Por ANTONIO GARRIDO / Cada día tiene su afán. Del de hoy me quedo con una noticia que no debe agradarnos lo más mínimo a los que reconocemos el valor de la cultura y la educación como instrumentos para el desarrollo de los pueblos. Los datos del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes, conocido por Informe PISA, que evalúa la capacidad de los estudiantes de 15 años para aplicar sus conocimientos y habilidades a situaciones de la vida real, pone colorada a España porque queda muy descolgada, señal inequívoca de que los planes educativos no son todo lo buenos que serían deseables. En las últimas décadas se han ido sucediendo plan tras plan, pero con la sensación bastante extendida de que el sistema educativo se ha ido degradando en aspectos tan elementales como el escasísimo índice de lectura entre los estudiantes, lo que implica no solo escasa comprensión lectora sino impedir una sólida base cultural. España queda rezagada y dentro de España no es precisamente Andalucía la que se sitúa en un lugar de privilegio, sus posiciones quedan por debajo de la media nacional.
Como los políticos casi siempre se zafan de sus responsabilidades, he escuchado a la consejera de Educación dar una serie de explicaciones en las que no le he entendido nada, salvo repartir responsabilidades en otros ámbitos. Es un aviso a navegantes. O vamos hacia un sistema educativo que se ponga las pilas y nos haga avanzar, pues por fortuna contamos con un capital humano de docentes muy bien formados capaz de hacerlo posible, o nuestra imagen de país se va a deteriorar, porque estos medidores no son nuevos, la caída en picado ya viene de años atrás, lo cual quiere decir que no se trata de una crisis coyuntural sino estructural, y que lo que no podemos hacer como país es negar la evidencia y esperar al siguiente listado.
Otro asunto que también me llama la atención son las imágenes de políticos elegidos en su día como parlamentarios andaluces y que además de serlo, en algunos casos, tienen billete de AVE para su incorporación al Senado. Nuestro Parlamento es tan generoso, y no somos una excepción, que contempla la potestad de que las fuerzas políticas, en orden a su representatividad, designen señorías por la Comunidad Autónoma. A través de los años han ido pasando una larga lista, pero es curioso que tengan la vía expedita los que han sido figuras de los grupos mayoritarios, y en algunos casos hacen doblete, como María Jesús Montero, que no tiene bastante con liderar su partido en Andalucía y dar la cara en el Parlamento Andaluz, que necesita estar en Madrid, para no desligarse de la política nacioinal, ella que tanto presume de ser un ejemplo del poder político. El propio PSOE catapulta a Susana Díaz y a Juan Espadas. El PP tiene su cuota parte, el incombustible Javier Arenas, entre ellos. Y VOX incorpora a Álvaro Zancajo, periodista y hombre de confianza de Abascal, que también estará bien pertrechado. Esa es la Cámara Alta, donde además de gente que trabaja y cumple con la misión encomendada, hay un grupo exclusivo destinado al retiro dorado, lo que también es conocido en el argot popular como “cementerio de elefantes”. Nos sale muy cara la política.
Menuda la que se ha liado con la subida de la presión tributaria en la capital jienense. Ayer ya lo adelantamos, pero hoy las redes sociales echan humo con sus críticas al Ayuntamiento, en algunos casos severísimas, primero por los incrementos excesivos y segundo por el momento escogido para sorprender a las familias, al final del verano, en el inicio del curso escolar y en vísperas de la feria de San Lucas. Puede que sea casual, pero ni proponiéndoselo lo hubieran hecho peor. El caso es que, como suele ocurrir con la práctica totalidad de los asuntos, cuando se trata de aspectos positivos todos se apuntan a dar la cara, barrer para casa y salir en las fotos, por cierto qué hartura de fotos, en algunos casos se debería llamar la atención a los políticos y políticas, porque no tienen ningún pudor, ponen el careto aunque no venga a cuento. Pero continuando con el hilo, el primero en denunciar fue el PP, actualmente en la oposición municipal, pero antes en el gobierno, que advierte del “brutal impacto” para los jienenses del “tasazo”. El lugar más cómodo donde criticar es la oposición, porque en ese espacio parece que se olvidan, una amnesia controlada, todas las responsabilidades habidas en su caso.
