Por MARTÍN LORENZO PAREDES APARICIO /
A LA VIRGEN DE LOS DOLORES DE JESÚS
¿Qué tienes, oh mi Señora,
que tu dolor adivina
la noche tan repentina
que termina con la aurora?
¿Qué tiene mi Sanadora,
que en su semblante, la brisa
amaina la eterna prisa
entre la muerte y la vida?
¿Desde las almas perdidas
por qué tu luz se divisa?
A LA VIRGEN DE LOS DOLORES DE SAN JUAN
(ARCO DE SAN LORENZO)
Es medianoche en el cielo,
el arco y la muchedumbre,
las estrellas son de lumbre,
la saeta enciende el duelo.
La Virgen busca consuelo.
Mira el trueno enloquecida,
ve a su hijo muerto, sin vida.
Calle arriba va su pena.
¡Qué injusta fue la condena!
La madrugada se olvida.
Al Cristo de Santa Clara
¿Quién escondió tu belleza?
¿Quién ocultó tu partida?
¿Acaso sería la huida
de un escultor sin nobleza?
Ya no habrá más tristeza.
Por fin, nace tu leyenda.
Jaén conoce tu senda
para poder ir a amarte
o tus pies siempre besarte.
Y tu luz es mi encomienda.



