Santiago de Córdoba
Una imagen publicada recientemente sobre los países que más envejecerán durante los próximos quince años contiene una advertencia que va mucho más allá de la curiosidad estadística. Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Malasia, Vietnam, Colombia o México aparecen entre las sociedades donde crecerá con mayor rapidez la población mayor de 65 años. Lo importante no es saber qué país será el más viejo, sino a qué velocidad cambia su estructura demográfica. Una sociedad relativamente joven puede disponer de muy pocos años para adaptar pensiones, sanidad, dependencia, vivienda, mercado laboral y servicios públicos.

Foro Económico Mundial (World Economic Forum), según consta en el pie de la infografía (proyecciones de crecimiento de la población de más de 65 años entre 2025 y 2040).
Naciones Unidas lleva tiempo advirtiéndolo. El envejecimiento es consecuencia de una transformación histórica positiva —vivimos más— combinada con familias cada vez más pequeñas. Pero obliga a anticiparse: reforzar sanidad y cuidados de larga duración, garantizar sistemas de protección social sostenibles y adaptar trabajo, ciudades y servicios a sociedades con muchos más mayores. La demografía ofrece una ventaja que pocas crisis conceden: avisa con décadas de antelación.

Proyección probabilística de población de 65 años y más (Naciones Unidas, World Population Prospects 2024)
Para España el aviso es especialmente serio. La OCDE calcula que en 2024 había 34,9 mayores de 65 años por cada cien personas de entre 20 y 64; en 2054 podrían ser 76,2. Al mismo tiempo, la población en edad de trabajar podría reducirse más de un 30 % durante las próximas cuatro décadas.
El INE confirma la dirección del cambio. Sus Proyecciones de Población 2026-2076 permiten seguir la evolución nacional hasta 2076 y la provincial hasta 2041. Conviene recordar que una proyección no es una profecía: muestra lo que podría ocurrir bajo determinadas hipótesis. Precisamente por eso resulta útil para gobernar. Aquello que todavía no ha sucedido puede modificarse mediante las decisiones que adoptemos hoy.

Elaboración propia. Fuente: INE (Contabilidad Regional), EPA 2024; Nomenclátor de Jaén (2023); AEAT (IRPF 2023); Universidad de Jaén (2023); Observatorio Económico de la Provincia de Jaén (2025). (Diseño IA).
Antes de preguntarnos cómo afrontará Jaén el envejecimiento de las próximas décadas conviene observar desde qué posición parte. No todas las sociedades llegan a una transformación demográfica con los mismos recursos económicos, sociales y territoriales.
Jaén lo hace desde una posición comparativamente débil. El PIB por habitante se sitúa alrededor de 18.883 euros, frente a 24.566 en Andalucía y 32.633 en España. La tasa de paro provincial alcanza el 17,38 % y la tasa de actividad se queda en el 52,22 %. A ello se añade una densidad de solo 46 habitantes por kilómetro cuadrado, menos de la mitad de la andaluza.

Elaboración propia a partir de: INE, Contabilidad Regional de España; SEPE, Informe del Mercado de Trabajo de la provincia de Jaén. Datos 2024; Observatorio Económico de la Provincia de Jaén, 2025; INE/IECA, datos territoriales de población y densidad. Nota: Los datos con asterisco tienen carácter orientativo o no son plenamente homogéneos.
Son indicadores diferentes, pero juntos describen una misma realidad: menor generación de riqueza, menor participación laboral y un territorio mucho más disperso.
La renta confirma esa desventaja. Según la Estadística de los declarantes del IRPF de la Agencia Tributaria, Jaén registra una renta bruta media de 22.278 euros, la menor de las ocho provincias andaluzas. Málaga alcanza 28.100 euros y Sevilla 27.697.

Elaboración propia a partir de: AEAT, Estadística de los declarantes del IRPF por municipios, ejercicio 2023, publicación 2025.
No se trata simplemente de ocupar el último lugar de una clasificación. Significa que muchas familias jiennenses afrontan vivienda, educación, transporte, cuidados y vida cotidiana con una capacidad económica inferior a la existente en otros territorios de su mismo entorno.
Y tampoco existe una sola realidad económica dentro de Jaén. La renta neta media por persona es de 11.847 euros, mientras numerosos municipios rurales y serranos no alcanzan los 10.000: Huesa, 8.825; Cambil, 9.232; Higuera de Calatrava, 9.306; Jódar, 9.370. La vulnerabilidad económica aparece con frecuencia en los mismos territorios que pierden población, envejecen y dependen más de los servicios públicos.

