Por ANTONIO GARRIDO / En cualquier momento se van a convocar las elecciones andaluzas, el presidente, Juanma Moreno, que es quien tiene en exclusiva esa competencia, está deshojando la margarita y aunque está hablando de llegar a junio, que es cuando toca, en círculos políticos hay en las últimas horas un runrún según el cual podría adelantar los comicios para no hacerlos coincidir con tantas fiestas como en la primavera tienen lugar en nuestra comunidad, y a principios de junio, también el Corpus Christi. Si fuera así, ya que deben mediar 54 días entre la fecha de la convocatoria y la jornada electoral, las próximas fechas, esta próxima semana o la siguiente a lo sumo, debería aparecer la orden correspondiente en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía. Sea como fuere, en Andalucía estamos viviendo el final de una etapa y visto desde Jaén la sensación es que esta legislatura ha transcurrido demasiado rápida y quedan en el aire la mayoría de los proyectos que aguardan en la lista de espera, incluida la Ciudad de la Justicia, que todo hacía indicar que iba a ser la primera infraestructura con un presupuesto potente en salir adelante. Ni eso, por supuesto ni un mínimo avance en la Ciudad Sanitaria, que podría haber sido un revulsivo a los graves problemas de la sanidad, por mucho que ahora se repitan los mensajes de una mejora que solo ven los que no tienen más remedio que hacerlo, y por lo que respecta al tranvía, mejor ni nombrarlo, si alguna vez sale a la calle será cuestión de tiempo.
Ha sido por tanto una legislatura en términos generales bastante fallida, en la que el mayor esfuerzo lo ha hecho el gobierno andaluz en discursos grandilocuentes para contentar a Jaén, han sido pólvora en salvas, y evidentemente en cuatro años se han producido logros, hay que hacer notar que la Junta tiene la mayor parte de las competencias sobre los grandes desafíos de la provincia, pero en el reparto de la tarta no nos hemos sentido favorecidos, por el contrario, con este gobierno, como con los anteriores, nada nuevo bajo el sol, Jaén y la provincia se han consolidado como parte de la Andalucía de las dos velocidades. Es notorio que en otros territorios se invierte con más alegría y que en Jaén todo cuesta más. Eso sí, el cariño y las buenas palabras se han repetido hasta la saciedad, desde el presidente hasta el último de los consejeros, al menos los que han pisado el Santo Reino, porque a algunos y a algunas los hemos visto poco. Sí me parece oportuno destacar que los cargos representativos de Jaén en la Junta, pese a las dificultades surgidas en todo este tiempo, han estado ahí dando la cara, y me refiero, por ejemplo, al papel de Catalina García Carrasco, que tuvo que cambiar de cartera por la crisis sanitaria pero que se adaptó a Medio Ambiente donde su trabajo es reconocido. Ha pisado el territorio de manera constante y se le puede considerar al mismo nivel que antecesores suyos que fueron conocidos por estar con Jaén y los jienenses día a día, semana tras semana. Ella actúa muy bien en su papel de cuota de Jaén, nada que objetarle.
Otros consejeros han sido receptivos, como el propio Antonio Sanz, que a la postre ha resuelto, o eso parece, el conflicto sanitario de Cazorla, tras una sinrazón en la que el pueblo entero ha dado razones al poder político de la barbaridad que se pretendía consolidar de un centro de salud a las afueras del pueblo. Sanz, sin embargo, no pudo frenar la estampida de Jaén Merece Más tras el pacto con el PP en el Ayuntamiento, por incumplimientos flagrantes, aunque no fue la única causa. En cuanto a consejeros que han dado lo peor de ellos mismos y de su gestión para Jaén, es una obviedad citar al de Universidades, por el continuo hostigamiento a la UJA, que ha ido empeorando su salud financiera primero con el enemigo público número uno Rogelio Velasco, pero que ha corregido y aumentado Gómez Villamandos. Han querido, y lo han trabajado a fondo, hacer de la UJA una universidad de segunda, lo de las dos velocidades pero en el ámbito universitario. Es de esperar que con esta legislatura se acabe la persecución sistemática que pueden negar las palabras pero que evidencian los hechos.
