Por IGNACIO VILLAR MOLINA / Durante décadas el uso del crédito en las familias españolas estuvo vinculado a decisiones estratégicas: comprar una vivienda o adquirir un coche eran los principales motivos para solicitar financiación ajena. Estas operaciones se caracterizaban por estar basadas en una planificación previa, un profundo análisis de las capacidades dinerarias propias, especialmente para confirmar el importe a solicitar y la seguridad de hacer frente a los pagos correspondientes. Más tarde, esa apelación a otras fuentes para conseguir los recursos necesarios se ha generalizado de tal forma que es muy habitual que cualquier compra de un producto pueda ser objeto de financiación concertada facilitada por el propio comercio o proveedor. Y es que los patrones han cambiado de forma progresiva; la digitalización de los servicios financieros y la aparición de nuevas formas de pago han allanado el acceso al crédito de forma inmediata, de tal manera que hoy es posible financiar compras con un solo clic sin apenas requisitos y con procesos automatizados. Este giro no solo ha permitido que esta facilidad se utilice para financiar grandes pagos, sino también para cubrir otros cotidianos, incluso los más menudos, desde compras en supermercados o grandes superficies hasta pagos de ocio o consumo habitual. Y para completar este mosaico, algunas entidades bancarias ofrecen que esos importes pagados con la tarjeta se puedan aplazar sin intereses en cómodos plazos.
Por otro lado, según señala Funcas, el crédito a hogares y empresas es un motor económico complementario esencial; actúa como principal canal de transmisión de la política monetaria, facilita el consumo familiar y la inversión empresarial, influyendo directamente en el empleo. Los hogares tuvieron un proceso de desapalancamiento entre 2015-2025 ya que su deuda cayó desde el 70% del Producto Interior Bruto (PIB), hasta el 43%, aunque esta realidad está también muy influenciada por el incremento del PIB, especialmente en los últimos cuatro años. No obstante, si nos referimos concretamente a los préstamos al consumo su evolución real ha sido muy elevada en los últimos cinco o seis años ya que si nos referimos a las nuevas operaciones en este periodo han pasado de 26.600 en 2020 a 46.639 en 2025, como, asimismo, el saldo vivo pendiente de pago, que ha escalado hasta alcanzar en febrero casi 200.000 millones de euros. La escalada de los préstamos para el consumo se mantiene durante el primer trimestre de este año en el que se han concedido 10.600 millones de euros en nuevas operaciones, lo que supone un alza del 10.7% respecto al mismo período del año anterior.
Esta mayor apelación a la contratación de este tipo de financiación conlleva un coste financiero un tanto elevado si lo comparamos al que se aplica a los préstamos hipotecarios, o al 2%, tipo oficial dictado por el Banco Central Europeo (BCE), así el interés medio de las operaciones realizadas en el primer trimestre de 2026 ha sido del 7.53%, lo que lo convierte en un factor más determinante para los usuarios de este tipo de financiación que les obliga a sopesar con todo rigor las posibilidades reales de hacer frente a los pagos concertados del importe del préstamo. En cualquier caso, a pesar del incremento de los volúmenes y de su sostenida progresión, la morosidad media general que mantienen los bancos se ha reducido en los últimos meses hasta el 2.40%, siendo aún más moderada en los préstamos hipotecarios cuyo digito se sitúa en el 1.85% de la cartera hipotecaria; no obstante el B. de España está insistiendo sobre la propensión acelerada que están teniendo este tipo de financiación y la posible relajación de los criterios que las entidades exigen para su concesión. No cabe duda de que las estrategias comerciales de los bancos, respecto a esta modalidad de apalancamiento, van en aumento sobre todo desde que algunas entidades han comprobado que el margen de intereses de los préstamos hipotecarios había caído a niveles insuficientes para mantener el volumen de beneficios de la actividad crediticia.