Elaboración propia a partir de: AEAT, 2025; INE, 2023; EAPN-ES, 2025; Diputación de Jaén; Observatorio Económico, 2025.
A esta fragilidad se añade una estructura productiva fuertemente vinculada al sector agrario. El sector agroforestal representa aproximadamente el 13,13 % del PIB provincial. El olivar constituye una riqueza económica, cultural y territorial irrenunciable; el problema no es su existencia, sino que alrededor de él no se haya desarrollado todavía una estructura productiva suficientemente diversificada para generar en mayor medida empleo estable, cualificado y de alto valor añadido.

Un mar de 66 millones de olivos que inundan las campiñas y sierras de Jaén (Fotografía: Allie_Caulfield)
En territorios con menor renta, la inversión pública adquiere además una función compensadora. Educación, sanidad, transporte y dependencia tienen que corregir desigualdades que nacen mucho antes de llegar a una escuela, un hospital o una residencia.
Por eso el envejecimiento no llegará a una provincia económicamente neutra. Llegará a un territorio donde ya coinciden renta baja, paro elevado, menor actividad, dependencia agraria, desigualdad municipal y vulnerabilidad demográfica. Setenta y ocho de los 97 municipios —el 80,41 %— aparecen vinculados al diagnóstico provincial de vulnerabilidad demográfica.
Y esa circunstancia modifica por completo el significado de las proyecciones. Una provincia puede envejecer sobre una economía dinámica, densamente poblada y capaz de financiar nuevos servicios; o puede hacerlo mientras pierde habitantes, trabajadores y capacidad económica. Jaén corre el riesgo de afrontar simultáneamente ambas debilidades.
JAÉN: MENOS HABITANTES, MUCHOS MÁS MAYORES Y UNA POBLACIÓN EXTRAORDINARIAMENTE DISPERSA

Elaboración propia. Fuentes: INE, Proyecciones de Población 2026-2076; Nomenclátor INE (Diseño IA).
Cuando descendemos desde España hasta Jaén, la señal de alarma deja de ser amarilla.
Si las tendencias actuales se mantienen, la provincia pasaría de 618.892 habitantes en 2026 a 571.217 en 2041. Perdería 47.675 personas en quince años: un 7,7 % de su población. Al mismo tiempo aumentaría la población extranjera mientras disminuiría todavía más la de nacionalidad española.
El cambio por edades resulta aún más significativo. En 2041, el 32,2 % de los jiennenses tendrá 65 años o más: prácticamente uno de cada tres habitantes. El índice de envejecimiento alcanzaría 278 mayores de 65 años por cada cien menores de quince. Se produce incluso una coincidencia simbólica: Jaén perdería 47.675 habitantes mientras ganaría aproximadamente 47.500 personas mayores.
No partimos, además, de una evolución favorable. Entre 1981 y 2025 España aumentó su población un 30,37 % y Andalucía un 34,41 %, mientras Jaén la redujo un 3,39 %. La divergencia no es coyuntural: mientras los territorios de nuestro entorno crecían, esta provincia comenzó a vaciarse. Setenta y uno de los 97 municipios tienen menos de 5.000 habitantes y 83 pierden población.

Fuente: Elaboración propia con datos municipales de INE/IECA.
Pero hay una variable esencial para entender la verdadera dimensión del problema: la dispersión del poblamiento.
Jaén no es solamente una provincia de 97 municipios. Según el Nomenclátor del INE, cuenta con 337 entidades singulares de población. No estamos, por tanto, ante unos 618.000 habitantes distribuidos ordenadamente entre 97 cabeceras municipales, sino ante una extensa red de ciudades, pueblos, aldeas, pedanías, núcleos y diseminados.

Fuente: Diputación Provincial de Jaén: Programa Reto Demográfico 2020-2022.
Educación, sanidad, dependencia, transporte y atención social deben llegar a ese territorio fragmentado. La Diputación ha identificado además 78 municipios en situación de vulnerabilidad demográfica. No hablamos de cuatro localidades montañosas condicionadas por su geografía, sino de un problema estructural extendido por prácticamente toda la provincia.