En cuanto al presidente de la Junta, Juanma Moreno, he de decir que en él hay que distinguir muy claramente entre la persona y el personaje. Le tengo en alta consideración, ya le conocía de todos estos años, y su paso en la noche del lunes por El Hormiguero, donde a mi juicio estuvo más que bien, no ha hecho más que confirmar la opinión que me merece. Aún recuerdo los días difíciles de la pandemia cuando desde el gobierno central, el mismo Pedro Sánchez, se asomaban al televisor para provocarnos desasosiego, no sé si se acuerdan. En cambio Juanma Moreno, con su temple, transmitía siempre mensajes optimistas, que en momentos de dificultad se agradecen tanto. En el programa con Pablo Motos, que tuvo una duración muy estimable, toda España vio al que es sin duda un líder de una derecha moderna europea, hablando de lo divino y de lo humano con toda la naturalidad. A buen seguro que su aparición le ha dado votos y tal vez los que necesitaba para la mayoría absoluta, porque hay un gran sector de la ciudadanía que está harta de la tensión que acarrea la política, la extrema polarización que algunos se dedican a favorecer activamente y encontrarse con un Moreno Bonilla produce un efecto casi balsámico, esta es la realidad. Casi todo lo contrario que su adversaria que representa, se quiera reconocer o no, al viejo socialismo, andaluz por más señas, al que por otro lado tratan de denostar. Pero entre la persona y el personaje, aunque no creo que haya condicionantes impostados, la nota la alcanzaría si además de parecerlo y reunir esos méritos señalados fuera un gestor en quien confiar. Y es ese precisamente su punto débil.
Lamentablemente no es así y su etapa de gobierno no ha estado exenta de dificultades y sobresaltos, y por lo que de cerca conozco, pongo especial énfasis en los perjuicios causados al sistema universitario público en general y la UJA en particular, sin olvidar la puerta abierta de par en par a las universidades privadas, que no tendría mayor problema si las públicas funcionaran nivel excelencia, incluso financiera; en la sanidad, con una crisis que empezó con Susana Díaz, tengamos memoria, pero que con él se ha elevado considerablemente, con un panorama muy preocupante en cuanto a listas de espera de especialidades y quirúrgicas, con muchos miles de personas esperando una carta o una llamada telefónica, en tanto los gobernantes se afanan todavía en dar por bueno ese caos; y qué decir de la dependencia, que es otro desastre, listas de espera de años, mientras la consejera trata de hacernos ver que jamás se ha actuado mejor. Parece que llegar al poder es vivir en una realidad paralela, ajena a la vida de las personas. Son solo unos ejemplos de una gestión manifiestamente mejorable, por lo que esa imagen que proyecta Moreno Bonilla deja al descubierto que no todo son plácemes y en todo caso se le puede aplicar el conocido refrán de que “en el país de los ciegos el tuerto es rey”, sobre todo cuando, y coincido con él, la mediocridad preside en este momento el universo político, también en España, lo mires por donde lo mires. Con este político, Moreno Bonilla, en definitiva, existe una doble sensación, uno no sabe a ciencia cierta si aplaudirlo a rabiar o sumarse a sus más feroces críticos. Este último es un sentimiento de mi militancia jienense. Porque lo que de verdad me duele es que Jaén no ha sido una prioridad para su gobierno, aunque al menos tuvo el detalle, supongo que ya en el capítulo del postureo, de llevar buen aceite de Jaén a El Hormiguer, concretanente la marca «Prólogo», de la cooperativa Jaencoop, junto con otro procedente de Estepa (Sevilla) . Algo es algo, un detalle. También me chirría a veces el líder que se ha creado, un tanto diferente a la imagen que quiere proyectar, hacerse acompañar por todos los suyos en cualquier acto, y permitir tantas declaraciones laudatorias, incluso en exceso, de todos los que están a sus órdenes. Ese sentido del ego parece que no casa con el discurso de persona normal que con tanta solvencia se permitió exhibir. Conste que esto es moneda corriente en todos los líderes políticos, viven de la imagen permanentemente, pero me agrada que en las personas coincidan en lo posible lo que dicen con lo que hacen. Esta vez no es una crítica, es sobre todo una reflexión.
De los asuntos del día merece la pena, más que nada por lo raro que resulta, puesto que se ha hecho esperar, la publicación en el BOE de dos proyectos en relación con la autovía A32, de Bailén-Albacete, perteneciente a la Red Transeuropea del Transporte, en su recta final, con la intervención en dos tramos, de Villanueva del Arzobispo a Beas de Segura y de Beas de Segura a Arroyo del Ojanco, un total de 20,5 kilómetros para una inversión presupuestada en 278 millones de euros. Se trata de obras muy complejas y que al paso de unos cuantos años se supone que supondrán colocar el punto final a una autovía que se ha ido construyendo a trompicones, cada tramo ha sido un doloroso parto, baste decir que llevamos décadas viendo cómo discurren las obras con lentitud exasperante. En todo este tiempo se podría haber construido El Escorial. Bienvenidas sean porque es una asignatura pendiente y crónica. Cuando el presidente de la Diputación, Francisco Reyes, afirma con frecuencia que las grandes infraestructuras no se compran en un supermercado, y lo ha repetido hoy en unas interesantes jornadas sobre la realidad del Cetedex, que ha promovido la Diputación junto con COPE Jaén, ese argumento es cierto, pero también lo es que desde que estamos en democracia y han gobernado en España socialistas y populares, tiempo ha habido de construir todas las carreteras necesarias y no ha sido posible, unas veces por falta de los correspondientes proyectos, es decir, de no hacerse bien los deberes, y otras por desidia de los gobiernos. El día que se termine la A32 debería ser una jornada de fiesta local para todos los pueblos a los que beneficiará.
