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Por ANTONIO GARRIDO / No tengo aún los 85 años con que cuenta en su trayectoria Diario Jaén, aunque espero poder llegar a cumplirlos y seguir siendo testigo de su evolución como diario de referencia en la provincia. Me ha impresionado, favorablemente por supuesto, la programación que se está viviendo, y de qué manera, del 85 aniversario del periódico provincial, porque es una etapa larga y no siempre es posible llegar a ella. Más aún quedo sorprendido por la capacidad organizativa del equipo directivo por programar tantas actividades y ser capaces de llevarlas hasta el último rincón de nuestra geografía provincial, que es el mejor síntoma de su vocación de estar en todos sitios, de vertebrar, pero no con palabras, con hechos, como por otra parte lo demuestra de manera palpable en sus páginas de cada día, de manera que uno a veces no sabe si el centro de gravedad se encuentra en la capital o lo desplaza por esa voluntad de incardinarse, en cualquiera de las cabeceras de comarca, e incluso en los lugares más lejanos y a veces olvidados por el Jaén oficial, como nuestros preciosos entornos serranos, pues aunque cuesta llegar a ellos, son parte de nuestra esencia y de nuestra identidad. 

Hecho este inciso he de señalar que me he sentido profundamente agradecido al poder asistir a un encuentro sin precedentes, en la sede del diario, donde nos hemos reunido un nutrido grupo, jienenses de la capital y de la provincia, casi todos conocidos, respondiendo a una convocatoria muy sugerente: COMPARTIR, y, cierto, ha sido el hilo conductor de un acto profundamente emotivo, en el que nos hemos visto las caras una variedad de personas con el denominador común de haber estado en activo durante algunos o muchos de los años de la vida del periódico provincial, para celebrar con él su efemérides. El periódico nos regaló una sucesión de imágenes profundamente emotivas de las décadas pasadas, partiendo de un acontecimiento histórico ocurrido en 1971 que hizo a la provincia y a la localidad de Bélmez de la Moraleda, centro de un hecho estudiado desde entonces por la ciencia y por los más reputados parapsicólogos, me refiero al fenómeno paranormal de las Caras de Bélmez. Las caras, estas, y las de las personas invitadas y las de quienes no pudieron estar por otros compromisos, o sencillamente porque ya no se encuentran entre nosotros, fue uno de los grandes motivos que nos dio la noche para sentir nostalgia de otros tiempos, que sí, fueron diferentes, pero no es menos verdad que, analizados ahora desde la distancia, resultaron ser distintos, mejores, sí, mejores, donde todos nos respetábamos más, donde las diferencias se quedaban a las puertas de las instituciones y de los lugares donde cada cual desempeñaba su tarea, donde reinaba la cordialidad y el aprecio personal, donde ni por asomo podía pensarse que iba a aparecer con el tiempo esta polarización que nos distancia a todos, pero en especial a la clase política los ha hecho enemigos más que adversarios.

Por estas y otras razones estoy muy agradecido a Diario Jaén por la invitación a este acto sin parangón, de los que deberían repetirse con más frecuencia por quien tenga la iniciativa de hacerlo, para demostrar y demostrarnos que muchos y muchas nos sentimos personas antes que periodistas, que políticos, que jueces, o lo que quiera que sea, y que tenemos la obligación y la responsabilidad de sembrar entendimiento y cordialidad y enterrar cuanto antes esta alocada perversión que nos divide, nos enfrenta y va minando la convivencia, que es uno de los pilares no ya solo de la democracia, sino de la vida en sociedad.