Por su parte el PSOE, por medio del concejal del área Económica, Francisco Lechuga, ha dado hoy algunas explicaciones, y el argumento de mayor peso lo ha colocado en que el impuesto de residuos deriva de una normativa europea y el dinero recaudado es para la Junta de Andalucía, con lo que ha pretendido desarmar al PP, pero la Junta tampoco es de su propiedad, es solo una administración hoy regida por PP y VOX. Eso sí, el concejal deja constancia de que el importe de los impuestos se puede fraccionar hasta en diez meses, y parece que nos piden el aplauso, pero ni con esas les llega a determinadas economías, para muchas de las cuales es un esfuerzo considerable. Lechuga califica de “demagógica” la posición del grupo municipal del PP, pero aquí cabe la pregunta: ¿también son demagogos los jienenses, cuyas protestas se están generalizando en el día de hoy de manera contundente? Podría dar la impresión, y es lo que parece que trata de transmitir, que el Ayuntamiento es una hermanita de la caridad que ha buscado al Servicio de Recaudación de la Diputación para mejorar, y ya lo creo que hay mejora, aquí todos ganan menos los jienenses que, lo diré una vez más, entre unas cosas y otras, nos han condenado a pagar las consecuencias de esa ruina económica de la que ahora nadie habla, dando a entender que de lo que no se habla no existe, un sospechoso silencio como si no estuviéramos avisados y lo más probable es que el objetivo es que ni siquiera nos demos cuenta de que el Ayuntamiento, por la vía de los hechos consumados, nos está transfiriendo a los ciudadanos una responsabilidad, mediante la presión impositiva, casos sangrantes como el IBI, que no nos corresponde en orden a la población que somos y al funcionamiento de los servicios, en algunos casos manifiestamente mejorables, además de caros.
Jaén Merece Más, el otro grupo del gobierno municipal, como el resto, trata de desmarcarse de “la hora de la verdad”, la antipopular medida de pagar, sobre todo cuando la subida no es prudente y los porcentajes son intolerables para una población tan castigada, y califica de “nula empatía” el adelanto en el cobro del IBI por parte de la Diputación. Las administraciones no suelen ser empáticas, pero ninguna, y menos cuando se trata de cobrar. El partido provincialista, que actúa como si no fuera con él y transfiere toda la responsabilidad a diestra y siniestra, aprovecha para solicitar, esto creo que es la primera vez que lo hace público, que se adopten medidas fiscales extraordinarias para la capital, algo que no tiene pinta de que sea posible, pero es un ejercicio de buenismo, que es de lo que se trata. Resumiendo, cabreo monumental de los jienenses, que se acrecienta con la que está cayendo políticamente en todo el país, con el crédito bajo mínimos. No es mi intención echar leña al fuego, pero todos los que han tenido y tienen responsabilidades de gobierno deben asumir su cuota parte de responsabilidad, porque el que más y el que menos debió retratarse en los plenos municipales. Salirse por los Cerros de Úbeda es a los que nos tienen acostumbrados, pero no, que cada palo aguante su vela, el caso es que lo que tienen que aguantar los jienenses, entre unas cosas y otras, es una exageración y con altas probabilidades de que pase factura cuando lleguen las urnas. No niego que les anime buena voluntad, como el valor, se le supone, pero el resultado es frustrante, y tratar de eximirse de responsabilidad es contrario a la honestidad que debe presidir la acción política.
A otra cosa. Les cuento, en relación con los nuevos servicios, en este caso a Madrid, utilizando para el trayecto primero el autobús hasta Almuradiel, después hasta Aranjuez en tren, y por último un cercanías a Madrid, que ayer, lunes, primer día de esta experiencia que nos deja sin tren por un periodo prolongado, y según una informante, el autobús salió de la calle Extremadura en torno a las cinco menos cuarto de la tarde, pero los viajeros no llegaron a Madrid hasta bien pasadas las diez de la noche, por lo que hasta casi las once no terminaron el viaje. Esto es lo que nos espera, y me resisto a creer que no se hayan podido establecer otro tipo de soluciones para esta comunicación, o es que por ser vos quien sois, porque hemos soportado todas las inclemencias con las que nos han castigado, también tenemos que asumir como normal que no merezcamos algo mejor. A los políticos que tratan de convencernos de la bondad de esta medida y de que va a ser para mejorar, les impondría la penitencia de hacer dos o tres veces al mes este mismo viaje en autobús-tren, empezando por el polemista y arrogante ministro, y entonces veríamos qué pronto buscaban alternativas.
Por lo demás, cuando próximamente saludemos el otoño se conocerá el presupuesto de la Junta para 2027, no así el del Gobierno de España, porque contrariamente a lo comprometido, las cuentas ni están ni se le esperan, razón por la cual ya hay quienes empiezan a hablar con criterio de adelanto electoral, aunque con Pedro Sánchez me lo creo lo justo. Lo que quiero trasladar es la pésima imagen que proyectan las administraciones que nos quieren vender sus mercancías, y a la hora de la verdad los datos se encargan de ponerlas en su sitio. Con los datos en la mano de la Asociación de Empresas Constructoras y Concesionarias de Infraestructuras (Seopan), en el primer semestre de este año ha bajado un 22% la inversión de obra pública en Andalucía, pero esto no es lo peor, lo verdaderamente angustioso, cuando las administraciones se pasan la vida repitiendo lo mucho que se preocupan de Jaén, es que seguimos siendo el culo del mundo. Nos llevamos el 2,6% de la inversión pública en Andalucía, pero se entiende mejor si les digo que Sevilla está a la cabeza con el 31% de toda la obra pública y una inversión de 500 millones de euros, frente a Jaén, farolillo rojo, con 48 obras y un montante de alrededor de 42 millones de euros. Esta es la situación real, por eso cuando vengan con la intención de dorarnos la píldora haremos bien en decirles las verdades del barquero.


