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El machismo es la gran mentira capaz de crear una realidad, y luego desaparecer en ella para que todo suceda aparentemente al margen de su influencia; hasta el punto de hacer creer que son las circunstancias, la costumbre, la tradición, las “personas individuales”… las que, dependiendo de la situación, explican los resultados y acontecimientos de su realidad.

Así nadie es responsable de nada, lo vemos en violencia de género, en la que a pesar de los asesinatos repetidos año tras año, todavía intentan presentar cada uno de ellos como producto de su contexto particular, negando las circunstancias comunes a todos ellos. Y lo vemos cuando los hombres se sienten atacados al hablar de una violencia que protagonizan otros hombres, hasta el punto de criticar las medidas dirigidas a acabar con una violencia que hace que cada año 60 hombres asesinen a 60 mujeres y 600.000 hombres maltraten a un número similar de mujeres, sólo por considerar que van “contra todos los hombres”. Por lo visto, para ellos esos crímenes no son un problema social y prefieren cualquier cosa antes que cuestionar el “nombre del hombre”, incluso impedir las medidas específicas dirigidas a evitar la violencia que sufren las mujeres como consecuencia del machismo. Ellos piden medidas generales dirigidas contra la “todas las violencias”, aunque se pierda eficacia y se dejen sin abordar los elementos específicos y los factores de riesgo concretos de la violencia de género.

Cuando muchos hombres se sienten atacados al hablar de machismo y dicen con agresividad que se está generalizando el problema a todos los hombres, lo que demuestran es que son machistas y que en verdad se sienten identificados con esas referencias que cuestionan, pues de lo contrario no se verían afectados por esas críticas, como no lo hacen muchos otros hombres. Pero, además, es que al referirnos a la violencia de género hay que hablar de hombres, pues nos referimos a una violencia que forma parte de la cultura creada sobre la referencia de los hombres, y dirigida a mantener su orden como un comportamiento considerado parte de la normalidad. Por eso se trata de una conducta reservada y desarrollada por los hombres que lo decidan a partir de esas referencias, por lo tanto, hablar de violencia de género es hablar de hombres que la llevan a cabo, de hombres que callan ante ella, y de la complicidad social que la permite como una de las muchas conductas “propias de hombres”. Referirse en estas circunstancias a “los hombres” no es un error ni significa que “todos los hombres” sean maltratadores, lo mismo que cuando se dice que “los españoles almuerzan y cenan tarde” no significa que “todos” los españoles lo hagan.

El machismo muestra toda su violencia y poder en este tipo de estrategia de la confusión, pero el mismo tiempo revela con su actitud que ha sido descubierto, y que el feminismo y la Igualdad avanzan de manera decidida para desenmascarar su mentira y los privilegios construidos sobre la injusticia. Por eso responden con tanta beligerancia ante los argumentos y las personas que los cuestionan, mientras callan ante la violencia contra las mujeres de cada día.

Siempre han contando con poderosas herramientas para conseguir mantener la imposición de su cultura, una de ellas ha sido la violencia normalizada e invisibilizada, y otra el peso de su palabra para hacer verdad todo lo que digan.Pero claro, como ya no pueden decir, al igual que hacían antes, que los hombres son el centro del universo, que las mujeres son inferiores intelectualmente, o que están predispuestas a la obediencia y al cuidado, aunque todavía haya algún romántico que lo diga públicamente, lo que hacen con su posmachismo de la confusión es recurrir a la falacia, pues saben que en ellos no se ve como tal mentira.

Y el machismo es especialista en lo que los griegos llamaban “falacia non sequitur”, basada en alcanzar la conclusión a partir de una premisa falsa, generalmente relacionada con la afirmación realizada por otra persona, pero que en verdad no ha dicho. Por ejemplo, si alguien dice estoy en Japón, sería falaz afirmar que esa persona ha dicho que está en Tokio, pues estar en Japón no significa que se esté en esa ciudad, por muy típica y poblada que sea.

Por eso el machismo recurre a sus falacias non sequitur para intentar poner en boca de otras personas lo que no han dicho, pero que él necesita para poder justificar su violencia y ataques contra esas personas y las ideas y valores que representan.

Es uno de los argumentos que más utilizan en su estrategia de presentar a los hombres como víctimas de una especie de “conspiración feminista intercontinental” basada en la falacia non sequitur. Por eso cuando se dice que los autores de la violencia de género son hombres o que el machismo está protagonizado por hombres, los machistas aplican su falacia y dicen que se ha afirmado que “todos los hombres” son maltratadores y que “todos los hombres” son machistas, aunque luego sean tan incongruentes que se dedican a atacar a otros hombres y los llamen “traidores”, “feminazis”, “planchabragas” o “manginas” por “no ser hombres de verdad”. ¿No dicen que la Igualdad considera a todos los hombres machistas…? Absurdo, pero ellos son así.

Es lo que ha ocurrido estos días cuando hemos hablado de un modelo de sociedad machista basado en la desigualdad y en la violencia, especialmente contra las mujeres por ser la desigualdad de género la esencia de su construcción, pero que luego extienden a otras circunstancias en las que el diferente se considera un enemigo, hasta el punto de que el 95% de los más de 500.000 homicidios que se producen cada año son cometidos por hombres, tal y como reflejan los informes de Naciones Unidas. En lugar de detenerse a reflexionar sobre estas situación y ver la relación entre machismo y otras violencias, saltan al ataque e intentan generar confusión a través de una falacia non sequitur al afirmar que se ha dicho que todos los hombres son maltratadores, que todos los musulmanes son terroristas, que todos los colombianos son narcotraficantes… o que la única violencia que importa es la dirigida contra las mujeres para beneficiar al “lobby feminista”… Siempre usan el mismo argumento falaz con distintas justificaciones con el objeto de desviar la atención del problema estructural.

Si para los machistas el machismo no tiene nada que ver con los problemas que existen en la sociedad construida sobre sus referencias, ¿por qué les preocupa tanto, entonces, que se trabaje en el análisis de las posibles relaciones entre ese “machismo inocente” y las consecuencias que se producen?

Ya no engañan a nadie aunque sigan utilizando sus posiciones de poder, de manera que debemos agradecer estos ejercicios agresivos y violentos que ponen de manifiesto la estrategia que los deja en evidencia. Mientras ellos se dedican a todo ese juego la Igualdad avanza, y cada día hay más mujeres y más hombres que rechazan al machismo, a los machistas y a su violencia.

 

*(Del Blog Autopsia, de Miguel Lorente Acosta)

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