Por JULIO PULIDO MOULET /
El próximo martes día 13 está previsto que se celebre en Jaén una jornada de trabajo bajo el título ‘Biometano, una visión científica y social’, que abordará las ventajas que supondrá la descarbonización para la economía circular tras la implantación de plantas de producción de las llamadas energías renovables que en Jaén y provincia cuenta con 23 proyectos en vías de desarrollo y que están generando un rechazo social amplio. Organiza el encuentro Gas Renovable.com y la única referencia de quién está detrás de esa web es el nombre de la que presentará la jornada: Yolanda Díaz. No sabemos por tanto qué empresas o inversores patrocinan la jornada, lo que ya de por sí indica un cierto ocultamiento.
Pero vayamos al principio de una historia que presumo larga y en la que ya se han mezclado intereses económicos con posicionamientos políticos una vez que las voces y actos de protesta se han generalizado en la población.
Todo comienza cuando el presidente Moreno Bonilla presenta en Jaén la Alianza Andaluza por el biogás y el biometano sin que por entonces ni su partido adversario ni asociaciones de cualquier tipo pusieran objeciones al anuncio, toda vez que iba ligado a los postulados de la Unión Europea a través de la agenda 2030. Y así se iniciaron procesos para cubrir Andalucía de ese tipo de instalaciones mediante la solicitud de Autorización Ambiental Integrada por empresas, muchas constituidas sobre la marcha con ridículos capitales sociales y que en realidad eran pantalla de grandes grupos de inversión, bancos y fondos universalmente conocidos.
En algunas regiones como en Castilla la Mancha fueron más aprisa y pronto se tuvo noticia a través del alcalde de Casas Buenas (Toledo) del funcionamiento de una de estas instalaciones en las proximidades de su municipio, que desprendían olores y emisiones que impedían al vecindario la sana costumbre de abrir sus ventanas para airear las viviendas. Ese testimonio llegó a Jaén y fue el detonante que dio lugar a la situación de protesta generalizada que recorre la provincia. Y fue Mengíbar que ya «disfrutaba» de una empresa celulosa y de una orujera cercana la que inició la orweliana revolución de las aldeas y los pueblos que se supo que iban a estar afectados. Así Jaén con instalaciones previstas en Las Infantas y en la carretera de Fuerte del Rey, Andujar, Ubeda, Villanueva del Arzobispo, Alcalá la Real, Vilches, Puente del Obispo, Torredonjimeno, Martos y algunas más que no recuerdo con exactitud, iniciaron un camino de conocimiento de lo que se avecinaba y comenzaron las manifestaciones y protestas ciudadanas.
Y en ese preciso momento fue cuando los políticos cayeron en la cuenta que en unos meses tendremos elecciones autonómicas y que un pueblo en formación cerrada de protesta no era escenario favorable a sus intereses. Y como el voto manda, lo que hasta entonces parecía un idílio PP/PSOE se convirtió en motivo de que los segundos pidieran a los primeros revisiones, paralizaciones, nuevos estudios de impactos ambientales y de salud, pero sin decir un no rotundo ni un si con condiciones. En suma una puesta de perfil y un partido de baloncesto en el que unos a otros se mandan la pelota para que la cuelguen en sus respectivos tejados.
Mientras tanto las plataformas antibiogás y antibiometano constituidas en las poblaciones afectadas empezaron a recabar ayuda de expertos como los profesores Turiel y Valladares, miembros del CSIC, que son contrarios a estas instalaciones. En un paso siguiente todas las plataformas locales se unieron en una sola a nivel provincial.

Foto: Imagen de la manifestación celebrada en Jamilena, en protesta por la planta proyectada en Torredonjimeno..
En Jaén el argumento exhibido como gancho y aireado por el propio presidente de la Diputación era que el subproducto, que no residuo, del olivar una vez terminada la recolección, el llamado alpeorujo, era el material adecuado para ser tratado en este tipo de plantas. Se eludió, supongo que para evitar alarmas, que con alpeorujo solo es imposible obtener gas en cantidad rentable al costo millonario de esas macroinstalaciones (la de Martos por poner un ejemplo 160.000 metros cuadrados) siendo por tanto necesario mezclar ese resultado de la recogida de la aceituna con los llamados sandach, que son restos de animales muertos, purines, gallinazas, lodos, bagazos de cerveceras, estiércol y otras «mierdas» con perdón de la expresión. Y es en ese tratamiento en el que aparecen las emisiones de sulfuro de hidrógeno, metano y otras sustancias perjudiciales para la salud, para los acuíferos, para los cultivos colindantes y para la fauna y flora próximas. Y en ese punto es ya donde la protesta se recrudece y se aproxima a la polarización que vive el propio país.
Muchos se preguntan ¿tan malo es la implantación de esas nuevas energías? Por supuesto que no y todos coinciden en ello. La discrepancia viene por el método. En países como Alemania existen 9.000 microplantas adosadas a explotaciones agroganaderas que reciclan sus residuos, fabrican su propia electricidad y cumplen un fin social sin producir altas emisiones de gases a la atmósfera. Lo que en nuestra provincia se pretende son monstruosas instalaciones, por cierto manejables por su automatización con poco personal, y que reportan escaso beneficio a las poblaciones en las que se instalen. Y añadidos, para no hacer largo el tema, problemas logísticos de transporte de desechos, uso por camiones de gran tonelaje de vías pecuarias, filtraciones, etc.
En resumen beneficio para los rostros ocultos que están detrás de esa web de nombres genéricos, de esos grandes capitalistas que además en muchos casos sólo buscan las millonarias subvenciones públicas y todo a costa de invadir los lindos cielos azules de este Jaén que como escribió el poeta sigue siendo rica, la pobre.
Foto: Las acciones y actos de protesta se han generalizado en las poblaciones afectadas. En la imagen, protesta en Martos.



