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Por MARTÍN LORENZO PAREDES APARICIO /

Queridos Reyes Magos, mi primer deseo es que mis hijas y mi mujer sigan con la salud tan buena. Que sus vidas sigan iluminando la mía. Después, me atrevo a pediros por la paz en el mundo, algo que sé que es muy difícil de conseguir, pues no está en vuestras manos. Qué hermoso sería nuestro planeta si la naturaleza nos librara de los seres humanos malvados que nos gobiernan conocidos por todos nosotros debido a su falta de empatía y de amor a Dios. Pues, ciertamente, cada vez lo tengo más claro que la mejor manera de amar al prójimo es amando a Jesús.
Permitidme, también, que os pida otro tipo de demandas dirigidas al lugar en el que vivo. Son deseos sencillos, fáciles de cumplir. No creo que tengáis muchas dificultades, ya que vuestra magia y vuestro buen hacer son las mejores credenciales.
Sabed, que vivo en una ciudad especial, una urbe milenaria en la que el buen hacer de nuestros gobernantes por la cosa común es su principal diferencia respecto a los de otras ciudades. Por ello os pido que los guieis con firmeza para que sigan poniendo antes los intereses de mi ciudad a los de su partido.
Que sigan obrando con rectitud, y alcancen acuerdos definitivos en temas tan importantes como: la puesta en marcha del tranvía, la buena organización de la circulación de los vehículos a motor, el lanzamiento de las normas y medidas necesarias para dinamizar, de nuevo, el pequeño comercio de la ciudad, prestando especial atención en hacer que nuestras calles y plazas vuelvan a ser ocupadas por los ciudadanos. Últimamente, majestades, tengo la sensación que la ciudad de Jaén es una gran terraza de bar.
Que se centren nuestros altos gobernantes en dignificar de una vez por todas el casco histórico, apremiando a la Universidad a una presencia física de verdad. Sé que, al igual que yo, os imagináis una facultad por el barrio viejo.
Una facultad que supondría traer a la juventud que tanta falta nos hace en el viejo Jaén.
Os escribo esta carta, desde la penumbra de un salón que, también, es mágico y antiguo como vosotros, y por supuesto eterno.
El edificio en el que está es un convento que se aparece en las noches de luna llena. El inmueble está cerca de otro convento y de un palacio que ya no está pero que podría renacer si los que nos mandan se pusieran manos a la obra.
Por eso queridos Reyes Magos, espero que este 2026 sea el resurgimiento definitivo de mi ciudad.
Sin embargo, tenemos que decir que esta puesta en valor tiene que estar acompañada de comportamientos modélicos de mis paisanos. El tiempo de que la culpa es exclusiva del munícipe ha pasado. Es necesario que el jaenés abandone la trinchera en la que descansa su ombligo y sea capaz de fabricar alianzas con sus conciudadanos.
Esperando vuestra magia, recibid todo mi amor.

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