Por ANTONIO GARRIDO / La imagen de los tres caretos de los políticos que hoy han dado la cara para hablar del presupuesto municipal que debe aprobarse de urgencia, supongo que esta misma semana, es todo un poema. No era la primera comparecencia respecto a las cuentas del Consistorio, pero en las distintas convocatorias se han ido cambiando los semblantes en función de las circunstancias, y esta vez hay que reconocer que el panorama es bastante sombrío, serio, aunque haya presupuestos, que finalmente parece que los habrá, pero con unas severas imposiciones del Ministerio de Hacienda que es el amo del Ayuntamiento, porque aunque a veces a los políticos se les olvide la historia reciente de las últimas décadas en las que hubo alcaldes y ediles que hicieron y deshicieron a su antojo, la realidad es que ese Ministerio del que los populares vendieron que iba a condonarnos la deuda de un plumazo, se ha puesto muy serio y exigente con los responsables públicos y no están por permitirle ningún exceso más.
No solo me parece bien, es lo justo, porque en ocasiones en la instancia municipal ha dado la impresión en este Ayuntamiento y en algunos inmediatamente anteriores, de que habían llegado nuevos ricos y se conocen dispendios clamorosos, impropios de una institución intervenida, y unos y otros han hecho prosperar decisiones que desde fuera nos parecían auténticas barbaridades, incluida la política de personal, ya he comentado por activa y por pasiva que en un Ayuntamiento con tal carga de deuda no se sostiene que se estén pagando tantos sueldos a concejales del gobierno y de la oposición, cuando no hay dinero hay que cortar por lo sano y bien está que reciban su salario quienes se encuentren con dedicación exclusiva, pero también aquí debió establecerse una limitación, y no sé si Hacienda ha hecho alguna llamada sobre la cuestión. De la misma manera asombra que se haya aumentado la plantilla tanto en puestos fijos como eventuales, y esto no es obra de un gobierno, sino de todos, que nadie se rasgue las vestiduras.
En definitiva, que a la hora de elaborar un presupuesto, que Jaén Merece Más urgía en la moción de censura y que la racionalidad está demandando porque las últimas cuentas aprobadas son de 2017, ha habido quienes pensaban que iba a ser un paseo militar, confiando en la compresión política de un gobierno del mismo color o en el caso de JM+ un socio puntual, pero nada que ver con las previsiones iniciales. Es cierto que el PP vendió a bombo y platillo que el Ministerio de Hacienda y María Jesús Montero compraban la Alcaldía a cambio de perdonar la deuda, y quienes firmaron la moción de censura lo negaban, pero en el fondo les venía bien que de cara a la opinión pública trascendiera la posibilidad de decir adiós a la deuda que arruina al Ayuntamiento y a Jaén. Poco tiempo después despertaron del sueño porque lo único que la ciudad recibió del Ministerio es un aplazamiento de diez años en el pago de los intereses, es decir, y lo he subrayado en innumerables ocasiones, pan para hoy y hambre para mañana, porque estos 600 millones de la discordia los vamos a estar soñando durante mucho tiempo, condicionan la gestión municipal, por muy ufanos que se muestren los responsables políticos, y, claro que sí, el Ayuntamiento es una silla eléctrica donde por muy buena voluntad que se tenga es difícil adivinar qué va a pasar de aquí a unos años, y no hay ninguna varita mágica que permita transformar el panorama, la deuda no ha aparecido por arte de magia, es, también lo he comentado decenas de veces, la suma de gestiones y gestores irresponsables con el agravante de que no se han visto en la necesidad de dar explicaciones a los ciudadanos ni de acudir a un juzgado como hubiera sido normal.
Deuda, cómo lo voy a decir para que quede claro, que en su cuota parte cada uno de ellos, se debe a las etapas de gobierno de PSOE y de PP, de PP y de PSOE, por lo que es contradictorio que los populares pretendan hacer sangre con el presupuesto de ahora como si ellos simplemente pasaran por allí, como si sus siglas no estuvieran también manchadas. Le azuzan a los ciudadanos con la subida de impuestos, que saben que es lo más molesto e indignante, pero no se atreve ninguno a confesar sus propios pecados o a ofrecer otras recetas, porque no la tienen. Todos entran en la facilidad de la demagogia y pensando en los votos, pero el pueblo, la ciudadanía de Jaén sabe o debe saber que no hay recetas mágicas, que el dinero tan pésimamente administrado por los ayuntamientos durante las últimas décadas tienen que recuperarse, es decir, han de salir de algún sitio y somos conscientes de que la peor parte la llevamos los vecinos, que hemos de pagar los platos rotos de tanto político inútil e ineficaz que han querido tener su minuto de gloria dejándonos huérfanos de futuro. Es contra eso contra lo que hay que rebelarse. No le arriendo las ganancias a las personas que se han visto en el desagradable papel de elaborar, con tantas dificultades, un presupuesto para 2026, y sí, en algún capítulo parece que se les ha ido la mano y Hacienda, que tiene técnicos que se las saben todas, les ha echado el freno.
