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Por ANTONO GARRIDO / Hoy que es el Día de la Provincia es un buen momento para proclamarlo: Ya está bien de complejos de inferioridad. Ahora que estamos en una racha de reconocimiento de la autoestima que nos parece enormemente positiva, sobre todo porque va inseparablemente unido a un indiscutible empuje cultural, y al crecimiento de expectativas, empezando por la Universidad que va a cumplir 33 años, uno de los mayores logros de toda la historia de esta tierra olvidada que tantos sueños quitó pero a la que tanto se le sigue debiendo por todas las administraciones, hay que aprovechar los nuevos tiempos de focos de conocimiento y semilleros de emprendedores, en definitiva el impulso de la cultura y la formación que son de vital importancia para la armonía de un pueblo y un territorio provincial, para que esta tierra nuestra esté en el escaparate y no en la trastienda como en su día la situó en una acertada interpretación el que fuera mi profesor, amigo y maestro, Juan Pasquau, el escritor ubetense enamorado también de esta capital.

Recordando el plateado Jaén de Manuel Machado, Pasquau nos equiparaba precisamente con ese metal que es la plata, un metal de gran valor pero, claro, menos vistoso que el oro y sus superiores en categoría. Una ciudad históricamente, y en consecuencia, resignada, con un valor por encima de su precio. Hoy podemos y debemos decir a voz en grito, Plateado Jaén, pero plata de ley de Jaén, oro auténtico que representa una riqueza no para esconder en el arca, como el buen paño en tiempos pasados, sino para vender y enseñar, en una sociedad cada vez más exigente y que está ávida de descubrir lo desconocido, como los grandes secretos, la riqueza y la belleza de este pueblo.

No es extraño que hoy para muchos Jaén constituya la gran sorpresa, por ejemplo para ese turismo que cada vez encuentra más motivos para llegar y quedarse, gracias a la promoción por la que está apostando la provincia, pero de manera muy destacada porque se están aflorando realidades ocultas, aparece esta Jaén dormida en un profundo sueño que sólo había que hacer una cosa con ella, colocarla en el escaparate y llenarlo de contenido. Esto es también trabajar la ilusión y alimentar el alma de esta ciudad y contagiarnos a todos los jienenses.

No nos extrañará que en el futuro se encuentren nuevos motivos para llegar y quedarse. Todas las culturas han dejado la impronta de su afirmación jaenera, desde el origen de la ciudad hasta nuestros días. Desde el moro Alí que se construyó y se recreó con la construcción de sus baños y se dice que vivió en Jaén quieta y pacíficamente, hasta el propio Condestable Lucas de Iranzo. No menos famosos y repetidos son los dichos de que a Jaén se entra llorando y se sale llorando, que encierra una verdad confirmada en todos los tiempos. Aunque este sentimiento donde más bellamente lo he visto expresado es en la despedida de esta nuestra ciudad de un predicador musulmán, tras la conquista de Fernando III. No he conocido un lamento más poético y desde luego más bello como homenaje a Jaén: «Te digo adiós, mi Jaén, te digo adiós y derramo mis lágrimas como se dispersan las perlas, y yo no quiero separarme de ti. Pero así es la sentencia de estos tiempos».

En fin, hoy la palabra se transforma en heraldo de ilusión y de esperanza.  El nuevo milenio que va avanzando parece que aunque haya nubarrores, tan omnipresentes, dicho sea de paso, parece que definitivamente se ha abierto a la esperanza de los jienenses que da la impresión de que abandonamos lentamente un carácter y una manera de ser, para hacer caso al poeta Miguel Hernández, otro enamorado de Jaén, cuando sugería abandonar la actitud de acatamiento y de silencio que sólo nos proporcionó rémoras históricas. Para crecer, hay que asumir las capacidades y recursos y ponerlos a que rindan con la enorme alegría de saber que son los pueblos los verdaderos autores y protagonistas de su grandeza y de su progreso.

