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Por ANTONIO GARRIDO / Hoy, bien temprano, antes de cumplir con una cita, he tenido la oportunidad de recrearme con la ciudad en la que resisto, empezando por el Paseo de la Estación, absolutamente despersonalizado, la vía más importante de la ciudad esperando quince años a un tranvía que cuán largo me lo fiais, ya vamos por el 2026, aunque se afirma que este mismo año entrará en funcionamiento, hay que verlo, y da pena observar en qué hemos convertido la principal arteria de la ciudad y eso que ya no se aparca en las vías, o casi, porque el tranvía puede sorprender en sus pruebas. Mientras en Jaén todo cuesta más tiempo, vemos de qué manera se pone la directa en metros y tranvías de otras capitales. En esta vía principal, como es archiconocido, se levanta el gran edificio del Museo Íbero, que parece que lo tenemos más cerca con su exposición permanente, pero no nos engañemos, los trámites que quedan son de meses, en el mejor de los casos, lo que extraña es que todos esos trabajos no se hayan podido realizar en siete años que es el tiempo transcurrido desde el conocido timo de la estampida de la señora Susana Díaz, con la complicidad del PSOE de Jaén, que no tienen argumentos para irse de rositas. Eso sí, aunque tarde, parece que hay políticos que sueñan la ambición, para el Íbero se demanda que esté a la altura del Picasso de Málaga, por pedir que no quede, aunque creo que ya se ha rebajado la apuesta.

Y un poco más abajo una estación de ferrocarril que es otro monumento a la inacción, al desinterés, por llamarlo de una forma suave, de todos los gobiernos, para con Jaén, pero que ahora están arreglando para mejorar lo que llaman integración del tren en la ciudad, eso sí, manteniendo los trenes propios del siglo pasado, que son noticia un día sí y otro también por la deficiencia de sus servicios, y el emblemático edificio del Banco de España, del ilustre arquitecto Rafael Moneo, que hasta ahora ha sido una especie de totum revolutum. En esta céntrica vía y en sus alrededores hay, además del Moneo, edificios notables representativos de distintas expresiones arquitectónicas, por ejemplo las viviendas protegidas, otra asignatura pendiente y van… para la que se han hecho promesas varias, todas sistemáticamente incumplidas tanto por PSOE como por PP…o la misma estación de autobuses, que ignoramos qué harán con ella y si alguna vez se llevará a cabo el proyecto de una intermodal  que nos la prometieron en 2010, y de vez en cuando nos engatusan con ese proyecto, incluso cuando el año pasado vino el ministro Óscar Puente a hacer promesas que nos sonaban a lo mismo de siempre. Por cierto, acabo de leer en algún sitio que el actual ministro de Transportes podría ser el sucesor de Sánchez, y de ser así que el Señor nos coja confesados. El caso es que parece que da miedo a nuestros gobernantes pedir para Jaén, tenemos ese complejo de inferioridad tan interiorizado que cómo se nos va a ocurrir exigir que hagan en Jaén lo que hicieron en otros lugares, soterrar la estación. Lo cierto es que en Jaén transigimos mucho. De este modo se puede aceptar que en los últimos 25 años se hayan perdido en la provincia el 95% de los trenes, y es que hay que darlo todo bien mascado, pueden salir a la calle 2.000 personas buscando soluciones para una empresa como el Real Jaén, por emblemática y centenaria que sea, con todos mis respetos, pero del ferrocarril nos quejamos todos pero dejamos que sólo se ocupen unos pocos.

Coincido con el ilustre arquitecto don Luis Berges y en su memoria, en que podíamos tener una ciudad más bonita, debimos cuidarla. Yo asistí, muy joven, proyecto de periodista, con ojos de incredulidad, pero observando a un Jaén indiferente y pasivo, al espectáculo denigrante de la actuación de la piqueta en el vecino Teatro Cervantes, Dios les perdone a los responsables aquella traición a la ciudad. Otros golpes pudieron frenarse, de algunos episodios tuve conocimiento en mis charlas con el doctor Diego Jerez o con Manuel López Pérez. Tenemos el Jaén que tenemos, el que nos han legado, y nuestra obligación y responsabilidad es dejarlo a las generaciones que nos sucedan más hermoso. Esa impresionante Plaza de Santa María, la más importante de Jaén, en la que se hicieron obras en la etapa de la alcaldesa Carmen Peñalver, que con el tiempo no han dado el resultado que se esperaba, muchos sienten, sentimos nostalgia de su antigua imagen. Impresionante el Castillo mirador y la emblemática cruz que la distingue, singulares nuestros barrios, unos más cuidados que otros, es un placer para los sentidos pasar por El Almendral y percibir entre exclamaciones de gozo la implicación de los vecinos para poner a su barrio en el escaparate dando un grandísimo ejemplo. Por favor, espero y deseo que nuestro hermoso y querido Parque de La Alameda no se pierda, que de una vez por todas se actúe sobre el Parque de La Victoria o de la Concordia, que las nuevas y necesarias infraestructuras no nos roben la identidad del Jaén de siempre, y además con argumentos peregrinos, utilizando la sinrazón y dando la espaldas al sentir general. No es posible, ni debe permitirse, que la política no sea capaz de rectificar, incluso errores del pasado, también político, insensible al Jaén que queremos.