PERIÓDICO Y FÁBRICA DE SUEÑOS

Fue una noche perfecta, en la que no sobró de nada. Excelente la maestra de ceremonias, Manuela Rosa, a la que tanto admiro por su profesionalidad, periodista de raza, como yo me he sentido siempre, ella mucho mejor, más joven y más preparada, y por ser un lujo de olfato y de conocimiento de la realidad política y social. Por supuesto, su director, Juan Espejo, el capitán del barco, que sigue sumando trienios y ejerce como si fuera el primer día, que ha sido y es la cabeza pensante, que no descansa pariendo ideas para unir al diario con la sociedad, a través de las iniciativas que lo traducen, y no hay más que seguir las páginas del diario para hacerse la pregunta de cómo desde un periódico provincial se puede tener una fábrica de ideas para no cejar en el empeño de estar cada día en todos los escenarios donde se han impuesto no faltar. Juan Espejo mostró, fue una de las sorpresas de la velada, una colección de fotografías en las que estábamos concernidos la mayoría de los presentes. Éramos tan jóvenes… En una de ellas aparezco con mi querido amigo Lorenzo Molina, y tiene un gran valor para mí. Presente asimismo otra alma del equipo, Ana María Gómez, muy pendiente de todo. Por supuesto, totalmente de acuerdo con las palabras del presidente del Consejo de Administración, Eleuterio Muñoz, un empresario que desde el primer día se enamoró, puro flechazo, y ha construido una historia de amor en la que se le nota feliz y contento de sentirse plenamente concernido con el proyecto, un diario de Jaén para Jaén.  

El encanto de la noche estaba en ver aparecer a los invitados, y acudieron muchos de ellos, los que pudieron. No los voy a nombrar a todos porque ya lo ha hecho el Diario Jaén en sus páginas especiales de este domingo, personas que estuvieron en primera fila antes y que lo están ahora, en buena armonía, me refiero sobre todo a políticos o expolíticos, periodistas y profesionales del Derecho. Bastantes de ellos, amigos para siempre. Desde Angustias Rodríguez a Gabino Puche, pasando por Miguel Sánchez de Alcázar a Manolo López, Cristina Nestares a Felipe López, José Calabrús a Manuel Fernández Palomino, de Miguel Contreras a Marcos Gutiérrez, María Dolores Núñez a Manuel Salazar, Encarnación Anguita, la primera alcaldesa de la historia en la provincia (Frailes) y otros alcaldes o ex del territorio, como Luis Mariano Camacho, Miguel Lorente, Lope Morales, José Castro, Juan Bautista Lillo (que además fue subdelegado), sin olvidar a la teniente de alcalde de Bélmez de la Moraleda, el pueblo de las “caras”, Victoria López. Y destacados y destacadas de nuestra tierra como Antonio Martín Mesa, Cati Madueño, Antonio Losa, Pepa Martos, José María Álvarez, Isabel Azañón, Agustín Quílez, Nati Ruiz Rico, mis amigos Pepe Olivares y Diego Moya, además de José Montané, Socorro Mármol, Cris Aparicio, Ignacio Ruiz Merino, Gabriel Ureña, Carmen Sáez Barnal, José Antonio Muñoz Urbano, Francisco Javier Marín, Antonio Carrascosa, Carmen Rueda, Victoria Garvín, y, claro está, mis muy estimados colegas Antonio Arroyo, Manuel Contreras, Fátima Jerez, Rafael Abolafia, Miguel Ortega y Ángel González Maldonado, al que le tocó dar las gracias por los pisapapeles que fue el obsequio a todos los que pasamos por el escenario. Ya digo, una noche, mejor dicho, una gran noche, de emociones, de abrazos y de nostalgias. Confieso que he vivido. En cuanto a los que se lo perdieron, peor para ellos.

