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Por ANTONIO GARRIDO / La que tenemos liada en el mundo. Cada vez estamos más cerca de un conflicto mayor y eso que los que se están sucediendo en los últimos tiempos han sido gravísimos y lo siguen siendo. Cada vez que muere una sola persona a causa de la soberbia de los poderosos, excuso decir cuando se trata de niños, es un paso atrás hacia el abismo. Muchas de las personas que ostentan o detentan el poder están enfermos, locos de atar, y obsesionados con las guerras, un belicismo atroz, como el que que ahora nos conmueve en Oriente Próximo, y no solo porque nos sintamos concernidos, que también, sino porque la violencia engendra violencia y nunca se sabe cómo puede terminar y el ansia de poder, de venganza y de sangre, que parece figura en el ADN de algunos de los poderosos que, pobres de nosotros, tienen en sus manos el futuro de la humanidad entera.

En este momento, cuando Trump está exhibiendo su fuerza, porque en su desmedido narcisismo se siente el hombre más poderoso del universo, me siento obligado, en parte por patriotismo y porque odio las malditas guerras y a las personas que las provocan, como denunciaba el recordado político, Julio Anguita, a tener cierta compasión por el presidente español, Pedro Sánchez, que por mor de la polarización política que existe en el país hay un elevado sector que aplaude su postura de enfrentarse a Trump, que ya hay que echarle valor, porque todos los mandatarios abogan por ponerse de su lado y evadir los problemas, en tanto que la otra parte lo critica con severidad porque le reprocha con dureza cómo tiene el valor de toserle al dueño del mundo. También es verdad que aunque traten de desmentirlo tal vez no sea tan fiero el león como lo pintan y los medios recogen el envío de fragatas desde suelo español, con lo que Sánchez trata posiblemente de jugar a un doble juego, el del político estricto y el que, probablemente acuciado por los expertos que conocen los compromisos de los acuerdos internacionales más que el propio Sánchez, le instan a no molestar demasiado al presidente de los Estados Unidos. Tampoco hay que olvidar y lo he leído, que medios de comunicación tan influyentes como el Financial Times, ya han llamado al presidente español “la némesis de Trump en España”. Entre locos anda el juego. Esta impostura norteamericana no es nueva, y tampoco es obra exclusiva de Trump, aunque es el que más espectáculo provoca, como seguramente la mayoría conocen. Tenemos de referente a José María Aznar y su sumisión a la guerra de Irak que fue tan dolorosa, pero accedió y trató de convencernos de la bondad de su defensa, y a vendernos una terrible mentira mientras los altos dignatarios “estaban trabajando en ello”.

No soy del club de fans de Sánchez, pero al menos, aunque esté más quemado que la pipa de un indio, es español; en cuanto a Donald Trump me parece que es lo peor que le ha ocurrido al mundo en este momento histórico, porque se trata de un personaje sin medida y de él se puede esperar poco bueno, incluso que tome represalias con España y nos castigue todo lo que pueda y más. El problema no es ese, la verdadera dimensión de lo que está sucediendo es que se ría a carcajada limpia de los pueblos del mundo y por supuesto de quienes los rigen, y se crea con el derecho de imponer sus leyes. Y si nos cierra el grifo ya estamos perdidos, por ejemplo con un sector tan sensible para nuestra provincia como es el aceite de oliva, que tampoco es el único afectado, con el que si se lo propone pueda causar a nuestra economía un importante quebrantro. Por eso el sector está inquieto, es complicada la calma en el mundo olivarero, siempre hay que estar mirando hacia alguna dirección por los problemas sobrevenidos.