Elaboración propia a partir de: INE, cifras oficiales de población y superficie territorial; IECA, datos territoriales de Andalucía y Jaén, 2025.
Jaén ocupa 13.493 kilómetros cuadrados y tiene aproximadamente 46 habitantes por kilómetro cuadrado, frente a unos 100 en Andalucía y 97 en España. Mantener un consultorio, un colegio, una residencia, una línea de autobús o un servicio de ayuda domiciliaria resulta más complejo cuando hay que atender un territorio extenso, poco poblado y disperso.
Ahí empieza el verdadero problema del envejecimiento jiennense.
NO ES LO MISMO HACERSE VIEJO CRECIENDO QUE HACERSE VIEJO VACIÁNDOSE

Elaboración propia. Fuentes: INE; Santiago de Córdoba, Educación y desigualdad en Jaén, 2026 (Diseño IA).
Málaga también envejecerá. Almería también. España entera lo hará. Pero una provincia puede envejecer mientras aumenta su población, su actividad y el número de trabajadores que sostienen los servicios, o puede hacerlo mientras pierde habitantes y sus generaciones jóvenes marchan hacia otros territorios. No son dos envejecimientos iguales.
Jaén se aproxima al segundo modelo. En diciembre de 2025, 71 de los 97 municipios presentaban tasas de envejecimiento entre el 22 y el 34 %. En la última década solo una pequeña minoría había aumentado población. Incluso seis municipios de más de veinte mil habitantes —Jaén, Linares, Andújar, Úbeda, Martos y Alcalá la Real— habían perdido residentes.
Y Jaén envejece dispersa: habrá que atender a una población mucho más longeva sobre 13.493 kilómetros cuadrados y 337 entidades de población.
Menos jóvenes significan menos alumnado, trabajadores, contribuyentes y consumo; más mayores implican simultáneamente mayores necesidades sanitarias, dependencia, ayuda domiciliaria, transporte adaptado, vivienda accesible y atención contra la soledad.
Ambas tendencias pueden alimentarse mutuamente: cuando desaparecen servicios de un pueblo resulta menos atractivo vivir en él; cuando se marcha población, mantener esos servicios resulta todavía más difícil.
La escuela constituye un ejemplo muy claro. En numerosos municipios jiennenses el colegio público no es únicamente un edificio donde se enseña Lengua o Matemáticas: es una infraestructura territorial. Allí donde renta baja, despoblación y envejecimiento coinciden, la escuela constituye una de las últimas instituciones capaces de sostener familias jóvenes.
Los trece Colegios Públicos Rurales de Jaén coordinan sedes repartidas por decenas de aldeas y pequeños núcleos, precisamente porque una concepción exclusivamente urbana de la enseñanza sería incapaz de garantizar el derecho a la educación en buena parte del territorio.
Mapa: Situación de los 13 Colegios Públicos Rurales en la provincia de Jaén

Elaboración propia: Situación de los 13 Colegios Públicos Rurales en la provincia de Jaén —(Directorio de centros docentes no universitarios de Andalucía). Fuente: Santiago de Córdoba, Educación y desigualdad en Jaén, 2026 (Diseño, Alejandra de Córdoba)
Cerrar una unidad escolar puede parecer una decisión contable. Desde el despacho salen unas cuentas; desde el pueblo puede marcharse una familia. Y cuando se marcha una familia con dos niños no perdemos solamente cuatro habitantes: perdemos alumnos, futuros trabajadores, consumidores y probablemente futuros padres y madres.
La misma lógica debe aplicarse a sanidad, dependencia y transporte. Un servicio público puede parecer poco rentable si se calcula exclusivamente cuántas personas atiende; pero su desaparición puede hacer todavía menos habitable el territorio al que daba servicio.
JAÉN YA PERDIÓ UN TREN