Me gusta Jaén, con sus virtudes y sus defectos, en unos casos porque lo hemos heredado así y en otros porque no hemos sabido hacerlo mejor. Los jienenses, yo desde luego, tenemos algunas espinas clavadas, una es el casco antiguo y otra es Jabalcuz. Siempre he defendido que pasará a la historia el alcalde que consiga prestarle a estas dos zonas que forman parte del alma de Jaén, la atención que se merecen. A todos se les llena la boca con el casco antiguo, pero la verdad es que se ha ido despoblando y los planes para revitalizarlo no llegan. Algunos hemos propuesto la presencia de la Universidad en la zona, pero no en plan testimonial, sino real, un Grado, una Facultad. Sí, ya sé que tenemos un Campus homogéneo, ejemplar en su tipología, pero para cambiar hay que apostar sin miedo y con coraje. Y Jabalcuz es lo que pudo ser y no fue, se esfumó el sueño ilusionante de Prado y Palacio. La democracia no ha hecho nada serio por recuperarlo, si acaso, por alejarlo de esa aspiración también frustrada. Ahora, no obstante, hay que alegrarse de que desde la Concejalía de Cultura se haya previsto la conmemoración del centenario de los Jardines de Jabalcuz con una gran fiesta. No es exactamente lo que reclamamos, pero al menos pone el foco en la necesidad de prestarle a ese paraíso la atención que se merece.

Por encima de todo lo que tiene que calar es nuestra vocación de ciudad y estamos también obligados a ayudar a los políticos, especialmente a los alcaldes, a seguir soñando la ciudad de Jaén y convertir en realidad los mejores sueños. Rafael Moneo, al que antes me referí, tiene señalado que “la ciudad podría considerarse la contribución más valiosa que ha hecho la arquitectura a la humanidad”. Pues eso, la queremos como es, pero abogamos por hacerla más habitable, más humana, y sostenible. Que sea esa Bella Ciudad de Luz que reza el vibrante Himno a Jaén. Dice un icono de la arquitectura como es Le Corbusier, que “La arquitectura debe ser la expresión de nuestro tiempo”, y, Octavio Paz posee una definición hermosa: “La arquitectura es el testigo menos sobornable de la historia”; en efecto, tienen que convivir lo viejo y lo nuevo en perfecta armonía, solo que me agradaría poner una condición, la que expresa la llamada “madre del modernismo estadounidense”, Georgia O´Keeffe: “La mayor parte de la ciudad corre tanto, que no tiene tiempo de mirar flores. Quiero que las miren, lo quieran o no”. Abogo por un planeamiento urbanístico, que espero que esté ya muy próximo, porque es indispensable para recrear un modelo de ciudad a medio y largo plazo, pensando en quienes la habitamos. Hay que apostar por la ciudad ideal. A los alcaldes que los juzgue la historia. Y repito una vez más, no me cansaré, que además de alcaldes, lo que necesitamos para regir los destinos de esta ciudad nuestra son auténticos líderes, que sean capaces de separar el grano de la paja, que primen el interés de la capital sobre la política, sobre todo la política partidista y sectaria, que busquen consensos y pierdan de vista esa constante pelea que en realidad lo que denota es ausencia de altura de miras.  

