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Por IGNACIO VILLAR MOLINA / En economía el Indice de Precios al Consumo (IPC) es un indicador esencial para medir la variación promedio del precio de un conjunto de bienes y servicios representativos de los hábitos de consumo de una población. Se trata de una métrica muy importante ya que ayuda a evaluar la inflación, es decir el aumento generalizado de los precios de una economía durante un período determinado. El cálculo del IPC lo realiza el Instituto Nacional de Estadística (INE); cerca de 200 empleados de este organismo visitan diferentes establecimiento comerciales de toda índole a lo largo de la geografía española para recoger los precios de los artículos más consumidos por los hogares españoles, cada mes se anotan más de 200.000 precios de los 500  artículos y productos seleccionados en base del gasto de las familias en cada uno de ellos, que, en definitiva, constituyen la cesta de la compra. Estos artículos están distribuidos en 13 grupos, que incluyen alimentación y bebidas no alcohólicas, ropa y calzado, salud, vivienda, educación, ocio, seguros etc…El dato del IPC debe ser representativo y comparable, permitiendo ser utilizado como medida de inflación, revisión de contratos de diversa índole, y como punto de referencia para la negociación colectiva, entre otras posibilidades. Sin embargo el IPC de los diferentes países no es comparable entre sí ya que no todos los países tienen hábitos y comportamientos de consumo comunes que permitan una comparación fiable. Para ello se calcula el IPC armonizado cuya mecánica, aunque muy similar a de la inflación general, está adaptada a una metodología especial consensuada y aceptada por todos los países y coordinada por Eurostat, la Oficina Estadística de la Unión Europea, facilitando comparaciones internacionales a todos los efectos.   

El IPC se publica el día 13 de cada mes, aunque la Oficina Estadística del INE suele adelantar una estimación a fin del  mes correspondiente, que puede ser ratificada o corregida  por la oficial definitiva. Por otro lado, si la inflación como tal mide la evolución de los precios a nivel general, los países necesitan conocer la evolución de este factor con independencia de los eventos y circunstancias coyunturales o transitorios, muchas veces externos, para implementar y mediar con mayor rapidez los resultados de sus políticas económicas internas, a tal fin utilizan el dato de la inflación subyacente, cuyo mecanismo de cálculo es el mismo que el señalado anteriormente para conocer el IPC general, pero, en este caso, dejando al margen el cómputo relativo a los productos energéticos, y a los alimentos no elaborados. Un ejemplo muy próximo lo podemos constatar en la crisis bélica y la alta volatilidad que sus efectos están provocando en el precio del petróleo y su consiguiente repercusión en los precios de muchos artículos de la cesta básica, ya que su cotización está sometida a factores que alteran su producción o transporte, y no solo por el caso del conflicto bélico, sino que  también puede estar influido por otros inconvenientes como problemas logísticos, fenómenos atmosféricos, o de otra índole no habitual.

El último dato publicado relativo al IPC armonizado de Mayo en la Eurozona, lo ha situado en el 3,2%, ratificando el gran salto que ha tenido la inflación desde Febrero, mes en el que se inició el conflicto bélico con  Irán, lo que ha  supuesto una  subida del 1.3%, si bien si se elimina el impacto de la energía el dato habría sido del 2,4%. Por lo que respecta a España el dato de inflación general fue del 3.2%, el de la inflación subyacente el 3%, y el dato armonizado se situó en el 3.6%.

Estos datos han alterado el  deseado nivel del IPC del 2% de la Eurozona conseguido en el mes de Febrero, obligando al BCE, como controlador de esta decisiva variable, a incrementar los tipos de interés oficiales en un 0,25% para situarlos en el 2.25%; si bien, desde instancias de esta institución se señala que, por el momento, no “observan indicios de que se hayan producido efectos de segunda ronda, lo que parece sugerir una pausa para acometer nuevas subidas, aunque en su intención está evitar tensiones inflacionistas más elevadas,  como sucedió tras el inicio de la guerra en Ucrania en 2022, que después cueste mucho reducir. Sin embargo los analistas prevén que los precios continúen en tasas elevadas en la zona euro hasta el segundo semestre de 2027 cuando, en su opinión, volverían a converger en el 2% deseado.

