Contabilidad nacional del despilfarro

Ignacio Villar Molina

22 Noviembre 2016

18/10/2016

El objeto de la Contabilidad Nacional de un país es proporcionar una imagen numérica de lo que sucede en realidad en la vida y en la actividad económica del mismo, a la vez que supone una base de datos que deben utilizar los órganos estatales para fundamentar sobre ellos los planes  de política económica. Así, los resultados  totales de la actividad económica se concretan en unas magnitudes que sintetizan  la actividad del país siendo las más significativas el PRODUCTO INTERIOR BRUTO y LA RENTA NACIONAL, que están determinados por las actuaciones de los agentes que intervienen, es decir,  las economías domésticas, las empresas, el sector público y el sector exterior.

Considerando exhaustivos tanto los procedimientos como la información que nos puede ofrecer la Contabilidad Nacional, yo sugeriría una contabilidad nacional paralela referida al  despilfarro que recogiera y cuantificara, con tanto rigor como aquélla,  los datos numéricos de la cantidad de proyectos inacabados o finalizados sin uso que se han producido en la geografía española en los últimos años. Las características  comunes que  coinciden en estas iniciativas,  generalmente impulsadas por  nuestros políticos,  están basadas, entre otras,  en ensoñaciones,  criterios fundamentalmente presididos por intereses partidistas, con ausencia real de utilidad pública y, sobre todo, por el derroche de fondos públicos por cualquiera de las administraciones que forman parte del Estado.  

Este registro debería también incluir otras formas conocidas, de prodigalidad en beneficio propio tales como cursos y EREs fraudulentos, mordidas, comisiones y sobres  ilegales y, en definitiva, todas las partidas  que han sido el caldo de cultivo de los ingentes casos de corruptelas acaecidos en nuestro país. No hago mención expresa a las redundancias y gastos innecesarios que  genera nuestro actual estado de las autonomías,  donde  los ahorros que se obtendrían, por sí solos, nos habrían evitado todo tipo de recortes.

Sin ir más lejos y para dar una pauta a seguir sobre los objetivos y los casos y situaciones a las  que  estoy aludiendo,  les proporciono cuatro de esas iniciativas que están referidas al ámbito concreto de Jaén capital,  donde  esos proyectos  han supuesto un dispendio de al menos  130 millones de euros, sin que ninguno de los mismos esté siendo utilizado y cuyo estado actual se alista  en la categoría de infrautilizado,  en situación de abandono,  inutilizado o desmantelado.

Me estoy refiriendo concretamente a la construcción del aparcamiento del Hípico, el parque acuático, la escalera mecánica de la calle Nueva o, lo que parecía ser la obra emblemática de nuestra ciudad, el dichoso tranvía y, seguro, que podría incluir alguno más.

De momento  la página “despilfarro publico” elaborada por una plataforma privada, ha logrado  establecer un marcador, realizado con  informaciones de ciudadanos de diversos puntos de nuestra geografía,  que señala, hasta ahora, un montante de doscientos casos, que reúnen  las características mencionadas anteriormente,  que alcanzan una suma de casi 50.000 millones  de  euros.

Aunque es verdad que este dato sólo tiene un  carácter testimonial y carece del rigor necesario, sí alumbra suficiente luz para  deducir que faltando, en mi opinión, muchos casos no computados aún, y añadiendo las cuantías de  esos otros numerosos episodios  de corrupción y apropiación de fondos públicos, las cifras finales desbordarían  nuestra capacidad de síntesis    generándonos una irritación extrema, porque una simple traslación teórica de las consecuencias que una adecuada utilización de esos fondos  habrían significado para la situación económica de nuestro país, especialmente  en las variables económicas,  en las políticas sociales básicas, y,  sobre todo, en la  elusión de los  ajustes y recortes  de toda índole  y, en definitiva, en constatar  la evidencia de que es en este apartado donde radican  gran parte de  las razones que explican   el por qué nuestra situación económica ha sido más traumática de lo  que deberíamos haber soportado,  por la culpa adicional de  derroches descerebrados y actuaciones choriceras.  

 

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