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Por JESÚS PEGALAJAR CANO / La política andaluza ha vuelto a dejar una fotografía difícil de discutir: el liderazgo de Juanma Moreno y la consolidación del PP como fuerza hegemónica en una tierra que históricamente había sido un bastión electoral del socialismo. La gran diferencia es que 58 es una cifra cómoda y 53 es incómoda, sobre todo por las exigencias del partido que le otorgue ese +2 que ha estado a punto de rozar y que claramente le ha arrebatado el partido de Kichi en las 5 provincias donde el PP ha perdido escaño.
No conviene olvidar que Andalucía fue durante casi cuatro décadas el gran fortín del PSOE, con etapas de mayorías absolutas incontestables y una estructura territorial prácticamente imbatible. Precisamente por eso, el resultado popular adquiere todavía más relevancia política y sociológica, una moderación popular alternativa al populismo de Ayuso en las filas de un PP que ansía llegar lo antes posible a la Moncloa.
En el lado contrario, el gran derrotado vuelve a ser por cuarta vez consecutiva en unos meses el PSOE de Pedro Sánchez, ya que no existe claramente una estructura autónoma del PSOE andaluz. Nadie se atreve a rebelarse otra vez con el Ave Fénix de Pedro Sánchez.
La estrategia de elevar a la candidata socialista como la mujer con más poder de la democracia no solo no ha movilizado al electorado progresista, sino que ha terminado generando una desconexión evidente entre el relato construido desde Madrid y la percepción real de muchos andaluces. Si el ego de Pedro Sánchez no fuera tal, una candidata idónea hubiera sido otra mujer, Susana Díaz, quien probablemente habría obtenido mejores resultados y más empatía con parte del electorado.
Más allá de filias o fobias internas, Susana Díaz representaba un modelo de socialismo andaluz reconocible, autónomo y con fuerte implantación territorial. El PSOE andaluz perdió parte de su identidad cuando dejó de hablar en clave andaluza para hacerlo exclusivamente en clave sanchista y ahí es donde PP y Adelante Andalucía han sabido jugar bien sus cartas como valores andalucistas, canción popera de última hora incluida.
Sin duda merece atención especial el nuevo espacio que va a ocupar Adelante Andalucía, que logra capitalizar una parte del voto de izquierdas desencantado. Aunque lejos de competir por el gobierno, sí representa el refugio de un electorado progresista que no se siente cómodo ni con el PSOE actual ni con las dinámicas de la izquierda estatal. Su presencia confirma que existe una izquierda andalucista crítica que sigue teniendo espacio político, un nuevo partido andalucista que consigue en Cádiz su principal cosecha de votos.
Y mientras tanto, Santiago Abascal y Vox vuelven a situarse como pieza clave del tablero político andaluz. Su crecimiento puede parecer limitado, pero el dato importante no es cuánto sube, sino que resiste y se consolida. Vox ha dejado de ser un fenómeno coyuntural para convertirse en una realidad estructural de la política española y andaluza. Da igual el candidato concreto que presente: su marca política ya cuenta con un suelo electoral propio y estable, ojo en este extremo con el partido de Alvise que ya va por 100.000 votos.
La comparación de Vox con Ciudadanos o con Podemos resulta inevitable. Ambos partidos irrumpieron como grandes fuerzas de transformación y terminaron sucumbiendo a sus contradicciones internas, a la pérdida de identidad y al desgaste de sus liderazgos, una pena.
Vox, en cambio, parece haber conseguido algo mucho más difícil: fidelizar un espacio político reconocible y permanente. Carece de discurso coherente, pero está visto que a muchos de sus votantes no les importa.

El peso de las siglas y el horizonte del 2027 en Jaén

Y los resultados de las elecciones andaluzas han dejado sobre el tablero político de la provincia de Jaén una realidad incontestable: el bipartidismo tradicional resiste a pesar de la falta de renovación que encabezaban las listas provinciales. En estos comicios no se ha votado tanto a los candidatos; se ha votado a las marcas. Y aún más en el caso de Vox.
La segunda victoria consecutiva del Partido Popular en Jaén ya no puede calificarse de accidente. Que las siglas del PP vuelvan a imponerse en una provincia históricamente considerada el «kilómetro cero» del socialismo andaluz demuestra un cambio estructural.
El análisis municipio a municipio arroja una lectura inequívoca. El PSOE debe encajar unos resultados especialmente dolorosos en feudos tradicionales, un retroceso que tiene una causa clara: el indiscutible voto de castigo al sanchismo. La marca del puño y la rosa ha pagado en el territorio el desgaste de la política nacional, dejando a los alcaldes y agrupaciones locales socialistas en una posición de extrema vulnerabilidad.
El horizonte de 2027: Lo que a nivel autonómico veíamos impensable hace unos años, que dejara de gobernar el PSOE-A, hoy se dibuja como una realidad factible: que la Diputación de Jaén pudiera pasar a manos populares, tarea tan difícil como la segunda absoluta para Moreno Bonilla, y eso que después de varios mandatos consecutivos de Paco Reyes, el PSOE estrena candidato, el arjonero Juan Latorre.
No conviene olvidar que, junto a la de Sevilla, la corporación jiennense es el último gran bastión que le queda al PSOE en Andalucía. Perder Jaén o Sevilla supondría un duro golpe del poder territorial socialista en la comunidad. La extrapolación de estos resultados a las próximas municipales abriría un escenario inédito, pero evidentemente las municipales son lo que son y ahí sí que prima el candidato o candidata, con lo que la batalla más dura volverá a ser la capital, única capital de Andalucía donde el PSOE ganó las elecciones en 2022, empató en concejales, pero fue el ganador de las mismas.
Y más allá del duelo entre los dos grandes, el comportamiento del resto de actores deja lecciones importantes: Vox mantiene el tipo: Sin necesidad de contar con un candidato de especial tirón mediático o arraigo territorial, la formación ha logrado conservar su representación. Su suelo electoral se demuestra rocoso, resistiendo la fuerza de arrastre de la marca PP basándose exclusivamente en su fuerte identidad ideológica nacional.
Las izquierdas, sin levantar cabeza: El espacio a la izquierda del PSOE continúa sumido en la irrelevancia en la provincia. La fragmentación y la falta de candidatos conocidos y un discurso que conecte con la realidad de Jaén penalizan crónicamente a unas siglas que salvo excepciones han conseguido unos malos resultados en la provincia.
Y por último nuestro partido provincialista: Jaén Merece Más (JM+). La plataforma provincialista sigue evidenciando su incapacidad para exportar su discurso fuera del ámbito estrictamente local. La desconexión con el electorado en clave autonómica demuestra que las dinámicas de protesta municipalista tienen un recorrido muy corto cuando lo que se debate es el Gobierno de la Junta.
En definitiva Jaén ha votado en clave de bloques estables y siglas consolidadas, por segunda vez con predominio de la derecha, ignorando unos perfiles locales incapaces de movilizar por sí mismos.
El PP, por su parte, consolida su buen momento político en la provincia, demostrando que su marca cotiza firmemente al alza, pero que 2027 se presenta como el año de las municipales y de las Generales, porque a pesar de 4 contundentes derrotas del PSOE autónomicas, siendo además dos de ellas de tradición socialista como Andalucía y Extremadura, Pedro Sánchez ha optado por estirar y alargar su mandato hasta el límite legal, priorizando la supervivencia política y el control del aparato estatal por encima del castigo en las urnas que sus siglas ya están pagando en provincias como Jaén.

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