CON MI INSEPARABLE RAFAEL ALCALÁ

Mi relación con el Diario Jaén no es de ahora. En mis inicios, antes de que otra empresa, a la que dediqué los mejores años de mi vida hiciera una opa hostil, y fui muy feliz, no voy a ser tan desagradecido que no tenga el valor de reconocerlo, era yo muy joven cuando recibí la invitación del entonces director de Diario Jaén, mi gran amigo después, José Chamorro Lozano, que me llamó a colaborar en el entonces periódico de la Prensa del Movimiento. Lo único que pude publicar fue un trabajo sobre el municipio de Sabiote, que por cierto me encanta. Después, durante todo mi ejercicio profesional, en la competencia, jamás me sentí un adversario, siempre tuve la sensación de que cada cual en su lugar y en su responsabilidad, estaba asumiendo una labor, por eso mi relación con Pedro Morales, con Manuel Ruiz de Adana, con Carlos Briones, Felipe Pedregosa, con Luis Martínez, con Francis Romacho, perdón si me olvido de alguno, pero no hay nadie a quien no recuerde con afecto, y por supuesto con el entrañable José Luis Moreno Codina y después con Juan Espejo, siempre ha sido excelente, de compañeros bien avenidos y también de amigos. Precisamente al hilo de la reunión que nos ha convocado en el Diario, bajo el pretexto de las “caras”, buscando la excusa en las famosas Caras de Bélmez, no puedo ni debo olvidar los años que tuve una espléndida relación profesional y personal con un periodista a carta cabal y de curso legal, como él solía denominar a las personas a las que profesaba afecto, me refiero al también acreditado crítico taurino, el malagueño Rafael Alcalá de las Peñas, porque íbamos en pareja, como la guardia civil, a cubrir los hechos noticiables de cada jornada, hacíamos la calle, durante muchos años me pateaba la ciudad de norte a sur y de este a oeste para seguir su pulso, y sobre todo en los centros oficiales, Gobierno Civil, Diputación, Tráfico, Ayuntamiento, etc., Alcalá y yo éramos inseparables. Como pareja profesional nos conocían bien en lugares típicos como La Barra y El Gorrión (por cierto, me da mucha pena que esté anunciada su venta, pero es ley de vida), porque en el primer establecimiento tomábamos el primer café del día atendidos por el inolvidable Carlos de Pablo Maroto, y en el segundo nos tomábamos un vino hacia el mediodía, en conversación con los recordados hermanos Paco y Pepe Montes.

Precisamente, gracias a Rafael Alcalá yo estaba plenamente informado del fenómeno de “Las caras de Bélmez”, porque él lo siguió a diario en las páginas del periódico. Yo mismo me desplacé en numerosas ocasiones a Bélmez, conocí muy bien a María, y por cierto acompañaba a mi querido amigo José Martínez Romero, uno de los grandes conocedores y divulgadores de este acontecimiento, autor de un concluyente libro sobre el enismático caso. En Diario Jaén, en aquella época de los setenta, yo contaba con excelentes amigos como Tomás Moreno Bravo (que continuamente me regalaba libros o me enviaba postales con preciosos textos), el inolvidable Vicente Oya, Antonio Ramírez, José Manuel Fernández, Antonio López Quero, Pepe Vica, Pepe Gutiérrez, José Sánchez del Moral... Qué tiempos, me daría para escribir un libro de tantas y tan gratas vivencias. A título de ejemplo, yo cubría como redactor un pleno del Ayuntamiento la noche que se nombró a Vicente Oya cronista oficial de la ciudad, donde hubo que decidir entre dos grandes, él mismo y Manuel López Pérez, de muy agradable recuerdo. Inmediatamente llamé a la Redacción de Diario Jaén para comunicar la buena noticia y creo que hubo celebración. En cuanto a Juan Espejo, es de bien nacidos ser agradecidos, no puedo ni debo olvidar mientras viva que en algunos momentos cruciales de mi trayectoria profesional me abrió las puertas del rotativo;  por supuesto recuerdo a Esteban Ramírez, con el que me sentía unido afectivamente desde que le conocí al frente de su labor en Cáritas, en fin, no quiero dar nombres por temor a dejarme fuera a alguno, pero Diario Jaén ha sido una escuela de periodismo, y por él han pasado docenas de grandísimos periodistas, hasta la Redacción de hoy con mucha juventud y solvencia capitaneados por Manuela Rosa.

Diré más, en la década de los 80 me pude incorporar, esto lo sabe poca gente, a un puesto directivo en el periódico, agradecí la deferencia de los entonces dueños de Diario Jaén, pero era feliz en el trabajo que desarrollaba entonces y en etapas siguientes, pero mantengo en lo alto el sentido de gratitud, porque en los momentos de dificultad es cuando se valoran los gestos cercanos de las personas. Además, ya últimamente, terminada oficialmente mi vida laboral, Diario Jaén me ha vuelto a acoger en sus páginas de manera generosa, motivo por el cual me siento agradecido y privilegiado, porque creo que puedo ser de las pocas personas que me he relacionado con los medios escritos de la ciudad y sigo manteniendo con todos las mejores relaciones.

