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Por ANTONIO GARRIDO / Cumplir medio siglo de existencia es un logro importante, pero en el caso de las asociaciones vecinales ‘Passo’ y ‘El Tomillo’, en Jaén capital, constituyen mucho más que una conmemoración y un hito, significa haber superado y con nota un compromiso con sus respectivos vecindarios, cubriendo etapas sin dejar de reivindicar y exigir al poder municipal, el Ayuntamiento, de manera permanente, y aunque aún quedan metas que lograr, con mucho empeño y dedicación de las juntas directivas y el respaldo de los vecinos, han ido llegando conquistas. El aniversario permite hacer balance del camino recorrido y no caer en el conformismo, por el contrario los nuevos tiempos demandan seguir llamando a las puertas del Consistorio, también ahora de la Junta, y continuar dialogando con los munícipes responsables para que los servicios que se prestan respondan a las necesidades del vecindario en barrios que han ido creciendo y precisan de apoyo y atención permanente. La denominación de ‘Passo’ fue una decisión incontestable para unir a las diferentes comunidades a las que aglutina: Polígono del Valle, Alcázar, Sagrada Familia, Santo Rostro y Obras Públicas.

El barrio ha ido creciendo y aunque se construyó carente de servicios, incluso los más elementales, su progreso ha sido continuo, y hoy es un lugar de paso obligado hacia distintas direcciones. En los últimos días, la asociación de vecinos, siempre referente en actividades y en el ámbito reivindicativo, acaba de inaugurar un mural conmemorativo, en acto al que asistieron el alcalde y concejales del Consistorio y numerosos vecinos. La asociación se siente orgullosa de haber luchado en todo este tiempo, primero por mantenerse vigorosa y siempre por ser útil, constituir el altavoz indispensable de los problemas y necesidades de la barriada, y, sintiendo el orgullo de que las personas que asumieron responsabilidades siempre pusieran por delante el bien del Polígono y nunca otros intereses ajenos. Por eso hoy pueden celebrar con satisfacción el paso del tiempo y una tarea responsable.   

Es también el momento de mirar atrás y reconocer la tarea desarrollada por sus presidentes desde el inicio, personas comprometidas como José Cruz, Pedro Camacho, Antonio Liébanas, José Ignacio Gámez, Charo López, Ángel Ibáñez, Antonio Lara, Francisco Guijarro, Fernando Campos, María Vicenta Fernández, Lola Contreras, Rafaela Puerta, Pedro Lechuga, Ana Ferreres, Mario Liébanas, Francisco Gutiérrez, espero no haberme dejado ningún nombre de los que fueron imprescindibles. No figuran en la relación por orden cronológico. Con algunas de estas personas a lo largo de los años hemos tenido contacto fluido y conocemos de sus desvelos en favor del barrio. Recuerdo, porque llevaba yo muy poco tiempo en Jaén, el momento inicial de esta asociación de vecinos. José Cruz, un profesional taxista, fue uno de sus impulsores y de la mano figuraba la primera secretaria que tuvo este colectivo, Ana María Quílez, que ya se iniciaba en su reconocida vocación social.

El Barrio del Polígono del Valle se fue poblando con las promociones sociales que desarrollaba el Ministerio de la Vivienda, aprobadas en los últimos años del franquismo. Centenares de viviendas para crear un nuevo barrio en Jaén, hoy de los más poblados. La asociación de vecinos ‘Passo’, desde el primer momento, estuvo cerca de los problemas, de las necesidades y de los vecinos del barrio, tarea desarrollada en circunstancias especiales porque coincidía con la ilusionante llegada de la transición política y las ansias de democracia a todos los niveles, también desde el incipiente movimiento vecinal que representaba ‘Passo’ y mucha gente joven tirando del carro de esta asociación, que se ha mantenido firme en su vocación de servicio al barrio durante todo este tiempo, de manera que se le ha tildado de muchas cosas, sobre todo desde las instancias del poder, pero ‘Passo’ ha sido una asociación honesta cuya única y absoluta prioridad ha sido no descuidar las reivindicaciones de mejora para la barriada a la que representa.

