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Por IGNACIO VILLAR MOLINA / El pasado año ha finalizado bajo la sólida influencia del viento de cola que ha impulsado la economía española a conseguir un crecimiento sostenido en los últimos tres ejercicios culminando este rally con una expansión del 2.9% en 2025. Esto ha permitido que España sea la referencia cierta para el resto de los países que conforman la eurozona y pueda ser considerada como el motor de la actividad económica del área del euro, resultado que cobra mayor relevancia en un entorno europeo marcado por un estancamiento, aunque moderado, de su expansión económica, especialmente en el caso de  Alemania.  

No obstante, en anteriores escritos he resaltado ciertos aspectos de índole macroeconómico que restan brillo al panorama económico de nuestro país. Me refiero al estancamiento sostenido de la baja productividad, a la lenta recuperación del nivel de la renta per cápita relativa, a niveles de desigualdad y precariedad crecientes, al alto paro juvenil, al progresivo incremento de la deuda pública, al desajuste fiscal, a la sostenibilidad del sistema de pensiones…. Si estos componentes cobran una especial relevancia, no es menor la que afecta a otros factores que son percibidos por los hogares de forma más inmediata y manifiesta, como el aumento de la cesta de la compra, España acumula una inflación del 22.1% desde 2020 mientras los salarios lo han hecho un 17%,  y, especialmente porque estos incrementos registrados son insuficientes para sostener su capacidad de compra y, lo que es más problemático, para permitir a muchos ciudadanos el acceso a la vivienda, si nos atenemos al desbocado ascenso de los precios en España, y para reforzar las muy inciertas expectativas para el segmento joven, que no encuentran la senda adecuada que les permita creer en desarrollar su plan de vida.

En este contexto los pronósticos para la economía española para este año inciden en que la positiva trayectoria de la actividad económica extenderá sus efectos benignos al menos en los dos próximos años, para los que el Banco de Espada ha estimado incrementos del PIB  del 2.0% para este ejercicio y del 1.7 para 2027, gracias, especialmente, a la contundencia del turismo, los servicios y el sector agroalimentario. Según la OCDE en 2026 la economía española entrará en una fase de crecimiento moderado, lo que refleja el agotamiento de algunos impulsos coyunturales, y la necesidad de un crecimiento más equilibrado. El consumo interno seguirá teniendo un peso elevado, aunque su fuerza será más limitada. En el mercado de trabajo el desempleo seguirá reduciéndose lentamente, especialmente el paro juvenil que seguirá siendo uno de los más altos de la eurozona. Por lo que respecta a la Deuda Pública, permanecerá elevada, situándose en el 105% sobre  PIB; a ello se une la deuda privada que representará el 160/165% del PIB; la apelación progresiva de los hogares a los préstamos para el consumo denota, en muchos casos, la insuficiencia de los ingresos regulares, especialmente en la clases menos favorecidas, para cubrir necesidades básicas de sus componentes. Esa incapacidad se hace más patente y rigurosa si la aplicamos a la posibilidad de acceder a la vivienda; según el último Eurobarómetro, presentado hace unos días, el 36% la considera como la principal preocupación de los ciudadanos, incluso antes que la inflación y su malestar por la subida de la cesta de la compra, o la inmigración, problema que tiende a aumentar volumen debido a la imparable subida de los precios que durante el pasado año ya crecieron un 13%, y que para el presente ejercicio, según los expertos, puede seguir escalando un 6/7% más.

Las precedentes estimaciones se sustentan en la sostenibilidad de otros factores de vital importancia como la evolución de la actividad económica y de la inflación y, consecuentemente en la evolución posible de las políticas monetarias del BCE, especialmente en lo relativo a los tipos de interés. En principio estas variables en este momento se mantienen en los niveles más deseados. De acuerdo con las estimaciones de los expertos del Eurosistema y del BCE, y en base a la capacidad de resistencia que está mostrando la economía de la Zona Euro, tras un año marcado por los ajustes de los aranceles y la incertidumbre previa, la economía seguirá manteniendo una evolución basada en las subidas de las rentas de los hogares, el aumento del gasto público, las mejoras de las condiciones de financiación y la recuperación de la demanda externa, el crecimiento debía situarse en un promedio del 1.2% para 2026, y del 1.4% en 2027 y 2028.

