a fraternidad; humildad ante la tarea que se realiza; valor acrisolado del soldado español;  preparación de cuerpo y mente en la que lo más inalcanzable se realiza con una absoluta naturalidad; abnegación; amor indiscutible a la vida que les da razón de ser  y espíritu de equipo para formar un todo cohesionado que sea capaz de suplir las carencias del individuo aislado.

Mencionar a la UME es hablar desde el conocimiento propio de unos excelentes soldados, magníficos mandos y mejores personas con las que resulta muy fácil trabar una amistad sólida, una camaradería nacida del corazón y un compañerismo que anhela la colaboración y la relación continua con estos hombres y mujeres que nos enseñan a diario – en esta España que nos ha tocado vivir- que necesitamos más  que nunca de referencias válidas como las que ellos nos aportan, perdidas desgraciadamente en una sociedad vacua y emponzoñada  en la que se han diluido y que se está asfixiando porque le falta un aire limpio que traiga valores fundamentales como lealtad, hermandad, espíritu de entrega y sacrificio, valentía, amor a España: ¡espíritu UME!

La Unidad Militar de Emergencias es la primera unidad militar de intervención en emergencias específicamente creada para tal fin y cuyo modelo ha interesado ya a más de cincuenta países que han visto en su funcionalidad un elemento no solamente operativo dentro de sus propias capacidades sino un elemento capaz de crear una notable simbiosis entre el estamento militar y la sociedad civil. Lo que se ha venido en llamar la marca España tiene en la Unidad Militar de Emergencias a uno de sus más destacados embajadores que en nuestro suelo y allende nuestras fronteras han ido a dar lo mejor de sí mismos y la nota de calma y sosiego que se necesita en la tragedia mostrando así las centenarias virtudes simbolizadas por unos colores rojo y gualda que saben respetarse y valorarse fuera de España mucho más, por desgracia, que en algunas de las regiones que integran nuestra Patria.

Son más de cincuenta países los que quiere copiar el modelo UME en sus respectivos ejércitos porque han visto en ella un paradigma sin parangón de la acción de sus Estados hacia la sociedad a la que sirven, impresionados por su formación militar y técnica, su  especialización multidisciplinar y una espectacular y continuada progresión profesional; pero ante todo, como decía más arriba, un indiscutible carácter castrense que es entrega sin límites; servicio sin contar horas, días ni noches sino solamente contemplando el límpido horizonte de la misión a cumplir.

No es cuestión de alargarse indebidamente mostrando todas y cada una de las múltiples y variadas capacidades de la UME pues están descritas en sus memoranda de forma exhaustiva y precisa ni reiterar lo ya dicho sobre el poso de sus integrantes y el cariño a España y sus gentes que permean por todos y cada uno de los poros de su cuerpo… Definir a la Unidad y a su espíritu es hacer nuestras las palabras de su Jefe, el General Alcañiz: la UME es la tranquilidad de solucionar problemas. Es el buen hacer de la milicia que genera confianza en la sociedad a la que sirve. Es la cara de suspiro y de alivio con que te reciben cuando entras en un pueblo a solucionar una emergencia, y te dicen <<menos mal, ya llegan los militares>>. Eso es la UME.

                                                                      

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