Elaboración propia. Fuentes: Ministerio de Transporte, RENFE, prensa provincial (Diseño IA).
La modernidad del transporte no llegó a Jaén en el siglo XXI ni en el XX, sino en el XIX. Entre 1865 y 1881 la provincia se incorporó tempranamente a una de las mayores transformaciones tecnológicas de su tiempo.
El ferrocarril fue para aquella sociedad lo que hoy representan la digitalización, la movilidad, la Universidad, los cuidados, la formación o la economía del conocimiento: una infraestructura de futuro. Y conviene recordar algo que, observado desde nuestra situación actual, resulta particularmente significativo: Jaén no llegó tarde a aquella revolución. Llegó pronto.
El 25 de mayo de 1865 quedó abierto el tramo Santa Cruz de Mudela-Venta de Cárdenas, a las puertas de Despeñaperros. Un año después, el 8 de julio de 1866, la línea Venta de Cárdenas-Vilches atravesó definitivamente aquel obstáculo geográfico y penetró en la provincia. Vilches se convirtió así en uno de los primeros hitos de la historia ferroviaria jiennense.
Hoy continúa figurando como estación, aunque el contraste histórico resulta elocuente: en septiembre de 2026 las obras en la infraestructura obligan a efectuar por carretera el trayecto de determinados Media Distancia entre Jaén y Almuradiel. Renfe mantiene además un plan alternativo por carretera en el corredor Jaén-Córdoba mientras se desarrollan las actuaciones y se restablece plenamente la circulación.

Trazado del ferrocarril en la provincia de Jaén: 1866 -1881. Elaboración propia a partir del Archivo Histórico Ferroviario–Fundación de los Ferrocarriles Españoles (fondos MZA y Ferrocarriles Andaluces); Instituto Geográfico Nacional, cartografía histórica MTN50; López Pérez, Manuel, «Jaén, 1881-1981: un siglo de ferrocarril», Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, nº 105, 1981; y bibliografía ferroviaria complementaria (Diseño IA).
El 15 de septiembre de 1866 entró en servicio el gran tramo Vilches-Córdoba. Vadollano, Espeluy, Andújar y el corredor hacia Marmolejo quedaron vinculados a una red que no transportaba únicamente personas: comunicaba mercados, minas, fábricas, explotaciones agrarias y ciudades.
Vadollano adquirió una importancia extraordinaria cuando el 23 de enero de 1877 entró en servicio la conexión con Linares, uno de los grandes núcleos mineros e industriales provinciales. Hoy ya no presta servicio de viajeros.
Espeluy había abierto al tráfico el 15 de septiembre de 1866 y acabaría convirtiéndose en uno de los principales nudos ferroviarios de Jaén. Quince años después, desde allí arrancaría la vía hacia la capital. Llegó a disponer de importantes instalaciones ferroviarias y a generar a su alrededor un poblado ligado directamente al ferrocarril. Su centralidad disminuyó posteriormente con cierres y variantes, pero su nombre continúa recordando aquella función de encrucijada.
Andújar quedó igualmente incorporada a la línea general el 15 de septiembre de 1866. Cuatro años antes, el 26 de septiembre de 1862, autoridades y vecinos habían participado en el inicio de los trabajos de una estación que durante décadas desempeñaría una función importante para viajeros y mercancías. La estación permanece, aunque en septiembre de 2026 los servicios afectados por las obras utilizan temporalmente alternativas por carretera.
Marmolejo pertenece al mismo corredor abierto al tráfico en septiembre de 1866, aunque la documentación local fecha en 1868 la construcción de su edificio de estación. Durante su época de esplendor, ferrocarril y balneario formaron parte de una misma economía: los hoteles enviaban carruajes para recoger a los llamados aguistas.
Su evolución posterior resume bien el cambio sufrido por el ferrocarril provincial. Renfe cerró la estación al servicio de viajeros en 1979 y en diciembre de 2018 el edificio fue demolido por su estado de deterioro. La vía permanece como infraestructura, pero desapareció la estación que durante décadas había abierto Marmolejo al exterior.
Faltaba todavía la capital.