La sociedad está también dividida en torno a este complejo asunto, o rebajarnos ante el todopoderoso e indeseable Trump, por lo menos lo es para mí, al que solo le importa la economía de su país y le tiene sin cuidado un mínimo de solidaridad con el resto de quienes poblamos la tierra, es más, sus principales adversarios casi siempre son los pueblos débiles, los que padecen. Y prevengo en que no estoy pensando en política en ningún momento, lo hago solo desde la ideología de la dignidad, del respeto a los derechos humanos y a la vida de tantos inocentes que mueren porque son víctimas del capricho de quienes dominan el planeta. Lo siento y me duele porque cada vez que el mundo estornuda con una guerra esta provincia coge un resfriado importante, tenemos una enorme dependencia exterior en muchos aspectos, como es lógico, pero esta situación tampoco nos debe hacer ni cómplices ni sumisos. En estos días se está divulgando el conocido slogan de “No a la guerra”, como si negarse a los conflictos bélicos fuera un pecado en lugar de constituir una virtud. Esto me lleva a concluir que no solo está loco Trump, que es el mundo entero el que ha perdido el norte, incluso el sur, y que es tal el cúmulo de intereses que hay mandatarios que ante el temor de perder notoriedad en este universo de gobernantes sin escrúpulos que son capaces, lo están haciendo, de defender a la vez una causa y su contraria. Pero no todo vale, y menos perder nuestra dignidad.   

Este es con diferencia el asunto que nos encontramos constantemente en los medios de comunicación. Ya en casa tampoco nos faltan argumentos para dar y tomar, por ejemplo el anuncio del nuevo parón en las licitaciones para el tranvía, a causa del recurso de una de las firmas aspirantes. Ya dije hace unos días que lo mejor, y no es broma, sería volver a la normalidad y olvidar estos quince años, al fin y al cabo en Jaén estamos hartos en las últimas décadas de derrochar dinero y precisamente así nos va, el tranvía iba a ser el mayor despilfarro posiblemente, pero en ese capítulo no estaría solo. Es vergonzoso que algo que debería haber pasado todos los trámites procedimentales sin el más mínimo problema esté encontrando tantas dificultades. Hay que olvidarse de que el tranvía circule por las calles de la ciudad antes de las elecciones autonómicas y va a figurar fundamentamente en el debe de la Junta, en cuyas manos está. Faltan palabras para enjuiciar un proceso en el que la gestión política ha quedado tan en entredicho, y no me refiero solo a ayer o el año pasado, esta historia  es una sucesión de hechos que dicho sea de paso se corresponden con otros proyectos que están pendientes, con lo que es un problema de la provincia, que sigue padeciendo la falta de compromiso con hechos, no con palabras. Hoy he leído que en sede parlamentaria ha dicho el consejero de Justicia que pronto se adjudicará la obra de la Ciudad de la Justicia. Ese “pronto” ya se viene repitiendo hasta la saciedad, incluso llegaron a culpar al Ministerio de Hacienda de los retrasos. Me cae bien el consejero de Justicia, lo tengo por serio, pero los plazos no se defienden, ya entran en el capítulo tan genérico de la falta de credibilidad.

Viene a cuento ligarlo con el problema de la insuficiencia financiera de las universidades andaluzas, y en peor situación de la Jaén, y la rebelión de los rectores, al menos hasta ahora parece que la ha habido. En la comunidad de Madrid, el hecho de que los rectores hayan hecho piña ha surtido efecto y la presidenta Ayuso ha firmado con ellos la pipa de la paz y les ofrece en cinco años para el reparto entre las instituciones académicas la nada despreciable cifra de 14.800 millones. Es de suponer que cumplirá lo prometido, porque esta es otra cuestión, también en Andalucía existe un modelo aprobado, el problema es que no se cumple, y Juanma Moreno, al menos hasta el momento, no ha sido capaz de asumir responsablemente lo que en primera persona prometió a los rectores. En este caso, insisto, si es para cumplirlo, Ayuso le ha ganado esta partida a Juanma Moreno, y por goleada.

Y por supuesto hay que alegrarse del reconocimiento que se acaba de hacer al gran escritor jienense Juan Eslava Galán, al que precisamente la Junta ha decidido dar su nombre al Instituto Provincial de Educación Permanente. Eslava es uno de los grandes autores que ha dado esta provincia en el último medio siglo largo y aunque es profeta en su tierra y ha recibido numerosas distinciones, es muy acertado que las instituciones y la sociedad piensen en él con gratitud a su figura y a su obra, en la que siempre Jaén ha estado tan presente. A tal señor, tal honor.  

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