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No nos queda otra que dar un margen de crédito al pacto PSOE-Ciudadanos y desearle suerte y éxitos. Tengo confianza o a ello me aferro, por Jaén, en los equipos que lideran Julio Millán y María Cantos, espero que harán todo lo posible para que se olviden lo errores y se pongan a trabajar con humildad y mesura, como ha ofrecido el propio alcalde, porque ha dicho en su primer mensaje, que si creemos en nosotros mismos, si somos valientes, si se pone por parte de todos el interés general por encima, es posible ganar el futuro de la ciudad. Nada deseamos más que esto ocurra. La primera impresión sobre Millán es bastante favorable, se le ve preparado para la responsabilidad que asume y su intervención inicial me pareció seria, respetuosa, comprometida y conciliadora, todos los atributos que debe tener un alcalde y que a veces han estado tan ausentes.

María Cantos, por su parte, que tiene a Jaén en la cabeza, ha reconocido que está pagando la novatada, en efecto es nueva en política, quiero decir en política partidista, porque en el movimiento vecinal del que procede también se hace política, de otra manera, pero política al fin y al cabo. ¿Acaso reivindicar mejoras en los barrios no es política?, ¿no es política plantear ideas sobre un determinado modelo de ciudad?, ¿no es política enfrentarse al Ayuntamiento para exigir otra manera de afrontar proyectos, como el de la peatonalización u otros muchos? A lo mejor lo que tiene que cambiar es el chip, el Consistorio no es el salón de actos de una asociación vecinal y hay que acomodar el discurso no tanto en el fondo como en la forma. De lo que estoy seguro es de que la lideresa aprenderá pronto a ubicarse en su nuevo hábitat.

Su primer día lo han dedicado en parte los protagonistas del nuevo tiempo municipal a atender a medios de comunicación y a despejar dudas, sobre todo por parte de María Cantos, de todo lo ocurrido en las 24 horas previas al pleno de constitución del Ayuntamiento. Han de explicarse porque los jienenses, que han seguido con atención el proceso, y es normal porque les afecta y mucho, se han expresado con libertad en las redes sociales y hay opiniones para todos los gustos. Creo que a nadie debe sorprender que este tipo de acuerdos sean objeto de crítica, también de enhorabuena, nunca llueve a gusto de todos y hay que dar tiempo para que el personal desfogue. Eso es lo que está ocurriendo y durante estos días, la gente llana ha sido la que ha hecho los mejores editoriales, porque ve, oye, lee, y saca sus conclusiones que normalmente suelen estar presididas por el sentido común. Le viene muy bien a nuestros políticos locales ser permeables a la opinión de los jienenses, no tanto de los palmeros y los que recurren al halago. Serán las primeras decisiones emanadas del nuevo gobierno local las que aplaquen tanto la euforia como el malestar que el pacto pudiera haber suscitado, una alianza legítima, como hubiera sido cualquier otra, mientras lo permita una ley electoral manifiestamente mejorable, pero es la que tenemos, y por nuestro propio bien, para no sufrir con las desdichas que ponen a Jaén en un brete, se debe pasar página lo antes posible.

Dos gestos que subrayo del nuevo regidor. Por un lado que la primera carta o una de las primeras, que ha escrito en su condición de máxima autoridad local, la ha dirigido al presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, en un tono cordial y de lealtad institucional, que anuncia una etapa en la que su voluntad es llevarse bien con la Junta. Al presidente le solicita una entrevista para hablar de los asuntos pendientes de Jaén, empezando por el tranvía, en cocheras desde hace ocho años, y para el que solicita la máxima urgencia posible. Uno de los grandes servicios que las dos administraciones, Ayuntamiento y Junta, podrían hacer, a partir de ahora, en esta coyuntura en la que se han cambiado los papeles respecto a las situaciones políticas anteriores, y porque están condenados a entenderse, es trabajar por Jaén olvidando la confrontación que ha sido tan dañina para los intereses de la ciudad y de la que las dos partes fueron responsables, es más, daba la impresión de que ambas instituciones se encontraban cómodas con esa estrategia que era una buena coartada para la inacción.

Otro buen detalle que habla bien en este caso de los alcaldes saliente, Javier Márquez, y entrante, Julio Millán, y espero que se siga viendo en un relevo tranquilo y ordenado, fue la cordialidad que hubo entre ambos en el acto de la toma de posesión y el recuerdo que los dos hicieron de todos sus antecesores. Y es como alguien ha dicho, el mundo no se divide entre ganadores y perdedores, sino entre buenas y malas personas. Por cierto, al presidente provincial del PP, Juan Diego Requena, se le ha entendido todo al valorar las elecciones locales en la capital: los votos son los que son y la nueva política se basa en los pactos y Ciudadanos no ha acordado con el socio preferente. Habrá que volver a esta cuestión, porque Márquez lo debe estar pasando mal, en realidad todo el mundo confiesa que ha sufrido en el proceso, pero el hasta ahora alcalde lleva meses, qué digo, años, acusando un vacío que tal vez pueda llenar en parte en su escaño del Senado. O no.

Por lo demás, es de suponer que PSOE y Cs se han puesto a trabajar ya los dos grupos del pacto, ahora sí, para el reparto de las responsabilidades, y ha trascendido que Ciudadanos pretende quedarse con las áreas que compañeros suyos gestionan en el gobierno andaluz, que puede ser una fórmula a elegir como cualquier otra, pero me parece algo encorsetada, en fin, no vayamos a adelantar acontecimientos.

En el primer discurso ante los jienenses Julio Millán, con el rostro iluminado por la ilusión en su emocionado alegato como alcalde portador de esperanza, escuchado con atención por una María Cantos que había soñado con este momento para volcar en la acción municipal la responsabilidad de su orgullo jaenero y “empezar a curar las heridas de la ciudad”, bordó una sugerente e ilusionada metáfora basada en la popular serie Juego de Tronos, al fin y al cabo de eso va esta película, que estos días se ha repetido, pero que me parece sugerente. Porque, ¿qué ha sido Juego de Tronos? Ante todo una buena historia, que puede tener traducción en el escenario local, a través de debates, polémicas, reacciones de todo tipo, y que la ciudad se mantenga expectante y sobre todo soñadora y viva, muy viva. Como con el personaje de Tyrion Lannister, Millán, y no sé por qué me he acordado en este momento de su estrecho colaborador José Manuel Higueras, ha debido reflexionar así: “No he hecho otra cosa que pensar en estas dos semanas. En nuestra historia. En todos los errores cometidos. Nada hay más poderoso en el mundo que una buena historia. Nadie puede detenerla. Ningún enemigo puede vencerla”.  Pues bien, es la hora, si realmente nos importa esta capital del Santo Reino, donde se han escrito páginas gloriosas durante siglos, que están recogidas en nuestros anales, de empezar a escribir juntos esta historia que toca ahora, de la que sean protagonistas la ciudad y su gente. Y no hay tiempo que perder.

 

 

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