Grabado del siglo XIX sobre la llegada del ferrocarril a Jaén, el 15 de agosto de 1881 (Fundación de los Ferrocarriles Españoles)
Tras años de proyectos y reivindicaciones, el 6 de julio de 1881 una locomotora entró por primera vez en la estación de Jaén. No fue todavía el comienzo de la explotación comercial, pero sí la llegada física del ferrocarril a la ciudad.
Seis semanas después, el 18 de agosto de 1881, quedaron concluidos los 32 kilómetros del tramo Espeluy-Jaén y comenzó oficialmente su explotación. Jaén capital se incorporaba definitivamente a la red ferroviaria nacional.
La expansión continuó. El 22 de enero de 1893 quedó completada la línea Puente Genil-Linares, que enlazaba Jaén, Torredelcampo, Torredonjimeno, Martos y Alcaudete con las poblaciones cordobesas del recorrido. El que acabaría siendo conocido como Tren del Aceite transportaba viajeros, minerales y una producción oleícola en plena expansión.
Precisamente esa línea ofrece una de las imágenes más claras de lo conquistado y posteriormente perdido. El tramo Linares-Espeluy fue clausurado el 15 de enero de 1970. En 1979 Marmolejo perdió el servicio de viajeros. El 31 de octubre de 1984 un accidente en la zona de Alcaudete interrumpió el tráfico al sur de Jaén y, aunque la vía fue reparada, los trenes comerciales no regresaron. El 1 de enero de 1985 se hizo oficial el cierre de buena parte de aquella línea.
Hoy gran parte de su trazado ha renacido como Vía Verde del Aceite. Es un extraordinario patrimonio turístico, deportivo y ambiental. Pero conviene recordar qué existió anteriormente bajo esos caminos: una infraestructura que comunicaba pueblos y transportaba mercancías y viajeros.
ANTES Y DESPUÉS
- ANTES (Último tercio del siglo XIX).
→ 25 de mayo de 1865: el ferrocarril alcanza Venta de Cárdenas.
→ 8 de julio de 1866: atraviesa Despeñaperros y llega a Vilches.
→ 15 de septiembre de 1866: se abre el corredor Vilches-Córdoba.
→ 23 de enero de 1877: Vadollano queda conectado con Linares.
→ 6 de julio de 1881: primera locomotora en Jaén capital.
→ 18 de agosto de 1881: comienza la explotación Espeluy-Jaén.
→ 22 de enero de 1893: queda completada la línea Puente Genil-Linares.
- DESPUÉS (Último tercio del siglo XX y primero del XXI).
→ 15 de enero de 1970: clausura de Linares-Espeluy.
→1979: Marmolejo pierde su servicio de viajeros.
→ 31 de octubre de 1984: interrupción de la circulación al sur de Jaén.
→ 1 de enero de 1985: clausura de buena parte del histórico Tren del Aceite.
→ Diciembre de 2018: desaparece el edificio de viajeros de Marmolejo.
→ 2026: Jaén continúa sin alta velocidad propia y determinados trayectos se realizan temporalmente por carretera debido a las obras.
Las fechas permiten contemplar la historia de otra manera. En menos de treinta años la provincia construyó una red que la incorporaba a la transformación económica del siglo XIX. Después, una parte importante de aquel tejido se fue debilitando.
Por eso no hablamos únicamente de nostalgia ferroviaria, sino de competitividad territorial.
Una línea de ferrocarril condiciona dónde se instalan empresas, cuánto cuesta transportar mercancías, qué universidades resultan accesibles, dónde decide establecerse una familia y qué oportunidades tiene un joven para permanecer en su tierra. Perder conexiones significa perder algo más que trenes: significa perder centralidad económica.
España dispone hoy de una de las mayores redes de alta velocidad del mundo y Jaén continúa sin conexión propia. Al mismo tiempo existen inversiones y actuaciones de modernización de la red convencional y proyectos para modificar sus conexiones. Negar esas inversiones sería tan injusto como negar que la posición ferroviaria relativa de Jaén se ha deteriorado respecto del conjunto del país.
Existe además un debate abierto sobre la solución futura. El Gobierno ha defendido la conexión mediante el baipás de Montoro como vía para reducir los tiempos hacia Madrid, mientras plataformas ferroviarias, sindicatos y representantes locales defienden el corredor por Linares-Baeza, Despeñaperros y La Mancha y han convocado una manifestación para el 7 de noviembre de 2026 contra el proyecto de Montoro y lo que denominan «aislamiento ferroviario». Son posiciones distintas dentro de una controversia que permanece abierta.
No corresponde a estas páginas decidir cuál de esas soluciones técnicas debe imponerse. La exigencia anterior es otra: que Jaén no tenga que escoger entre velocidad y vertebración, entre llegar antes a Madrid y disponer de una red que comunique adecuadamente su territorio.
Una provincia periférica no puede permitirse que las décadas transcurran mientras el resto del país transforma sus comunicaciones.
EL PRÓXIMO TREN NO CIRCULA SOLAMENTE SOBRE RAÍLES

