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En una colaboración anterior manifestaba mi escepticismo sobre las  predicciones y previsiones que constantemente, tanto gobiernos, como instituciones, organismos y analistas, efectúan en relación con la evolución futura de las principales magnitudes económicas.

Igualmente dejaba constancia de que la propia dinámica de los acontecimientos, especialmente si los pronósticos son efectuados en coyunturas tan sumamente inestables como las que estamos atravesando,  y, por supuesto, si los recursos que se deben aplicar dependen, en buena parte, como es el caso de nuestro país, de decisiones y ayudas de terceros, contribuye a crear más confusión.

Por otro lado, definía tres aspectos significativamente relevantes que tendrían efectos decisivos en la consecución de los objetivos pretendidos.  Me refiero a la extensión de la tercera ola, al desarrollo del programa de vacunación y a la utilización y aplicación de los fondos europeos, aspectos que, en mi criterio, constituyen el núcleo más importante del que depende que la economía recupere su velocidad anterior a la crisis e, incluso, remonte aquellos exiguos niveles de crecimiento que contabilizábamos.

En este aspecto, en la edición de este año de Diana Esade, que se dedica a comprobar año a año el nivel de acierto de las previsiones de los organismos económicos que componen el panel de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas), se incluye un informe que ha analizado 25 previsiones publicadas en Mayo de 2020, para calcular cuáles serían los datos de cierre de la economía española en ese ejercicio, indicando que la mayoría han sido fallidas y sólo una, la del Instituto de Estudios Económicos, apostó por una contracción del 11% como confirmaron los datos oficiales publicados por Instituto Nacional de Estadística.

La reciente rectificación realizada por la ministra de Economía del gobierno, Sra. Calviño, sobre el crecimiento de la economía española, que sitúa ahora la variación de PIB para este final de año en el 6.5%, cuando inicialmente se había fijado en el 9.8, lo que supone una reducción de 3.3 puntos, representa, en mi criterio, una muestra más, de la inconsistencia de esas previsiones, lo que desdibujará, igualmente, las previsiones relativas a otras variables trascendentales como el empleo, la Deuda Publica o el Déficit Fiscal. 

Es verdad que los vaticinios están siempre sometidos a la volubilidad de los hechos reales y que estos pueden influir en el desarrollo posterior de las magnitudes previstas, pero resultan más controvertidos cuando pueden estar pretendiendo transmitir un exceso de optimismo o disminuir la incertidumbre, ya que al efectuarse con esos criterios, sobre todo las referidas a la evolución de la economía, deberían estar presididas por un alto nivel de precaución para evitar decepciones entre los agentes económicos y los ciudadanos.

 

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