El empuje que muestran las nuevas operaciones de préstamos al consumo sigue esa misma tendencia en los hipotecarios aunque de forma más moderada, según muestran los datos del B. de España relativos al primer trimestre de este año, cuya expansión se frenó al 4.87% en comparación con los repuntes del 18,55% del mismo período del año anterior. Este menor vigor puede ser debido a que las preferencias estratégicas de comercialización de las hipotecas ha perdido el máximo interés prioritario para algunas entidades ya que mientras un grupo de bancos, como Bankinter y Sabadell están reduciendo la concesión de nuevas operaciones por considerar que los precios que se están aplicando hasta ahora, incluso en algunos casos por debajo del 2% fijo, son deficitarios, otros, como Santander, BBVA o Unicaja, siguen apostando por este producto, si bien, unos y otros, están aplicando en los últimos meses una notable subida debido a la tendencia que está mostrando el Euribor, cuya evolución alcista ha escalado desde el 2.143% en abril de 2025 al 2.747% del mismo mes de este ejercicio, con una clara tendencia alcista en los últimos días, como hemos señalado. Este rally generará el encarecimiento de los préstamos en vigor a interés variable y se materializará con ocasión de las revisiones semestrales o anuales de los mismos y, obviamente, también se dejará notar en las nuevas operaciones de cualquier modalidad. En este contexto, dada la tendencia alcista de la inflación, el Banco Central Europeo (BCE) sopesa la posibilidad de que en junio el precio del dinero pueda sufrir un retoque al alza del 0.25%, si bien su confirmación dependerá de la evolución del escenario bélico actual y sus efectos en los niveles de inflación. No obstante, el mercado sigue muy activo y los tipos medios a interés fijo aplicados a las nuevas contrataciones en el primer trimestre de este año se han situado en el entorno del 2.8%/ 3 %, e, incluso, más elevados. Si bien, prevalece la buena evolución del riesgo de impago de la cartera crediticia hipotecaria ya que el ratio de morosidad se ha situado en el 1.85%, el más bajo desde 2007, en relación con el saldo vivo en vigor de la cartera hipotecaria que actualmente se sitúa en el entorno de los 523.000 millones de euros.
Respecto al endeudamiento bancario de las empresas, según fuentes de las propias entidades, han moderado sus solicitudes de nuevas operaciones en el primer trimestre, con especial relevancia en el segmento de Pymes y en las operaciones a más largo plazo. Por otro lado, el arranque del año ha sido negativo para la inversión empresarial ya que los desembolsos de las grandes compañías, que representan el 60% de la facturación total del tejido productivo, se ha reducido en febrero en 10 puntos en relación con el alcanzado hace seis meses, con tendencia a reducirse moderadamente en el corto y medio plazo. Así lo estima la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) que en su último informe alerta de que la inversión perderá dos puntos de crecimiento hasta final de 2026. Todo parece indicar que esta situación está provocada por la incertidumbre que ha originado la evolución geopolítica, la disminución de la demanda, y el menor incremento de la actividad estimado para este ejercicio, lo que provoca que las empresas teman que las tensiones se prolonguen más de lo deseado y esto provoque otro repunte de la inflación que, a su vez, determine un mayor encarecimiento del Euribor y redunde en un aumento del costo de financiación de sus proyectos y de sus necesidades globales de apalancamiento. Cabe señalar, en este aspecto, que las entidades tienen unos criterios muy amplios para aplicar los tipos de interés a las operaciones de las empresas, ya que su aplicación puede estar determinada por variables tales como su calidad, y/o el volumen de negocio que puedan manejar generando beneficios adicionales. Por otra parte, no olvidemos que las grandes empresas, en función de sus capacidades, pueden optar por otras fuentes muy variadas de financiación, y que esta facilidad puede determinar tanto la modalidad concreta como el costo final; en cualquier caso, algunas entidades están ya advirtiendo una mayor moderación en las solicitudes de nuevas operaciones, especialmente en el segmento de Pymes y en las peticiones con vencimientos más prolongados.
Por último, cabe recordar que el costo de financiación depende mucho de la situación y calidad del solicitante, sea particular, autónomo o empresa, y, en definitiva, en todos los casos, las entidades aplicarán las tarifas más convenientes para sus intereses valorando el conjunto de prestaciones, directas e indirectas, que reciban y su repercusión en la rentabilidad final de cada cliente con independencia del segmento al que corresponda.
IGNACIO VILLAR MOLINA.- Socio Senior de SECOT JAEN. Economista