Elaboración propia. Fuentes: Santiago de Córdoba, Educación y desigualdad en Jaén, 2026 (Diseño IA).
Ahí está el verdadero aviso al navegante. Podríamos cometer con el envejecimiento el mismo error cometido con tantas infraestructuras: discutir durante veinte años, repartir responsabilidades, redactar planes y descubrir finalmente que el tren ya pasó.
El próximo tren que Jaén debe coger no es solamente ferroviario. Es el tren del bienestar en una sociedad longeva.
En 2041 faltan quince años. Un niño que comienza ahora Primaria tendrá entonces poco más de veinte. Una persona que hoy tiene cincuenta años estará entrando en la jubilación. Quienes gobiernen nuestros municipios encontrarán la estructura demográfica que nosotros les dejemos.
Y no administrarán únicamente Jaén, Linares, Andújar, Úbeda, Martos o Alcalá la Real. Tendrán que garantizar derechos y servicios sobre 97 municipios y 337 entidades singulares de población, algunas situadas en espacios serranos y dispersos donde la distancia hasta un hospital, una estación, una residencia o una oficina pública puede convertirse en una barrera cuando se envejece.
Por eso el reto no puede reducirse a construir más residencias. Sería llegar tarde otra vez.
Una sociedad longeva requiere atención sanitaria cercana, ayuda a domicilio, dependencia, transporte público comarcal y a demanda, viviendas adaptadas, teleasistencia, conectividad digital, servicios administrativos y bancarios accesibles, escuelas rurales, Formación Profesional vinculada al territorio, una Universidad capaz de retener talento, vivienda para jóvenes y empleo que permita marcharse por elección y no por obligación.
También obliga a contemplar la inmigración desde otra perspectiva. Las proyecciones del INE indican que, mientras la población total de Jaén disminuiría, la extranjera podría aumentar aproximadamente un 47,7 % hasta 2041. La provincia del futuro podría ser, por tanto, más vieja, menos poblada y también más diversa. Integrar adecuadamente a quienes lleguen en escuela, empleo, vivienda y vida local puede formar parte de la respuesta a la reducción de población activa.
TAMBIÉN EXISTE UNA ECONOMÍA DE LA LONGEVIDAD

Elaboración propia. Fuentes: Naciones Unidas, OCDE (Diseño IA).
Vivir más es una conquista social.
Una población más envejecida necesitará profesionales sanitarios, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, auxiliares de dependencia, trabajadores sociales, adaptación de viviendas, domótica, movilidad, turismo accesible, cultura, actividad física y tecnologías asistenciales. Todo ello significa también empleo y actividad económica.
Estamos entrando en lo que se ha denominado «economía de la longevidad»: detrás del envejecimiento existen personas con experiencia, conocimientos, capacidad de consumo y nuevas necesidades capaces de generar sectores productivos.
Para Jaén podría convertirse incluso en una oportunidad de especialización. Una provincia extensa, rural, envejecida y con 337 entidades de población puede funcionar como territorio de innovación en atención domiciliaria, telemedicina, vivienda adaptada, movilidad rural y envejecimiento activo.
La Universidad de Jaén, los centros tecnológicos, los servicios sanitarios, la economía social y las empresas podrían encontrar ahí ámbitos de investigación, formación y actividad económica.
Pero para que una desventaja se transforme en oportunidad hay que actuar antes de que la necesidad se convierta en emergencia.