ENTRAÑABLE E INÉDITA REUNIÓN

Si todo lo anterior refleja la cercanía profesional con el periódico que celebra sus 85 espléndidos años de vida, como periodista me siento especialmente concernido, entre otras cosas porque me familiaricé con el diario a muy temprana edad, colaboré siendo aún muy joven, y he vivido durante más de medio siglo, llegué a Jaén en mayo de 1973, el latir de la ciudad de Jaén y de toda la provincia, y el resto de los acontecimientos grandes y pequeños de nuestra geografía han llegado a mi conocimiento por el trabajo profesional. Por tanto ha sido un placer encontrarme en esta entrañable e inédita reunión de amigos con tantas señas de identidad relacionadas con el antiguo trabajo de periodista, con medios que durante años he utilizado, al tiempo que he tenido la suerte de asistir a la revolución tecnológica que se ha ido operando con el tiempo, donde las redacciones no se parecen en nada a los viejos periódicos de los años sesenta o setenta, no hablemos de etapas anteriores.

Especialmente y como profesional me siento orgulloso de que existan los periódicos y sean la memoria de los pueblos, de manera que en las portadas que ahora se recuerdan y en los numerosos testimonios que se recogen en tanto tiempo transcurrido, se encuentra intacto el devenir de Jaén, en este caso la historia contada por el periódico de cabecera, porque la historia de Jaén, todo lo que ha sido noticia, está en las páginas del rotativo que ha pasado por diferentes etapas, desde el Movimiento inicial hasta el día de hoy, un medio de comunicación abierto y plural, que no solo informa sino que fabrica sueños para esta tierra, está comprometido con su defensa, y que hace muy bien su papel de instrumento vertebrador informativa, social y culturalmente.  Lo que no ha cambiado es su vocación de utilidad para la provincia, ha variado el proceso de confección e incluso la forma de presentar las noticias, pero en lo esencial, pienso que se ha mantenido lo más importante, ofrecer cada día la crónica de lo que pasa aderezado siempre, con un amplio espacio para la opinión, que denota el inequívoco afán de dar voz a la gente, que creo que ha sido uno de los grandes valores que han hecho verdaderamente grande al periódico de los jienenses.

LA VIDA DE JAÉN CONTADA POR UN NOTARIO SOLVENTE

La de cosas que han ocurrido en la provincia en estos 85 años. El Jaén de una posguerra dura y difícil; el Jaén que quitaba el sueño a Franco y que después, con el paso de los años, ha observado el permanente insomnio de tantos políticos que se han olvidado de su tierra;  el Jaén que no fue capaz ni de terminar el Baeza-Utiel, que era el ferrocarril de la esperanza; el Plan Jaén que quiso y no pudo, y fue otra otra ocasión perdida; el Jaén del olivar como cultivo problema, como aparecía hace varias décadas; el de las pésimas comunicaciones; la geografía de las leyendas del Jaén profundo, del que tanto se ha escrito y no siempre para bien; el paso de caravanas; el Jaén que se quedó atrás en los grandes fastos del 92: las manifestaciones reivindicativas en las que se hizo oír la voz de los jienenses por las causas más justas; los cheques en blanco prometidos y nunca cobrados; un ‘Caso Uteco’ que marcó un antes y un después en el cooperativismo; el latir diario de los pueblos, que se han superado ante la dificultad; el desencanto producido por el maltrato recibido antes con el centralismo madrileño y ahora con otro tanto pero sevillano; los proyectos frustrados como ha habido en estos años en los que el periódico ha sido notario de cada día; el mal endémico del paro que por sí solo ha frenado las expectativas de esperanza…y frente a eso, por supuesto que sí, el gran logro de nuestra Universidad (lo mejor para Jaén desde los Reyes Católicos hasta nuestros días, sin duda de ninguna clase), todo el patrimonio que hemos heredado de los siglos, la llegada de la democracia que le sentó muy bien a la provincia, a pesar de que partíamos de rémoras históricas; los primeros alcaldes ilusionados, y en la mayoría de los casos pletóricos de juventud, y los ayuntamientos deseosos de cambiar la vida de la gente, con más generosidad de lo que normalmente se hace ahora; el haz de sentimientos y tradiciones con tanto arraigo; una provincia donde se avanza en el peso cultural a un ritmo esperanzador… en definitiva el periódico, en su trayectoria, ha vivido y sentido desde sus páginas, en muchas ocasiones desde sus portadas, el cambio experimentado por la provincia, sus luces y sus sombras, los éxitos y los fracasos, la vida misma con todo su realismo, en definitiva estos 85 años de la vida de Jaén son la suma de sus logros y de sus frustraciones. El periódico lo pone todo en el escaparate, en unos casos para sentir el legítimo orgullo, y en otros, para que no se repitan hechos que le hicieron daño a nuestros intereses. Pero todo es historia, no me cabe la menor duda de que es así, y sobre la historia no se puede hacer más que aceptarla y asumirla.

