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Por ANTONIO GARRIDO / Las alocadas prisas del mundo en que vivimos impiden muchas veces detenerse de vez en cuando a rendir tributo a las cosas buenas que tenemos alrededor. Nos pasamos el tiempo, sobre todo, tratando de vencer los problemas y dificultades del día a día y restamos mérito a lo verdaderamente importante, y, si nos damos cuenta, que puede ser, vamos dilatando ese objetivo de dedicar tiempo a las grandes conquistas que nos han hecho un pueblo grande y con motivos para sentir orgullo.  

Pues hoy, 1 de julio, se celebra el Día de la Universidad de Jaén, porque fue un día 1 de julio de 1993, hace pues 33 años, ya se nos va haciendo mayor, cuando se publicó en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía el decreto de su creación.

Viéndolo ahora con el paso del tiempo me reitero en mi impresión de siempre, la Universidad ha sido lo mejor que le ha pasado a Jaén, yo suelo exagerar tal vez a la hora de acotar fechas y suelo decir que esto es así al menos desde los Reyes Católicos hasta hoy. No hay empresa más grande, sobre todo mirando al futuro y aunque sus beneficios ya son percibidos por la sociedad jienense, es cierto que aún valoraremos más su presencia a medida que pasen los años, pero su existencia y su pujanza entre nosotros imprime carácter.

La ley de creación de la Universidad de Jaén fue pensada como instrumento de transformación social para desarrollar y orientar el potencial económico, cultural y científico de la sociedad de la provincia de Jaén. Para ser, en definitiva, el motor para el progreso de la provincia, ni más ni menos, la que propicie el cambio mental y material.

Al hablar de la Universidad hay que recordar los pasos previos, el Colegio Universitario dependiente de la Universidad de Granada, los lazos históricos de Jaén con la institución granadina que era nuestro referente, por no remitirnos a siglos atrás cuando tuvimos la afamada, vieja e influyente Universidad de Baeza, y durante un tiempo en la propia capital creada por los Agustinos, pero las dos tuvieron punto y final. En Baeza quedan los rescoldos de la tradición universitaria, y el dicho que nos la recuerda: Lo que no da la naturaleza, ni Salamanca ni Baeza.

Y en el caso de la Universidad de Jaén, desde el principio sabíamos que era un instrumento que iba a cambiar la vida de mucha gente, como se ha demostrado desde el año 1993 con la salida de tantas generaciones UJA, más de 70.000 egresados, que son el orgullo colectivo de esta tierra.

Quiero resaltar por ser de justicia la apuesta de un político que ya no lo es, jiennense además, con el que su tierra estará en deuda permanente, Antonio Pascual Acosta, el consejero de Educación en el momento crucial y que salvó todos los obstáculos, que los hubo, para sacar adelante la ley, imponiendo el criterio frente a los sectores, que sigue habiendo hoy y tratan de hacer ruido, de que sólo haya unas cuantas universidades y florecientes, frente a los que defienden, la virtualidad de instituciones académicas como la de Jaén, cercana a la gente, expresión de la igualdad de oportunidades y potente palanca para el desarrollo socioeconómico del territorio. El actual rector, que lleva tres años al frente de este liderazgo, Nicolás Ruiz Reyes, se impuso como reto y está actuando en esa direccion, un vicerrectorado con la denominación de Desarrollo Territorial, y es un gesto que se entiende como un compromiso, porque el motor existe, pero hay que ponerlo en movimiento, hay que articular a toda la provincia en torno a su institución universitaria. Mucho trabajo aún por hacer.

La apuesta ha merecido la pena. De todas maneras permitan que les diga, que al más puro estilo Jaén, entiendo que no es que no se valore la importancia de poseer una Universidad propia, que sí a nuestro estilo, forma y manera, pero está lejos de recibir lo que merece y necesita, el reconocimiento de todos, la predisposición de algunos sectores, que deben estar para algo más que las fotos, porque de ellos depende en gran medida su fortaleza. Cuando solo la Universidad puede poner a Jaén en el lugar que le corresponde y constituye la última y definitiva esperanza de este Jaén nuestro a veces aplanado y todavía con poca fe en sus recursos.

Hace falta que la apuesta por la UJA sea más potente, sobre todo por la sociedad civil y no digamos de la comunidad universitaria, pero en este caso está metida en sí misma, en su conocida y reconocida endogamia y salvo excepciones no está en la lucha o al menos no lo hace de forma organizada, salvo en un reciente Claustro donde se dijeron con claridad las verdades del barquero. Es cierto que ante momentos de peligro, como la negativa del grado de Ingeniería Biomédica, se movilizó la capital y la provincia y ese mensaje llegó a donde tenía que llegar para que al final se nos hiciera justicia. Pero hay un riesgo mayor, que se va prolongando en el tiempo y que asfixia al conjunto de las universidades del sistema público andaluz, pero que perjudica enormemente a la UJA porque llueve sobre mojado, no hay que olvidar los recortes que el ‘modelo Velasco’ llevó a cabo y que al paso del tiempo siguen pesando como una losa, y se trata del incumplimiento por parte de la Junta de Andalucía del Modelo de Financiación que en nuestro caso supone una infrafinanciación que, como el propio rector reconoce, y ya se ha generalizado al resto de universidades públicas, ha derivado en una economía de subsistencia que está llevando a los rectores a adoptar medidas tan impopulares como los recortes.