No me extraña que en la conferencia de prensa de hoy el concejal responsable del Área Económica, Francisco Lechuga, que bastante mérito tiene, como otros que lo intentaron antes y declinaron en el intento, haya reconocido que a punto ha estado de arrojar la toalla. Es absolutamente normal, sobre todo para alguien que no necesita de la política para vivir, como ocurre en otros casos. Desde luego, es para salir corriendo y más si observas que en la casa, o desde la oposición que también en determinados momentos tiene el deber de ser constructiva, en vez de ayudar aprovechan la adversidad para sacar rédito de un problema, lo diré una vez más, que es de todos, sálvese quien pueda. Se ha perdido la oportunidad de señalarles con el dedo, más que nada para que no paguen justos por pecadores y para que la ciudad conozca a quienes nos van a hipotecar en varias generaciones, porque por muchas palabras bonitas que los munícipes quieran pronunciar para quitar hierro al asunto, la situación es altamente delicada, muy grave, y hoy sí se ha hecho constar de manera más transparente que en otras ocasiones.
Lo demás lo han expresado los rostros del alcalde, Julio Millán; de la primera teniente de alcalde de Jaén Merece Más, María Espejo, y el concejal responsable en primera instancia de cuadrar el círculo, Francisco Lechuga.
Pues claro que Hacienda ha impuesto exigencias, no se fía del Ayuntamiento, habida cuenta su historial, de ahí que han quedado en la situación de indisponibles 19 millones de euros, esos ingresos y esos gastos de dudoso razonamiento, y como ha explicado el alcalde, condicionantes debidos a la situación de las arcas municipales. Ha dicho más Julio Millán, por si a alguien la cabe duda: “La situación del Ayuntamiento de Jaén no ha dejado de ser de extrema gravedad y así lo tenemos que trasladar a estas cuentas”, parece que Hacienda les ha advertido muy seriamente y los responsables han entendido de una vez por todas que esto va en serio y que no hay ningún perdón para una herencia que es una muy pesada losa que va a seguir lastrando el futuro de la capital por muchas palabras bonitas que de vez en cuando traten de hacernos llegar. El alcalde lo ha dicho con manifiesta claridad: “El Ministerio no nos ha regalado nada”. Es lo lógico, hay muchos ayuntamientos en España, la mayoría, que son cumplidores, que se afanan en hacer bien la tarea y no corresponde una discriminación positiva a quien ha estado de manera reiterada saltándose las normas hasta provocar una deuda inabarcable.
¿Qué le toca hacer en esta situación crítica al Ayuntamiento? También se ha dicho hoy en la comparecencia con aire de funeral: mejora de la organización interna, más ahorro, ajustes en todo aquello que no sea absolutamente imprescindible para prestar servicios a la ciudadanía, al tiempo que generar recursos mientras se adoptan medidas de equilibrio presupuestario. Lo que no se ha hecho ni siquiera desde 2017 hasta aquí, porque a grandes males se corresponden grandes remedios. Pues a pesar de todo lo dicho y de que el panorama es desolador, no caben más que dos alternativas: una, cerrar el Ayuntamiento, que obviamente es algo que no se puede hacer, y otra, la razonable, por vergüenza torera y por un sentido de la responsabilidad y de la exigencia institucional y democrática, tratar de sobreponerse a la situación tan difícil y no dar ni un solo paso sin que deba ser el camino elegido, no ya para salir de la situación, que costará aún sangre, sudor y lágrimas, sino para frenar en lo posible e ir sentando las bases de un futuro que por el momento veo muy lejano, aunque ojalá los milagros existan y esta maravillosa ciudad que nos acoge pueda salir de este pesadilla, al tiempo que aprenda a votar a gente responsable que cuide del progreso en vez de en ellos y ellas mismos. Me da mucha pena de Jaén, pero no tengo otra manera de expresarlo, no quiero caer en el alarmismo exagerado, no nos lo merecemos, pero la situación no aconseja dulcificar ni trasladar un mensaje contrario a la verdad, aunque nos duela. Y sí, la comprensión es gratis, y también es una forma de compromiso.