UN PACTO QUE NO PUEDE PERTENECER A UN SOLO PARTIDO
Elaboración propia (Diseño IA).
Aquí conviene repartir correctamente las responsabilidades.
El Gobierno de España tiene competencias fundamentales sobre los ferrocarriles de interés general, la Seguridad Social y el marco económico estatal. La Junta de Andalucía administra políticas particularmente afectadas por el envejecimiento, como sanidad, dependencia, educación, vivienda y transporte. La Diputación desempeña una función esencial porque la mayoría de nuestros municipios son pequeños y muchos no pueden sostener aisladamente servicios complejos. Y los ayuntamientos conocen la realidad inmediata del anciano que vive solo, la familia que piensa marcharse, el colegio que pierde alumnado o la aldea que se queda sin transporte.
Por eso las 337 entidades singulares de población deberían incorporarse a cualquier planificación provincial del envejecimiento. No basta con calcular médicos, camas hospitalarias o plazas residenciales por cada cien mil habitantes. Hay que saber dónde viven esas personas y cuánto cuesta llegar hasta ellas. En una provincia dispersa, la distancia puede convertirse en desigualdad si los servicios públicos no compensan sus efectos.
A estas administraciones deben sumarse la Universidad, empresarios, sindicatos, colegios profesionales, asociaciones, organizaciones de mayores y tercer sector.
El reto demográfico es demasiado profundo para convertirse en argumento de gobierno contra oposición u oposición contra gobierno. Y demasiado lento para producir titulares diarios. Precisamente ahí reside su peligro: una población envejece cada día casi sin que nadie lo perciba y, cuando las consecuencias se hacen visibles, algunos procesos pueden resultar muy difíciles de revertir.
EL AVISO ESTÁ ESCRITO

Elaboración propia. Fuentes: INE, Nomenclátor, Diputación de Jaén Elaboración propia (Diseño IA).
Jaén cuenta todavía con una ventaja extraordinaria: sabemos lo que puede ocurrir.
Sabemos que el INE proyecta 47.675 habitantes menos en quince años y que aproximadamente uno de cada tres jiennenses podría tener 65 años o más. Sabemos que la mayoría de nuestros municipios pierden habitantes y que la provincia tiene aproximadamente la mitad de la densidad demográfica de Andalucía.
Y sabemos algo que ninguna media provincial debería ocultar: esos habitantes se distribuyen entre 337 entidades singulares de población. El futuro de Jaén no se decidirá únicamente en sus ciudades, sino también en cientos de pequeños asentamientos donde perder una escuela, un médico, un autobús o un servicio de ayuda domiciliaria puede determinar que una familia permanezca o abandone definitivamente el lugar en que vive.
Sabemos, además, que despoblación, renta baja y envejecimiento se superponen en buena parte del territorio y que la dispersión encarece precisamente los servicios que una población longeva necesitará más.
No podemos alegar desconocimiento.
Nuestros antepasados del siglo XIX comprendieron que el ferrocarril iba a decidir qué territorios entraban en la modernidad y cuáles quedaban en sus márgenes. Lucharon hasta que aquellos raíles llegaron a la provincia y a su capital. Después, durante el siglo XX y las primeras décadas del XXI, Jaén fue perdiendo posiciones ferroviarias mientras la alta velocidad transformaba buena parte de España.
Sería una amarga paradoja histórica que, después de perder parte del tren que transportaba personas y mercancías, Jaén perdiera ahora otro todavía más importante: el que permite a las personas permanecer en su tierra y envejecer dignamente en ella.
EL TREN DEL SIGLO XXI NO ES SOLO UN AVE

