Skip to main content

He tenido estos días una interesante conversación con una historiadora, que, a la luz de documentos que figuran en los archivos, por tanto pueden ser consultados y conocidos, queda claro que el conformismo de Jaén no es de ayer ni del año pasado, es una pesada remora histórica de varios siglos. Digo esto a cuento de las reivindicaciones que se vienen haciendo y del nacimiento de algunos colectivos, en torno a la manera con la que hay que reivindicar para mantener un equilibrio y no falte en ningún momento un elemento importante que es la credibilidad social, si ésta se pierde cualquier iniciativa estará llamada al fracaso. De ahí la importancia de encontrar un liderazgo cuya legitimidad sea reconocida por todos, por las administraciones y por la ciudadanía. Y es importante asimismo no dar palos de ciego, las acciones que se realicen deben ser serias y contundentes, y que no ocurra como siutuaciones que se dieron la semana pasada, que se llame la atención sobre un tema de especial trascendencia para la capital, como es el ferrocarril y, en un momento de euforia y donde parece que todo el mundo quiere coger el mismo paso, la convocatoria, por lo que quiera que sea, resulta decepcionante.  

Mi opinion es que parece que va siendo hora de poner en orden las ideas y acostumbrarse a hablar en Jaén con otro lenguaje, mucho más exigente, menos complaciente, donde se denote la mentalidad nueva y responsable de un cuerpo social militante de su tierra, que es una de las primeras exigencias, porque no todo se puede esperar de los demás, ni siquiera de quienes democráticamente nos representan como parece ser la creencia más extendida, sino que el futuro hemos de escribirlo entre todas y todos, cada cual desde su posición y responsabilidad.

En este sentido y como un ejemplo entre muchos que se podrían utilizar de la historia más o menos reciente, hay un testimonio que data de 1878, cuando se celebraba un acto en la capital en el que el ministro de Fomento, que por esa época era Queipo de Llano, respondió de forma contundente a un valiente y reivindicativo discurso del director entonces de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, exigiendo, y algo ha llovido, buenas comunicaciones férreas, que aún hoy nos siguen faltando y que constituyen, dicho sea de paso, un estandarte del fracaso de la política y de la sociedad, de los dos, a lo largo de los tiempos.

Pero bueno, decía Queipo de Llano: “La locomotora no la proporcionan los gobiernos ni las influencias de nadie; la locomotora busca riquezas y elementos y allí donde los encuentra marcha, allí se presenta. Si algún día humea el vapor en esta vieja capital, no agradecerlo al Gobierno ni a nadie, sino a vosotros mismos, que habréis demostrado que os sobraban elementos para dar vida a vuestro anhelado ferrocarril”. Es una respuesta demasiado frecuente, pero bien sabemos  que la espera complacida, le ha jugado a Jaén muy malas pasadas, eso y el caciquismo cuando no la falta de compromiso de tantos y tan destacados políticos como ha dado este pueblo nuestro.

También tengo siempre a mano, a propósito de la resignación, para que no caigamos en  errores de siglos, el elocuente texto de la carta que hace un siglo más o menos escribiera el entonces prohombre de esta tierra don José del Prado y Palacio al eminente periodista y director de Don Lope de Sosa, don Alfredo Cazabán Laguna.

Le decía así el político al periodista: “Jaén, por ahora, no puede aspirar a ser entre sus hermanas andaluzas una ciudad de primer orden en los aspectos de la vida material; sería una locura soñar con algo que pudiera ser emulación de vida comercial e industrial de Sevilla, de Málaga, de Granada y de Córdoba: pero lo que yo firmemente creo y me propongo, es aspirar a ser la ciudad más culta, más progresiva de Andalucía, y si logramos serlo, Jaén, con su atrayente modestia, con sus calles empinadas, tortuosas y estrechas; Jaén asomado a las vegas del Guadalbullón y del Guadalquivir desde las pendientes rocosas de su viejo Castillo, entre murallones medio destruidos y huertos medio abandonados; Jaén el histórico, Jaén el del Santo Reino, Jaén el de las bellas leyendas, Jaén el de las Navas y Bailén, no tendrá los bríos de las aureolas de otras ciudades andaluzas, ni el encanto de sus luces deslumbradoras, ni será rosa de púrpura sevillana, ni blancura de azahar malagueño, ni frondosidad de granadino arrayán, pero podrá ser y será, albor de amanecer del alma andaluza a una nueva y más fecunda vida, perfume de violetas del sentimiento andaluz fundido en un nuevo y más progresivo espíritu”. Termina la cita. Muy bella y sentimental. Y un retrato al vivo. Y eso que Prado y Palacio no fue lo peor de la historia de Jaén, se le reconocen algunas actuaciones que ayudarían a un nuevo diseño de la ciudad, aunque es un personaje digno de estudio.

Pero el anterior es un testimonio de cientos que hay a lo largo de la historia sobre las renuncias de Jaén. Así ha sido y es nuestra tierra de resignada y parece llegada la hora de emprender una batalla pero, ahora sí, con el propósito colectivo de ganarla y esperar que otras generaciones futuras nos traten a nosotros y a nuestro atávico talante con una cierta misericordia e indulgencia.

Foto Cadena SER: Una de las últimas manifestaciones, la celebrada en apoyo al Real Jaén, con unas 2.000 personas.

 

 

Dejar un comentario