Por último como jienense, de vocación provincial, por algo soy de pueblo, no puedo por menos que felicitar a Diario Jaén que es de toda la sociedad, porque en su magnífico archivo, se conserva la evolución del mundo y de la realidad española de cada momento, pero en especial y de manera sensible los acontecimientos cotidianos de Jaén en una etapa tan dilatada de la historia, 85 años, con personajes conocidos y anónimos, con asuntos que nos conciernen, con muchos rostros que se fueron, esto es lo que más me ha apenado de esta noche de recuerdos y de nostalgias, y con tantos asuntos que nos conciernen. Esta celebración de ahora, si debe servir de algo, que ha de ser así, es para que nos reconozcamos a nosotros mismos en nuestros logros y en las frustraciones, y para que desde esta experiencia, con el peso de este octogenario servidor público como compañero de viaje, como cómplice imprescindible, esta sociedad nuestra se haga el firme propósito de superar los próximos 85 años y el cambio de siglo, todas las expectativas para hacernos lo grandes que nos merecemos. Y que el periódico pueda hacerse eco de noticias esperadas y deseadas, como el fortalecimiento del sector que da riqueza a Jaén, el olivar y el aceite de oliva, que nunca como ahora han ido en esa dirección; que nuestra Catedral sea al fin Patrimonio de la Humanidad y disfrutemos de ello; que Jaén deje de ser una provincia cenicienta y tome bríos hasta situarse en el lugar que por sus méritos (“tan rica la pobre”, que escribiera mi amigo Manuel Anguita) le corresponden; que la Universidad encuentre su sitio y sea, porque le dejen desde el poder político, el instrumento de cambio mental y material que tanto nos urge, y, sobre todo que haga todos los esfuerzos posibles para que el talento de Jaén no emigre; en fin, hay muchos mimbres y no es cuestión de nombrarlos todos, pero es posible hacer un buen cesto, es viable pulir con decisión este diamante en bruto que es nuestra provincia de Jaén.

MEDALLA DE ORO DE JAÉN

En fin la conmemoración de los 85 años es una oportunidad que ni pintada para hacer un homenaje a nuestra propia historia, para sumarnos a la felicitación al periódico que la promueve y, sobre todo, para hacernos meditar, que pienso que también es útil, sobre una realidad, lo que fuimos, lo que somos, y tal vez lo que podemos llegar a ser. Enhorabuena a Diario Jaén, digno merecedor, y me sumo muy complacido a la petición que ya fue cursada y recibida calurosamente por el Ayuntamiento, para que pronto reciba los máximos honores que concede esta ciudad, su Medalla de Oro, que se ha ganado sobradamente como el primero de los jienenses, porque, sí, es un soporte físico, pero sobre todo, como ocurre con los grandes símbolos que sirven para tejer alianzas por un Jaén más próspero, es un sentimiento, una herramienta necesaria, imprescindible, lo son todos y cada uno de los medios de comunicación, pero su apuesta profesional y su grado de veteranía le conceden un lugar de privilegio en Jaén y en la historia de la prensa escrita. Larga vida y enhorabuena desde el corazón de un periodista con la suerte de haberlo vivido y de poder contarlo.

Fotos: DIARIO JAÉN y ARCHIVO DIARIO JAÉN.

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