La actuación del BCE no ha sido seguida, por el momento, por otros importantes bancos centrales como la Reserva Federal estadounidense, o el B. de Inglaterra que, no han efectuado variación alguna de las tasas de interés. En cualquier caso la mayor dependencia estará centrada en la evolución de la inflación que vendrá muy determinada e influenciada por la  fluctuación del precio del petróleo, y por la consolidación del acuerdo de paz del conflicto bélico que incluye la normalización del tránsito por el Estrecho de Ormuz, aunque, en el mejor de los casos, su habitual tráfico tardaría al menos 2/3 meses en recuperarse. La gran incógnita, sobre la que se especula en todas las instancias económicas y en los mercados, es si en los meses venideros deberán producirse nuevas subidas ya que los efectos de la escalada del precio del petróleo, aunque en los últimos días su precio está acortando distancias respecto al anterior del conflicto, se ha extendido a la cadena de producción y sus efecto ya se han dejado notar en los precios de consumo, por lo que la recuperación del equilibrio pretendido por el Banco Central no será fácil de lograr. Similar posición han tomado los bancos centrales de la Reserva Federal, como así mismo el Banco de Inglaterra, ya que en sus recientes últimas reuniones han optado, como hemos señalado, por mantener inalterables las tasas de interés, aunque anuncian algún retoque alcista en los próximos meses.

En este contexto parece lógico aceptar que cuando entramos en coyunturas de subidas de los tipos de interés sus efectos generan consecuencias muy dispares que afectan a la actividad económica, por la reducción del consumo de los hogares, por la menor actividad para las empresas, y porque la financiación será más cara, tanto para las empresas como para los ciudadanos. Concretamente, los titulares de una hipoteca o un préstamo de otra índole con cláusulas revisables, con periodicidad semestral o anual, o, incluso, para aquellos otros que están pensando en contratar un préstamo nuevo, constatarán incrementos sustanciales en las cuotas mensuales a pagar ya que el Euribor ha pasado del 2.15%, en Abril de 2025  al entorno del 2,80% actual. En este escenario, las tarifas mínimas que se están aplicando para las nuevas hipotecas fijas rondan el 3%, aunque en este aspecto, como he advertido en alguna ocasión, el tipo a aplicar dependerá del perfil, y del historial del cliente, y en definitiva, de la rentabilidad global que aporte a la entidad.  

Por contra, este escenario debería favorecer a los ahorradores ya que la subida de tipos debería reflejarse en el retorno a obtener de sus depósitos o inversiones. A este respecto el mercado está reaccionando con incrementos, incluso de algunas entidades tradicionales, de los tipos para los depósitos a plazo fijo a niveles que, en algunos casos, superan el 3% para el plazo de un año. No obstante, es necesario recordar que algunas ofertas son efectuadas por bancos europeos pertenecientes a la UE, lo que, sin merma de sus garantías, sí exigen tomar todas las debidas precauciones en las condiciones y en la seguridad de que los depósitos estén convenientemente y debidamente garantizados por el Fondo de Garantía de Depósitos de su país. Estas prevenciones son aplicables para las ofertas anunciadas por neobancos, cuya actividad está ganando una progresiva cuota de mercado. En cualquier caso los Fondos de Inversión, en sus múltiples versiones, dan opciones suficientes para obtener mayores rentabilidades que no solo repliquen a la inflación sino que logren mayores retornos que permitan adicionar patrimonio, aunque  para ello sea necesario aceptar un mayor riesgo.

IGNACIO VILLAR MOLINA.- Socio Senior de Secot Jaén. Economista

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