Así, en base a las proyecciones macro que realiza el Consejo de Gobierno del BCE de la evaluación económica y de los riesgos para la estabilidad de los precios, la inflación, que ha terminado en el 2% en 2025, debería situarse por debajo del 2% en 2026 y 2027, y aumentar hasta el 2% en 2028, mientras que la subyacente debería descender gracias a la moderación de las presiones salariales, de la inflación de los servicios y el precio del petróleo.

En este entorno, con una inflación controlada, un mercado laboral sólido, e incentivos fiscales para reactivar la economía, el BCE se encuentra “cómodo” con el nivel de los tipos de interés actuales. En consecuencia, no prevé nuevos recortes en 2026, salvo en el caso de que la FED (Banco Central de USA), adopte un enfoque más suave de lo previsto que pueda propiciar una apreciación excesiva del euro que podría ralentizar el crecimiento y presionar la inflación a la baja.

No obstante no podemos olvidar la influencia que tiene la situación geopolítica mundial en los pronósticos en cualquiera de los contextos que se analicen, ya que quedan supeditadas, en definitiva, a su evolución sobre todo si tenemos en cuenta que el pasado año se caracterizó por una alta inestabilidad global por los conflictos persistentes que están muy lejos de una solución final, especialmente los que tienen que ver con Oriente Medio, Ucrania y el abierto recientemente con Venezuela. Todo ello con las tensiones e incertidumbres que proyectan las tensiones comerciales y los avances tecnológicos.

Por último, es necesario referirnos a las posibles consecuencias que el panorama dibujado en los diferentes contextos analizados anteriormente pueden tener para el desenvolvimiento de los hogares o para los ciudadanos particularmente. En este aspecto es necesario frenar la incesante subida de los precios de primera necesidad que amenaza de forma especial la capacidad adquisitiva de los salarios que perciben las economías menos favorecidas, especialmente en aquellas estrategias comerciales en las que los fabricantes rebajan la cantidad de producto sin que tenga ninguna repercusión en la disminución el precio (definida en el argot como ”reduflación”), o si existe exceso de intermediarios en la cadena alimentaria, o incluso, considerar si es necesario suprimir o rebajar el IVA en algunos productos concretos, o concurren otras circunstancias que encarezcan innecesariamente el precio final del producto.

Los tipos de interés quedarán relegados a la política monetaria que pueda aplicar el BCE en función de la evolución de las variables más determinantes, inflación y actividad económica. Aunque todo parece indicar que, si no se producen alteraciones que desequilibren la dinámica actual de esas variables y permanezcan en los valores actuales, no se producirán cambios trascendentes. Tampoco se atisban oscilaciones importantes en la  evolución del Euribor que, de acuerdo con las predicciones de HelpMcash, mantendrá posiciones en 2026 entre el 2,2% y el 2,3$, siguiendo la estela de los tipos de interés oficiales del Banco Central Europeo. Aunque algunas entidades están haciendo retoques al alza de los tipos fijos su cuantía no parece ser decisiva para cambiar el criterio dominante de los nuevos titulares de una hipoteca, ya que prevalece el tipo fijo en el mayor número de las contratadas en los últimos meses, sin olvidar que cuanto más bajo sea el ratio de financiación respecto al 80%, y el de capacidad de pago respecto al 30/35%, las posibilidades de obtener una hipoteca por debajo del 2% siguen estando muy abiertas.

Por otro lado, la rebaja de tipos hasta el 2% resta posibilidades a los ahorradores de perfil más conservador, de obtener rentabilidades adecuadas para combatir la pérdida de poder adquisitivo. La estrategia, en este caso, debe ser seguir confiando en los Fondos de Inversión adecuados a su perfil, si no quiere plantearse aceptar algún riesgo medido para obtener mayores beneficios. En cualquier caso dejarse asesorar por su asesor de confianza debe ser lo más acertado.

Foto: El Confidencial.

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