Por ANTONIO GARRIDO / El caso es que de vez en cuando, ahora con demasiada frecuencia, me rebela que a Jaén le falte sangre, que no avance como a muchos nos gustaría, que todas las semanas haya que repetir los asuntos porque aquí sencillamente se eternizan. Miren en cualquier medio los titulares de un día, de una semana, de un mes, de un año, de diez años. Hoy puedo comentar la actualidad, pero daría igual que lo haga mañana o pasado, porque variará muy poco, se mantiene intacta, es duradera, no es efímera. Claro que podría dedicarme a diario a cantar las excelencias de Jaén, que también las tiene, pero de esta manera no sería leal con mi ciudad ni con su futuro.
Confieso mi debilidad, que Jaén es mi pecado y mi penitencia, de modo que no queda otra opción que seguir instalado en la resistencia y al mismo tiempo procurar por todos los medios que eso no signifique sufrimiento, aunque pueda parecer contradictorio. Hay muchas personas que tratan de defender que en este momento de la vida de Jaén algo se está moviendo, esta es una manera un tanto optimista de mirar el paisaje, pero seguramente puede ser así, lo que ocurre es que por el bien de la ciudad mejor no soñar demasiado y combatir entre todos esa sensación de pereza tan fuertemente instalada, el conformismo al que aludía no hace mucho en la presentación de su nuevo libro en La Económica, el escritor Emilio Lara, que tan bien quiere a su patria chica y que posee autoridad para expresarse en el sentido de que a nuestro Jaén lo ve como perdido en el tiempo en una sociedad que ha ido sorteando los trenes del progreso aceptando con resignación estar situada en el furgón de cola, lejos de convergencias y de dignidad. Precisamente porque estamos en un momento histórico e irrepetible la verdad es que se aprovecha la oportunidad o las generaciones que vengan detrás criticarán, como hacemos nosotros ahora, la general indolencia.
Y concreto el recorrido de hoy con una situación que me parece preocupante, la denuncia que desde hace tiempo deja caer la Banda Municipal de Música de Jaén con respecto a su futuro. A estas alturas de la película no sorprende que el Ayuntamiento, de quien depende, se enfrenta a una gravísima situación económica y darle solución y estabilidad a la histórica Banda Municipal debe formar parte de la cantidad de asuntos que el equipo de gobierno, principalmente el alcalde y la responsable de Cultura tienen sobre la mesa. Hasta ahí lo entiendo, de lo que no participo es de la declaración que hace unos días le escuché al alcalde, Julio Millán, entrevistado por Radio Jaén, al afirmar que la Banda de Música “no es un servicio esencial”, creo que son sus palabras exactas, y, claro, al no ser un “servicio esencial” cualquiera sabe su suerte. Me llevé las manos a la cabeza, porque no se entiende que la primera autoridad local se pronuncie de manera que considero abrupta en torno a un asunto en el que es seguro que en la sociedad jienense, al menos en gran parte de ella, hay una opinión totalmente contraria.
Entendí que en situación de crisis se establecen prioridades y la Banda Municipal de Música no se encuentra entre ellas, aunque tenga 125 años de antigüedad y esté ligada a la historia musical y sentimental de la ciudad, porque si hay algo de lo que no se puede dudar a día de hoy es del cariño de que goza nuestra prestigiosa agrupación, tanto todos y cada uno de sus músicos como los directores que se han ido sucediendo a lo largo de los tiempos, todos ellos grandes referentes, hasta llegar a la primera mujer en dirigirla, Juany Martínez de la Hoz Casas.
Quiero pensar que el alcalde tuvo un mal día porque esa afirmación no se corresponde con lo que, al menos a mi juicio, está obligado a transmitir un regidor cuando se trata de colectivos fuertemente arraigados en la vida ciudadana, en su esencia. en sus grandes acontecimientos. Hay pueblos pequeños que exaltan y valoran a sus bandas de música, aunque lleven poco tiempo funcionando, cuánto más debería la capital del Santo Reino mimar a la suya por lo que es, por lo que vale, y asimismo para respetar la memoria de insignes músicos que contribuyeron a prestigiarla y nos legaron composiciones inolvidables. Y entrando en el concepto de los «servicios esenciales”, sería bueno conocer cuáles son para el alcalde de la ciudad y su equipo de gobierno tales servicios, qué orden han establecido para que los ciudadanos estemos informados. Si llegara el caso podríamos darles ideas de algunos de esos servicios que hoy se consideran prioritarios para los munícipes, o algunos de ellos, y no lo son para el resto de la población, podríamos confeccionar incluso una relación y seguro que no íbamos a estar de acuerdo.
Conste que hay servicios que en efecto todo el mundo, por sentido común, sabemos que son imprescindibles y no se puede prescindir de ellos, pero hay otros que al menos plantean serias dudas, y desde luego con la Banda Municipal de Música no es el caso. ¿Dónde está la vara de medir? Precisamente hace pocos días apareció en su blog personal un magnífico artículo de Alberto López titulado “La banda que Jaén está dejando morir: 125 años de historia, olvidados y un patrimonio en peligro”, donde analiza históricamente los éxitos y los fracasos que han ido dejando los tiempos en todas las iniciativas musicales, desde la época del Condestable, que de todo ha habido en la viña del Señor, para llegar al hoy, que retrata una situación de abandono y de deterioro que resultan inquietantes, porque es así como empiezan las situaciones irreversibles, poco a poco, y sería una pésima noticia tener que dar algún día la necrológica de tan entrañable patrimonio jienense.
Participo con el autor del referido artículo en su reflexión: “La Banda Municipal de Música de Jaén no es de nadie y es de todos. No pertenece a ningún partido político. No es moneda de cambio para pactos ni excusa para rifirrafes estériles. Pertenece al patrimonio cultural, histórico y sentimental de esta ciudad. Es parte de la memoria colectica de generaciones de jienenses que han crecido escuchando sus acordes en procesiones, ferias, conciertos…” En fin, rogamos al Ayuntamiento que revise sus prioridades, su concepto de “servicios esenciales” y sobre todo que sea muy sensible con la Banda Municipal de Música de Jaén para que siga siendo, como lo es hoy, uno de nuestros legítimos orgullos.