En este paseo por el Jaén real, ahora por la memoria, es absolutamente triste comprobar cómo no hay una postura común para poner a Jaén en el sitio que le corresponde y en cambio asistamos cada día al espectáculo de las dos verdades de Jaén que se corresponde con las que se perciben desde el poder y la oposición, da igual quién sea el poder y quién sea la oposición. Con lo que bueno que sería para Jaén verles unidos a favor de la Universidad y su progreso; en el consenso para conseguir mejores infraestructuras, comunicaciones fluidas, carreteras decentes y trenes de este siglo frente a los actuales servicios tercermundistas en los que parece claro que quienes nos gobiernan no están obligados a viajar ni a Madrid ni a Sevilla, El ferrocarril es un exponente de los más claros del fracaso de nuestra clase política. Y no existe ni una sola razón que justifique el desprecio al desarrollo ferroviario de lo que hay que hacer responsable a los dos grandes partidos nacionales. Ahora, desde hace años, nos engatusan con el AVE, después del desprecio del 92, tras la cobra del Granada a Madrid, pero nos argumentan que la alta velocidad no se compra en un supermercado. Cierto, pero han tenido muchos años y ha faltado voluntad y poder político de los unos y de los otros, de los otros y de los unos. Siempre en contra de nuestros intereses, si miramos hacia atrás padecimos el desastre de un ferrocarril, el Baeza-Utiel, que era futuro, y que se frenó cuando estaba bien avanzado porque no le debió gustar a Franco que dijo de este tren que era el capricho del ubetense General Saro, del directorio de Primo de Rivera. Para que se hagan una idea en ese tren, construido al 78 por 100, se habían invertido hasta 1964 miles de millones de pesetas. Por eso digo que la historia se repite. Los gobiernos han tenido a Jaén muy herida e indignada.

Al recorrer la ciudad a pie, a pesar de sus cuestas, me invade la melancolía del Jaén que pudo ser y no fue. Jaén sería distinta de haberse realizado el proyecto de la prolongación de Bernabé Soriano, dicen algunos. No podemos mirar hacia atrás pero sí estar alertas para que no se estropee más el armazón urbano. Me gusta el nuevo bulevar construido en la carretera de Granada para acercanos a Ifeja y a las infaestrtucturas deportivas, a la Rambla del Deporte, es más, lo sugeri hace años, se estaba pidiendo a voces esa conexión, porque la entrada a la ciudad no era atractiva, ahora sí lo es. Lamento que también por esta razón estén los partidos en la pelea adjudicándose los méritos. Creo que a todos les viene bien una cura de humildad, se les vota para que hagan ciudad, y además se les paga generosamente por ello. Por supuesto la Institución Ferial ha sido uno de los logros históricos para aumentar la autoestima y poner en el escaparate la realidad más optimista de Jaén, incluida la joya de la corona, Expoliva, que ha demostrado que somos capaces de hacer una gran feria, sin complejos y para todo el universo olivarero.

La política ha ido aplazando sus exigencias para Jaén, el primer reto era el año 2000, después el 2020, ahora vamos por el 2031 y después vendrá el 2050, siempre en permanente espera. El 2050, por cierto, es el año en que terminaremos de pagar, siendo muy optimistas, la hipoteca por la ruina económica del Ayuntamiento, que finalmente nos repartiremos como buenos hermanos. Es indignante que la irresponsabilidad y el derroche la paguemos entre todos, y lo hacemos sin rebelarnos, que es lo que merecerían quienes han provocado este escenario tan vergonzoso. Lo lejos que está el 2050 y lo cerca que están las personas. No es mi deseo entrar a considerar, porque además me llevaría tiempo, la gestión de los ayuntamientos de la democracia en la ciudad, además tengo respeto por la dedicación de los alcaldes y alcaldesa en cada momento. Todos tienen su haber y su debe, como en cualquier obra humana, pero hay algo que sí se puede y se debe poner sobre la mesa, la irresponsable deuda que ha contraído el Ayuntamiento a lo largo de los años, hasta el punto de que somos una de las tres ciudades españolas más endeudadas. Ustedes juzguen si es una situación ejemplar. Otro fracaso es el de la política de tierra quemada, obras que se quedaron a medias, con inversiones millonarias improductivas, algo difícil de explicar en políticos con un mínimo sentido de la responsabilidad.

Por eso suelo repetir con frecuencia, y reitero por segunda vez en este texto, que en los ayuntamientos y en general en las administraciones, no se necesitan políticos, sino especialmente líderes, con un concepto de la gestión en la que no se permita tirar el dinero, como ha ocurrido con el tranvía, que al final lleva camino de ser un dispendio pese a que la obra se hizo en tiempo récord. Lamentablemente hemos patentado el estilo Jaén y dejado que nos pinten el Jaén en rosa, y llega a tanto que incluso los árboles nos impiden a veces ver el bosque, el haber y el debe de los 48 años de democracia que para según que cosas nos han sentado unas veces bien, otras veces mal y otras muy mal. Vayamos corrigiendo, dicen que es de sabios rectificar.

Foto: Una vista de los Jardines de Jabalcuz, que invitan a la nostalgia. Lo que pudo ser y no fue.

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