Por eso contemplamos como signo de esperanza que Jaén se encuentra hoy en un momento de encrucijada y ha de afrontar el futuro con decisión. Como escribió el filósofo Popper, «podemos comenzar a ser autores de nuestro futuro cuando dejemos de hacer sus profecías». Empecemos por una sociedad más comprometida en la militancia cívica y hagamos una profesión de fe en tantos jienenses que pueden ayudar en la tarea de hacer de Jaén una capital y una provincia de tolerancia y de solidaridad. Apoyemos a los más inquietos, entre ellos a los servidores públicos cuando estos demuestren su calidad y su amor a Jaén, y a tantos colectivos como escritores, artistas, historiadores, poetas, toda esa gente y otra mucha que tiene que sentirse permanentemente motivada y apoyada como creadores que son por proyectos claros y en una misma dirección: un futuro más prometedor para el conjunto de nuestra provincia.

En la Feria de los Pueblos que vive una fiesta grande con motivo del Día de la Provincia, están representados los 97 municipios y la propia Diputación. Luego está la zona comercial, con presencia de más de 250 empresas de nuestro territorio. Hay un espacio gastronómico destacando dentro de él los productos Degusta Jaén. Hay lugar suficiente para darse a conocer, y un escenario sobre el que se sucederán las representaciones culturales de cada municipio, que aprovechan para lucir sus mejores galas, y debemos felicitarnos por ello, para generar identidad como territorio, y en estos pocos años a fe que se ha conseguido, porque, cada vez más los alcaldes y alcaldesas de nuestra provincia plantean la participación de sus municipios como una gran oportunidad, un escaparate para acudir con sus potencialidades y características, recursos turísticos, actividades económicas, cultura, sus encantos, su gastronomía, junto con las costumbres y tradiciones. De modo que un paseo por el recinto permite llevarse una impresión de conjunto de una provincia que a nosotros mismos nos sorprende por lo maravillosa que es.

Ciertamente que nuestro Santo Reino tiene unos atractivos imponentes, cada pueblo de la geografía es un descubrimiento, y en la provincia, auténtico paraíso interior, como bien se acuñó hace años, tenemos todos los recursos posibles para hacer más fuerte la autoestima: el mejor paisaje de olivar con 66 millones de olivos y el aceite de más calidad en el mercado, los aoves que tanta admiración causan, el gran emblema de Jaén, su principal riqueza y mucho más que eso, porque es también un acervo cultural, con el añadido atractivo de un numeroso grupo de almazaras que se han adherido al importante proyecto del oleoturismo. Pero es que tenemos un patrimonio valiosísimo, ciudades que son referente mundial, Patrimonio de la Humanidad, cientos de monumentos, una riqueza íbera única, con principales testimonios en Linares y Jaén, entre otros municipios; los espléndidos Baños Árabes de la capital; castillos y fortalezas, un riquísimo folclore, una gastronomía de lujo con restaurantes muy comprometidos y la excelencia del aceite como bandera, eventos culturales y musicales de alto nivel y consolidados en sus respectivos ámbitos; a lo que hay que añadir dos hermosísimas catedrales, museos, parques naturales, romerías antiquísimas y que movilizan a un enorme gentío, y nombres que son referentes como Antonio Machado, Miguel Hernández y Josefina Manresa… Y mucho más. ¿No es motivo suficiente para sentirnos orgullosos de la tierra en que nacimos o vivimos? 

Por cierto y hablando de orgullo, felicitamos a los premiados por la institución supramunicipal con motivo del Día de la Provincia. Cuatro merecidos reconocimientos para el jurista Baltasar Garzón; la escritora Fanny Rubio, la empresa Macrosad y el Club de Atletismo Unicaja Jaén Paraíso Interior. Enhorabuena!!!

En fín, qué vamos a decir nosotros de Jaén, si es nuestra tierra y tenemos que hacerle justicia…Me quedo con una frase de gran belleza del periodista K-Hito: “Jaén, oro en panes, delicado y sutil, para verlo con los ojos del alma”. O como reza esa sentencia de todos conocida: “Para nacer y nacer bien, ¿hay una cuna más grande que un olivo de Jaén?

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