Esta es también una consecuencia del buenismo de la mayoría de los rectores y de los consejos sociales, que vienen alargando en el tiempo su confianza en el gobierno de la Junta, pese a haber demostrado por activa y por pasiva que no hay voluntad política para resolver una situación crítica y que no puede acabar bien, de hecho el malestar es generalizado y los rectores que cedieron ante la Junta y se olvidaron de a quién representaban, ya se enfrentan a escenarios económicos muy comprometidos. Por fortuna en la UJA, aunque su financiación está en la UCI, ha sido capaz de mantener la exigencia, aunque le haya costado incomprensión de algunos políticos que no son capaces de ver más allá que la voz de su amo.

Parte de la sociedad civil ha estado activa, lo ha estado, lleva cuatro años y medio así, la Plataforma Ciudadana en Defensa de la Universidad. Pero no es menos cierto que hay colectivos que en privado expresan su apoyo pero en la práctica, es un mal endémico de esta tierra y bastante extendido, a la hora de la verdad se esconden y eso obedece, alguna vez me lo habrán leído en estos comentarios, a un cierto complejo de inferioridad y también, en cierto modo, a un temor injustificado a la política, es decir, parece que pese más que el partido tal o cual o las instituciones que controlan tengan una buena imagen de tal asociación o persona que el hecho de decidir libremente apostar por algo que es de todos, de todos, lo repito, y que hay que defender con vehemencia, gobierne quien gobierne, porque la Universidad es presente pero sobre todo es futuro, es la que tiene que formar a las nuevas generaciones y no podemos ni debemos someter el interés general a esta política que de lo que más entiende es de obediencia ciega y de sumisión.

Aprendamos de quienes nos enseñaron, como Miguel Hernández: “Jaén, levántate brava…”. Mi enhorabuena a la Universidad, con sus ya cuatro rectores a la cabeza, Luis Parras, Manuel Parras, Juan Gómez y Nicolás Ruiz, cuatro personas distintas pero unidas por un proyecto que tiene que ser la tabla de salvación de Jaén. Luis Parras desempeñó el cargo de presidente de la Comisión Gestora de la UJA desde 1993 a 1997. Concurrió a las primeras elecciones de la Universidad de Jaén en 1997, ganándolas, y continuó siendo rector hasta 2006, en un segundo mandato. Asimismo, Manuel Parras Rosa ganó sus primeras elecciones en 2006 y también se mantuvo en el cargo hasta 2015 tras agotar una segunda etapa. Desde 2015 hasta el pasado año 2023 fue Juan Gómez Ortega quien desempeñó su labor como rector de la UJA, exactamente desde el 7 de abril de 2015 al 14 de junio de 2023, ya que al día siguiente apareció en el BOJA el nombramiento de Nicolás Ruiz Reyes, para un periodo de seis años, a cuyo ecuador llega en estos momentos.

Cuando paso por la UJA y veo sus modernos edificios, ese Campus que da envidia y sobre todo esos miles de alumnos y profesores que le dan vida, siento alegría y orgullo como hijo de esta tierra, también porque mis hijos se han formado en ella y espero que lo hagan mis nietos. Y además porque desde sus comienzos he estado ligado a ella dos décadas, desde el primer Consejo de Administración hasta el posterior Consejo Social, una experiencia inolvidable la de haber asistido en primera línea a su nacimiento y en su crecimiento.

La hemos visto crecer vigorosa en sus principales tareas de transmisión del conocimiento y de investigación, pero también de implicación con la realidad social, económica y cultural de la provincia, y frente a los riesgos, que existen, de quienes pretenden negar las evidencias, pongo en valor la vitalidad de la UJA, escalando peldaños en la consideración de los rankings nacionales e internacionales. Por esta razón es absolutamente indispensable que cualquier acción de los poderes públicos solo vaya encaminada a hacerla crecer y ser más útil a la provincia, y no a cortarle las alas o lastrar su desarrollo. Este mensaje es el que tiene que calar hondo en la sociedad de Jaén, porque es lo mejor que tenemos y nuestro deber es su defensa y contribuir a hacerla todavía más grande de lo que es. Y es, sobre todo, futuro para Jaén.

Foto: Cuatro rectores ha tenido la Universidad de Jaén desde su nacimiento: Luis Parras, Manuel Parras, Juan Gómez y el actual Nicolás Ruiz.

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