Elaboración propia (Diseño IA).
El tren del siglo XXI no es solo un AVE.
Es poder llegar a un hospital. Es tener médico y ayuda domiciliaria aunque se viva en una aldea. Es que un niño pueda seguir estudiando en su comarca. Es que una persona mayor no tenga que abandonar su pueblo porque ya no puede desenvolverse sola. Es que un joven encuentre trabajo después de terminar sus estudios. Es disponer de vivienda, transporte, fibra óptica y servicios. Es, en definitiva, que el código postal no determine cuántos derechos pueden ejercerse realmente.
La demografía ya ha tocado el silbato. Jaén todavía está a tiempo de subir al tren.
Lo imperdonable sería volver a verlo pasar.
Podemos calcular cuántos habitantes ha perdido la provincia, cuántos perderá hasta 2041, cuántos municipios envejecen, cuántos jóvenes se marchan, qué renta tenemos o cuántos trenes circulan. Podemos llenar páginas de cifras, mapas y gráficos.
Pero queda una pregunta más difícil: ¿por qué una sociedad que conoce desde hace décadas su progresivo debilitamiento parece haber aprendido a convivir con él?
El título de la película El silencio de los corderos nace del recuerdo infantil de Clarice Starling. Una noche escuchó los gritos de unos corderos que iban a ser sacrificados. Intentó salvarlos, pero no pudo. Años después, aquellos gritos continuaban dentro de ella. El silencio de los corderos no era indiferencia: era el recuerdo de unas víctimas que no habían podido escapar.
Salvando todas las distancias, esa imagen me lleva inevitablemente a Jaén.
Aquí también llevamos décadas escuchando las señales. Cada joven que se marcha, cada pueblo que pierde habitantes, cada servicio que desaparece, cada conexión ferroviaria que se aplaza y cada nueva estadística desfavorable debería producir un ruido insoportable.
Y, sin embargo, demasiadas veces termina imponiéndose el silencio.
No el silencio de quienes ignoran lo que ocurre, porque ya no podemos alegar ignorancia. El silencio más preocupante es el de quienes lo sabemos y continuamos comportándonos como si nada decisivo estuviera sucediendo.
Votamos. Nos abstenemos. Cambian gobiernos nacionales, autonómicos y municipales; cambian presidentes, consejeros, diputados y alcaldes.
Pero Jaén continúa perdiendo población. Y el tiempo continúa corriendo.
Desde 1977 han transcurrido casi cincuenta años de democracia. La herencia de la dictadura fue real y profunda, pero medio siglo de instituciones democráticas obliga también a examinar las decisiones adoptadas desde entonces por Gobierno de España, Junta de Andalucía, Diputación Provincial y ayuntamientos, bajo gobiernos de diferentes siglas.
Sería injusto afirmar que todos han hecho lo mismo o que nada se ha realizado. Se han construido carreteras, hospitales, colegios, infraestructuras y servicios; se ha ampliado el Estado del bienestar y la provincia de hoy no es la de 1977. Pero tampoco esas mejoras eliminan un hecho que los datos anteriores permiten observar: Jaén continúa perdiendo terreno relativo en diversos indicadores respecto de territorios que han avanzado con mayor rapidez.
Existe también una responsabilidad ciudadana.
Una democracia no termina depositando una papeleta cada cuatro años. Una sociedad que considera que su territorio está quedando atrás debe ser capaz de transformar esa preocupación en una exigencia colectiva, sostenida y transversal, dirigida tanto a quienes gobiernan como a quienes aspiran a hacerlo.
No hablo de enfrentamientos ni de insurrecciones. Hablo de algo mucho más democrático: no resignarse y exigir resultados a las instituciones y a las propias organizaciones que cada ciudadano decide apoyar.
Porque el futuro de Jaén no se medirá por quién ganó una discusión política.
Se medirá por si dentro de quince años continúan abiertos nuestros colegios; por si nuestros mayores pueden permanecer en sus pueblos; por si existen médicos y cuidadores suficientes; por si los jóvenes encuentran empleo; por si la Universidad retiene talento; por si el ferrocarril nos conecta adecuadamente y por si vivir en cualquiera de nuestras 337 entidades de población continúa siendo compatible con ejercer los mismos derechos que quien reside en una gran ciudad.
Ahí estarán los verdaderos resultados.
En 2041 yo tendría noventa y ocho años. La edad me concede pocas probabilidades de contemplar aquel Jaén futuro. Por eso puedo escribir hoy algo que quizá otros, por responsabilidad institucional, prudencia o cálculo político, prefieran no formular de la misma manera.
No sé quién gobernará entonces España, Andalucía, la Diputación o nuestros ayuntamientos. Ni sé qué organizaciones existirán dentro de quince años.
Pero sí sé una cosa.
Si cuando llegue 2041 Jaén continúa perdiendo habitantes, jóvenes, servicios, comunicaciones y oportunidades; si, después de haber conocido con quince años de antelación hacia dónde apuntaban los datos, quienes tuvieron responsabilidades públicas se limitaron a administrar el deterioro; y si nosotros, los ciudadanos, seguimos contemplándolo en silencio, entonces ya no habrá una sola administración ni un solo partido al que señalar.
Habremos fracasado colectivamente.
Los corderos habrán dejado de gritar. No porque hayan sido salvados, sino porque ya no quedará nadie dispuesto a escuchar su lamento.
Y a quienes gobiernen entonces, sean cuales sean sus siglas, solo puedo dejarles desde hoy esta advertencia:
Si en 2041 Jaén sigue igual o peor que en 2026, que la Historia os condene; yo no podré.
Grabado del siglo XIX sobre la llegada del ferrocarril a Jaén, el 15 de agosto de 1881 (Fundación de los Ferrocarriles Españoles)



