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BUENOS DÍAS. Por ANTONIO GARRIDO / “El saber y la razón hablan, la ignorancia y el error gritan” (Arthur Graf). Es cierto, la verdad se impone por sí misma, el que no sabe tiene que gritar para hacerse oír, pero no se convence elevando el tono de la voz…Celebramos hoy el aniversario del nacimiento de Ludwig Van Beethoven (16 de diciembre de 1770), uno de los genios de la música y con una obra bastante extensa y conocida. La Novena Sinfonía es considerada una de las obras clásicas más importantes y más impactantes por su despliegue de orquesta y coro. Ningún homenaje mejor que recordarlo en algunas de sus frases más célebres: “Hacer felices a otros hombres: no hay nada mejor ni más bello”, (sobre la que consideraba su mayor recompensa, el reconocimiento del público), “Nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo” y “La arquitectura es una música de piedras y la música, una arquitectura de sonidos”, estableciendo el paralelismo entre estas dos disciplinas artísticas…También tal día como hoy de 1775, nacía la destacada novelista británica Jane Austen, que vivió durante la época georgina. La ironia que emplea para dotar de comicidad a sus novelas hace que figure entre los “clásicos” de la novela inglesa, con obras como Orgullo y prejuicio, EmmaPersuasión o Sense and sensibility. Dos expresiones de las que es autora: “La sabiduría es mejor que el ingenio y, a la larga, sin duda, tendrá la risa de su lado” y “La vanidad y el orgullo son cosas distintas, aunque muchas veces se usen como sinónimos. El orgullo está relacionado con la opinión que tenemos de nosotros mismos; la vanidad, con lo que quisiéramos que los demás pensaran de nosotros”…En 1917, un 16 de diciembre, venía al mundo el prolífico escritor y novelista estadounidense Philip K. Dick, una mente brillante y que dedicó la mayor parte de su obra a la ciencia ficción, hasta el punto de influir notablemente en este género. Esta sentencia es suya: “La realidad es aquello que, incluso cuando dejas de creer en ello, sigue existiendo y no desaparece”…Una frase de Cervantes: “La ingratitud es hija de la soberbia”…Y otra de Marie J. Roland de la Platerie: “Los débiles tiemblan ante la opinión, los tontos la desafían, los sabios la juzgan, los expertos la dirigen”…Dejo expresamente para el final que en esta fecha, en 1902, nació el gran poeta andaluz Rafael Alberti, un referente de la Generación del 27 y uno de los destacados autores de la llamada Edad de Plata de la literatura española, con una poesía popular y llena de arte. Marinero en tierra fue su primera obra como poeta, por la que recibió el Premio Nacional de Poesía y lo convirtió en una figura importante de la lírica española. Personaje político, miembro del Partido Comunista de España, tuvo que exiliarse tras la guerra civil, pero a la vuelta fue de nuevo reconocido con distinciones como el Premio Cervantes. Estas son algunas de sus frases más conocidas: “Fue cuando comprobé que murallas se quiebran con suspiros y que hay puertas al mar que se abren con palabras”, “Me marché con el puño cerrado…vuelvo con la mano abierta”, alusión referida a su periodo de exilio, y uno de sus poemas más aclamados, como final por hoy, del soneto Tú no te irás o Ven, mi amor: “Tú no te irás, mi amor, y si te fueras, aun yéndote, mi amor, jamás te irías”.

LA PALOMA

Rafael Alberti

Se equivocó la paloma,

se equivocaba.

Por ir al norte fue al sur,

creyó que el trigo era el agua.

Creyó que el mar era el cielo

que la noche la mañana.

Que las estrellas rocío,

que la calor la nevada.

Que tu falda era tu blusa,

que tu corazón su casa.

(Ella se durmió en la orilla,

tú en la cumbre de una rama.)

A FEDERICO GARCÍA LORCA

Rafael Alberti

Sal tú, bebiendo campos y ciudades,

en largo ciervo de agua convertido,

hacia el mar de las albas claridades,

del martín-pescador mecido nido;

que yo saldré a esperarte, amortecido,

hecho junco, a las altas soledades,

herido por el aire y requerido

por tu voz, sola entre las tempestades.

Deja que escriba, débil junco frío,

mi nombre en esas aguas corredoras,

que el viento llama, solitario, río.

Disuelto ya en tu nieve el nombre mío,

vuélvete a tus montañas trepadoras,

ciervo de espuma, rey del monterío.

LO QUE DEJÉ POR TI

Rafael Alberti

Dejé por ti mis bosques, mi perdida

arboleda, mis perros desvelados,

mis capitales años desterrados

hasta casi el invierno de la vida.

Dejé un temblor, dejé una sacudida,

un resplandor de fuegos no apagados,

dejé mi sombra en los desesperados

ojos sangrantes de la despedida.

Dejé palomas tristes junto a un río,

caballos sobre el sol de las arenas,

dejé de oler la mar, dejé de verte.

Dejé por ti todo lo que era mío.

Dame tú, Roma, a cambio de mis penas,

tanto como dejé para tenerte.

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