Las demandas de los vecinos, desde el primer momento, estaban referidas a problemas de primera necesidad, tales como infraestructuras mínimas, limpieza, servicios sociales, etc. Como desarrollaba en un estupendo trabajo la profesora Ana Belén Gómez Fernández, sobre ‘Movilización y protesta en Jaén durante la transición democrática’, la forma más común de reclamar la atención de las entidades públicas, dentro de la legalidad, consistía, generalmente, en presentar un escrito avalado por el mayor número de firmas, aunque no faltaron formas de protesta un tanto sorprendentes. Una de las más llamativas, como recuerda la profesora, consistió en organizar a los vecinos con picos y palas para construir ellos mismos las aceras hasta llegar al colegio a lo largo de la Carretera de Torrequebradilla, hoy Avenida de Antonio Pascual Acosta. También las luchas tratando de realizar una manifestación o el envío de escritos con diversos problemas llevaban consigo una transgresión de la legalidad establecida.

El caso es que recuerdo un gran protagonismo de ‘Passo’ en el año 1976 de su nacimiento, y en los sucesivos, porque el régimen controlaba a los grupos sociales reivindicativos, por eso la Policía estaba muy presente cuando había la más mínima movilización. Eran los tiempos del granadino Enrique Martínez Cañavate como gobernador civil de la provincia de Jaén. La ciudad no es que diera muchos problemas, no quitaba el sueño a los políticos de entonces, pero al menos les dolía la cabeza de vez en cuando. El caso es que Jaén fue tardía en la participación de los vecinos en la vida pública, pero ‘Passo’ constituyó un gran revulsivo y forma parte por derecho propio, y de manera muy preferente, de la historia democrática y del movimiento vecinal en la ciudad.

Por todas estas razones creo que merece la pena que ‘Passo’ esté celebrando su aniversario porque es una manera de reivindicarse también y de que la reivindiquemos los jienenses por lo que representó en un momento clave de la historia general y de la de nuestra propia ciudad. ‘Passo’ no ha abdicado en ningún momento de su responsabilidad y gracias a ello ha conseguido mejoras para el barrio que de otra manera no se hubieran logrado.

De ‘Passo’ además de ser la asociación más veterana de la ciudad, lo que se puede destacar es que desde sus comienzos ha mantenido la misma línea, una actitud de servicio al barrio y a sus vecinos y de permanente reivindicación ante las administraciones, en especial Ayuntamiento y Junta, que son las que pueden aportar soluciones a los problemas de la zona, una de las más pobladas y castigadas por el paro y los problemas sociales. De ahí que se haya hecho también demagogia, por ejemplo ha sido habitual que algunos partidos decidieran acudir al Polígono para cerrar las campañas electorales y tratar de hacer ver que figuraba entre sus prioridades y a la hora de la verdad, con la vara de mando en la mano, si te vi no me acuerdo. El Polígono siempre ha sido recurrente, un buen conejillo de indias para los compromisos incumplidos. Algunas cosas se han hecho, pero queda mucho por encarar y dependen de la voluntad política de la Junta y del Ayuntamiento, siempre fue así.

Hace unos años el barrio, siendo su presidente el inquieto Mario Liébanas, se marcó entre sus objetivos el de mantener relaciones con la Universidad, a la que se considera vecina, porque en efecto lo es, para buscar líneas de colaboración y conseguir que el Polígono del Valle tenga el reconocimiento de la condición de Barrio Universitario, y beneficiarse de esta favorable circunstancia. No se ha cerrado aún lamentablemente ningún compromiso, pero sería un plus de significativa importancia. Lo cual quiere decir, junto a otros proyectos e iniciativas, que llegados a los 50 años de vida el proyecto de ‘Passo’ sigue muy vivo y quiere adaptarse a la realidad política y social de hoy, para hacer lo que los iniciadores de la asociación soñaron, un Polígono del Valle que sea ejemplo para la ciudad. Se ha hecho mucho, es indudable, pero queda bastante por hacer, sobre todo pensando en tantas familias que necesitan ayuda, pero igualmente seguir construyendo este proyecto de futuro en el que nueva gente aporte inquietud y ganas para dar al barrio ilusión, esperanza y confianza.

Foto: El presidente de la asociación vecinal de ‘El Tomillo’, Francisco Jesús Zuheros, en el acto de celebración del 50 aniversario.

