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Por MARTÍN LORENZO PAREDES APARICIO / Es abril, según el gran poeta Eliot, un mes cruel. Y otro poeta, cercano a mí, también dice que este mes de la apertura de la primavera es una época muy joputa, en las que las ausencias se recuerdan más.
Sin embargo, para mí, aprilis es el inicio de la belleza que nos acompaña hasta que llega el mazazo del verano que, ciertamente, en la tierra de Jaén es difícil de llevar.
El sábado, penúltimo fin de semana del mes, la primavera invocó, llamó a la música, y en la parte baja de la Carrera de Jesús en la frontera con la calle Almenas, al lado de la fachada del mediodía de la catedral, la armonía conquistó el corazón de todos los jaeneros, pues la Banda Municipal de Música de Jaén tan maltratada por nuestros mandamases volvió a darnos la vida.
Esta vez no estuve solo, sino acompañado por mis dos hijas que afortunadamente tuvieron un comportamiento excelente disfrutando con la música.
La Banda Municipal de Música de Jaén es, quizá, la institución más querida por los jaenitas. Y es necesario que tenga más recursos y un mejor trato por parte de la administración.
La música es la más bella de las poesías. La excelencia de nuestra banda, de nuestros músicos es una joya que debemos de preservar.
La maestría de su directora Juani, la calidad y oficio de mis amigos José Antonio Orta y Damián, y la de todos los demás componentes son las flores más hermosas de nuestro jardín musical que es la ciudad de Jaén. Pues, evidentemente, nuestra urbe no se entendería sin nuestra magnífica banda.
¿Qué sería de nosotros si no la viéramos más por nuestras plazas o barrios?
Larga vida a nuestra Banda y que suene la música.

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