También hoy, puestos a felicitar, hay que hacerlo al Ayuntamiento, que ayer, en pleno extraordinario, consiguió unanimidad de los 27 corporativos de todos los grupos municipales para poner fin al contencioso del Consistorio con la empresa Aqualia, la concesionaria del servicio de aguas en la ciudad. Hace años que se inició un litigio en el que la empresa y el Ayuntamiento, en nombre de la ciudad, han tratado de defender sus respectivos intereses. Por fortuna para beneficio de todos se ha entrado en un proceso de diálogo y entendimiento, por el cual la empresa acepta que el Consistorio tiene razón en las acciones emprendidas por vía judicial, pero se dan por terminadas por este procedimiento ya que Aqualia, sabedora de que era una causa perdida, se aviene a garantizar inversiones en infraestructuras hidráulicas en la ciudad, de hecho en varios conceptos se recuperan casi 30 millones de euros para este fin, y además se cierra cualquier posibilidad de subida en las tasas del agua para las familias jienenses. El concejal de Contratación, Francisco Lechuga, tan eficaz como siempre, ha resaltado que ha debido realizarse un trabajo complejo desde el mandato anterior, pero que el esfuerzo ha merecido la pena, más que nada porque se soluciona el conflicto de buena manera y se evita una situación que de enquistarse hubiera supuesto grandes pérdidas, mientras que por el contrario durante siete años serán visibles las mejoras, tan urgentes, en las redes de abastecimiento y saneamiento. El conjunto de la Corporación ha sido sensible, lo que es bueno para la ciudad lo es también en este caso para el conjunto de los corporativos. Buen trabajo, este es el camino.
Igualmente toca felicitar a la Diputación Provincial, porque en cualquier adversidad siempre es la primera en dar un paso al frente y para los daños del temporal en los municipios jienenses, en todos, de una u otra forma, va a dedicar 50 millones de euros, que para un presupuesto limitado es una apuesta muy significativa, aunque el grupo del PP en la oposición la critique, en esta ocasión con escasos argumentos de peso. Sobre todo porque bien podría hacer lo propio la Junta, cuyo ofrecimiento es muy escaso proporcionalmente al efecto devastador de las sucesivas borrascas. Desde el gobierno de la Diputación y la propia Subdelegación del Gobierno se pone mucho énfasis en los 7.000 millones que ha puesto a disposición el Gobierno de España, ahora está por ver qué trozo de esa tarta corresponde a la provincia. Lo dicho, siempre que hay una necesidad imperiosa y sobre todo cuando los demás ni están ni se les espera, al menos en la proporción que se precisa de esas administraciones, la Diputación siempre está y es un referente de diligencia y de eficacia, de dicho y hecho, que es cuando la política cobra sentido.
Por último me alegra mucho que la ciudad haya distinguido hoy a un ciudadano ejemplar, íntimamente ligado al alma de Jaén, como fue mi grandísimo amigo Luis Escalona Cobo, “Luesco”, que en tantas charlas me enseñó a amar a Jaén y a su Semana Santa. Desde hoy la calle Muralla, en el casco histórico, está dedicada a quien durante toda su vida estuvo entregado al movimiento cofrade en particular y a la promoción de la ciudad en general. Se ha hecho justicia con el bueno de Luis. Me agrada que el Ayuntamiento sea sensible con estas deudas de gratitud y reconocimiento con personas que lo merecieron. Y queda pendiente el nombre de Manuel López Pérez, uno de nuestros grandes investigadores y escritores, sin duda el personaje más entregado durante décadas a engrandecer a través de libros, conferencias, pregones, artículos, etc., la identidad de Jaén. No es justo que hayan transcurrido varios años de su muerte y Manolo López Pérez no figure en el callejero ni ocupe un lugar de honor en cualquier edificio emblemático de la ciudad. Creo que represento el sentir de miles de jienenses que le admiraron porque a través de su propia biografía nos enseñó todos los secretos que encierra la ciudad y cada uno de los motivos para sentir orgullo permanente por ella. ¿Cuándo ese homenaje pendiente?
Foto: Juanma Moreno, a su paso por El Hormiguero, regaló a Pablo Motos dos botellas de buen aceite, una de ellas de la marca «Prólogo», de Jaén.