Similar situación se da en el barrio de ‘El Tomillo’ y en la asociación vecinal San Sebastián. Este barrio está asentado sobre a las faldas de las cumbres de la ciudad, con el Castillo de Santa Catalina como emblema. ‘El Tomillo’ fue surgiendo tras la guerra civil y se asentaron en principio en la zona un grupo de familias sin demasiados recursos, como era muy habitual en aquel tiempo histórico tras el desastre provocado por el conflicto, el caso es que fueron naciendo casas unifamiliares construidas por los mismos que las iban a habitar, este fue el comienzo de un barrio que ha ido creciendo y que constituye una expresión plural de convivencia, una barriada bien avenida y en la que se han ido logrando mejoras que en gran parte hay que colocar en el haber de sus asociaciones vecinales, una tras otra. Hoy ‘El Tomillo’ es un barrio compacto, con las mismas señas de identidad que cualquier otro barrio de Jaén, con varios miles de vecinos, en torno a 4.000, según los datos consultados. Por lo demás, la historia de ‘El Tomillo’ siempre me trae al recuerdo a la figura del primer presidente de su asociación vecinal, Pedro Expósito, el impulsor del colectivo y a quien se deben los primeros logros a finales de los años setenta. Una persona irrepetible, y lo digo con conocimiento de causa, porque lo entrevisté decenas de veces y conocí el día a día de sus sueños por un barrio mejor.

En la capital, y ligado a estas dos asociaciones pioneras, todavía perdura el recuerdo de la primera corporación democrática con Emilio Arroyo como primer alcalde, que contaba en ese momento con 34 años, bajo las siglas del PSOE, con la colaboración en el gobierno municipal de Manuel Anguita (35 años) y Pilar Palazón, del PCE y PSA, respectivamente, dos piezas clave para el funcionamiento de la maquinaria municipal en un momento difícil por las expectativas que se abrían y por el mucho trabajo que estaba por hacer, pero en el que se vivía a diario, puedo recordarlo, la ilusión por mejorar la ciudad y mantener intacta la euforia democrática que había llevado a un grupo de personas al Ayuntamiento y por el talante con el que actuaron. Fue sin duda, siempre que puedo lo repito, la mejor Corporación de toda la democracia, con un grupo de UCD serio y leal como oposición, liderado por Luis Miguel Payá Albert (33 años), ya fallecido, y que por cierto había sido el ganador de los comicios locales. Con un nivel de discrepancia siempre en los límites del respeto y con más coincidencias que discrepancias en la defensa de los intereses generales.

En ese primer Ayuntamiento todos los concejales, digo bien, todos, tenían responsabilidades, los del gobierno (PSOE, con PCE y PSA) y los de la oposición, con lo que todos estaban implicados en el futuro de Jaén, ahora es diferente, y desde luego no mejor. En aquel tiempo tan especial del primer Ayuntamiento democrático surgieron las intervenciones del público al término de los plenos, permitidas y regladas, con los pioneros del movimiento vecinal, entre los que siempre era fija la intervención de Pedro Expósito en la defensa que hacía en cada sesión de su querido barrio de ‘El Tomillo’, y en cada uso de la palabra una petición. Aquella imagen participativa pasó a mejor vida, y es curioso que los nuevos tiempos lo que han deparado es una gran merma democrática, nada que ver con el estilo de unos 46 años atrás. Le llegué a tener mucho afecto a Pedro Expósito, porque en su sencillez representaba a la perfección lo que tiene que ser un liderazgo al frente de un barrio, entregado por completo y por esta razón comprendido y respetado, fue con esta actitud como consiguió los primeros cambios significativos, la democracia le sentó bien al barrio de ‘El Tomillo’. Otras personas le sucedieron, Juan José, Antonio Almazán, Rafael Zoca, Ascensión Expósito (hija de Pedro), y en la actualidad preside ‘El Tomillo’ un joven e inquieto Francisco Jesús Zuheros, quien también es la cabeza visible de la federación Objetivos Comunes (O.CO).

Hoy bien que se merecen un homenaje público estos dos colectivos porque han logrado sobrevivir y todo hace indicar que tienen cuerda para rato y seguirán cumpliendo metas. En todo este tiempo ha ido creciendo el movimiento vecinal, han surgido nuevas asociaciones para enriquecer la participación ciudadana, pero ‘Passo’ y ‘El Tomillo’ son dos referentes históricos cuyos principios son dignos de ser imitados. Larga vida.

Foto: La asociación ‘Passo’ conmemora su 50 aniversario y ha inaugurado un mural conmemorativo con la asistencia de autoridades y el vecindario.

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