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Por JAVIER LÓPEZ

Ceuta no necesita un mandado único, un Víctor Ángel Torres faldero del puto amo. Ceuta necesita un himno que fusione Soy el novio de la muerte con Bella Ciao. Un himno de entonación española subtitulado en italiano. Un himno a dos voces: la de Antonio Banderas y Andrea Bocelli. Miguel Ríos canta mejor que Banderas, qué duda cabe, pero parece que el pañuelo palestino le impide solidarizarse con quienes cada mañana descubren a un invasor adicto al cuscús. 

La canción protesta tiene una enorme importancia desde la reunificación de Italia. Garibaldi debe mucho a Va, pensiero, el coro del Nabucco de Verdi convertido en seña de identidad en el novecento. El sentido de pertenencia a una década -los ochenta- a un amor -el segundo- a una patria -la europea- explica el valor de Insurrección, de La chica de ayer y de Bella Ciao, que será la banda sonora de Ceuta a poco que Meloni conceda a la ciudad autónoma asilo político. 

Vivas debería pedirlo cuanto antes. Más le vale a Ceuta, desasistida por Sánchez, convertirse en municipio adscrito a la región de la Toscana que en otra ciudad empobrecida de Marruecos. A lo que hay que añadir el complicado encaje de la libertad en el totalitario régimen magrebí. La de Ceuta no es pues una batalla entre iguales. Lástima que haya aquí quien no entienda que las democracias están perfectamente legitimadas para mirar por encima del hombro a las dictaduras.

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