El perfecto anfitrión

Mercedes Ruiz

21 Diciembre 2016
El perfecto anfitrión

 

“El verdadero anfitrión es el que da la cena” (Molière)

Ya tenemos aquí la Navidad, y aunque cada día es más frecuente recibir en casa a un grupo de amigos o familiares en torno a una comida o cena, no está de más recordar las normas básica de protocolo y comportamiento en la mesa que todos debemos poner en práctica para salir airosos de cualquier situación que se nos pueda presentar.

El perfecto anfitrión

La función de un buen anfitrión es hacer que la estancia de todos los invitados en nuestra casa sea lo más amena y cómoda posible. Para eso el primer paso es preparar la casa convenientemente para recibirlos: limpia, ordenada y bien ventilada. Lo ideal es tener previsto un armario a la entrada de la casa o una habitación destinada a dejar los abrigos y bolsos de todos los invitados.

La luz debe ser la adecuada, durante el día aprovechar la luz natural y si es de noche tener la habitación bien iluminada.  Sobra decir que los anfitriones deben estar completamente arreglados antes de llegar sus invitados, no es de buen gusto dejarlos solos mientras nos cambiamos de ropa. Existe un margen de cortesía de aproximadamente quince minutos para esperar a los invitados más retrasados, mientras estos llegan les ofreceremos un aperitivo, si el tamaño de la habitación lo permite, podemos preparar una mesa auxiliar con copas y snacks tipo aceitunas, almendras, etc...

Poner la mesa es labor de los anfitriones, cuando lleguen nuestros invitados deben encontrarse la mesa ya puesta y preparada. De nada sirve preparar un exquisito menú si no hemos sabido darle el escenario adecuado. Con muy pocos elementos y algo de imaginación, podemos hacer de nuestra mesa algo muy personal.

Es más elegante utilizar un mantel único, amplio y colgante, preferentemente blanco y de lino o encaje. Es conveniente cubrir antes la mesa con un muletón cortado a medida que servirá para amortiguar el ruido de los platos y preservar el barniz o la cera de la mesa. El mantel blanco nos permite jugar con los caminos de mesa o bajoplatos de distintos colores, y realza mucho más la vajilla que utilicemos. Las servilletas deben ser de tela, a juego con el mantel aunque podemos utilizar algunas de papel con motivos navideños pero siempre que sean de calidad. El tamaño ideal son 40 centímetros. Deberemos colocarla en el lado izquierdo del comensal o encima del plato, pero nunca dentro de una copa y por supuesto hay que evitar figuras extrañas o rebuscadas. La servilleta sólo se coloca al lado derecho una vez que has terminado de cenar.

En función del espacio libre podemos colocar un centro floral, que retiraremos antes de comenzar la cena, si impide la conversación entre comensales o no nos permite colocar adecuadamente los platos preparados. Los candelabros o velas pueden tener sentido en una cena, NUNCA en un almuerzo y las velas, que no deben tener olor, se encenderán después de que los comensales hayan tomado asiento.

Normalmente se utilizan dos platos: llano el inferior y sopero el superior. Si se sirven entremeses u otra entrada similar, se dispone de un tercer plato, menor que los anteriores y que ocuparía el lugar superior. Una vez retirado éste se colocarían los platos soperos si es el caso. Si tu vajilla tiene algún dibujo, éste debe quedar siempre a las doce en punto. El borde del plato mayor deberá estar alineado con el borde de la mesa. Los bajoplatos tienen una función meramente decorativa.

En cuanto a los cubiertos, su posición viene determinada por dos reglas básicas: la primera establece, que los tenedores se sitúen a la izquierda y los cuchillos y cucharas a la derecha: y la segunda recomienda ordenar todos los cubiertos según su utilización, reservando el lugar más alejado para el que haya de emplearse en primer lugar. Las palas del tenedor, y la cuenca de la cuchara se orientarán hacia arriba y el filo del cuchillo mirará hacia el interior. Los cubiertos de postre se colocarán frente al comensal.  La película Pretty Woman marcó un antes y un después a la hora de saber qué cubiertos utilizar con la simple regla “de fuera hacia dentro”.

Para completar el servicio se suelen colocar tres copas: destinando la mayor al agua y las otras dos a los vinos, blanco y tinto. Ya no se emplean copas verdes para el vino blanco. Las copas para licores y champán es mejor sacarlas al final para no cargar mucho más la mesa.  La forma más práctica para colocarlas sería de mayor a menor y de izquierda a derecha.

El pan se coloca a la izquierda de cada servicio sobre un pequeño plato auxiliar, aunque cada vez es más frecuente ofrecer una selección de pan: integral, centeno, soja…en ese caso dispondremos de varias paneras para que el comensal pueda elegir el que más le apetezca.

Existen unas reglas fundamentales para la colocación de los comensales que conviene respetar siempre:

El lugar preferente de la mesa se adjudica a la persona de mayor edad, de superior rango social o a la que se quiera honrar o distinguir sobre las demás. El lugar preferente se considera al centro del lado de la mesa contrario al de la puerta de acceso a la dependencia. Dejar el lugar más próximo a la cocina para la anfitriona.

Hombres y mujeres deben estar alternados y los matrimonios o socios de un mismo negocio serán separados entre sí facilitando de este modo el contacto y la conversación con personas no habituales.

Todas las mesas tienen patas, y es inevitable que coincidan con el asiento de alguien, estos lugares hay que dejarlos para los más jóvenes o gente de la casa.

Los caballeros se sientan después de las señoras y nadie antes que los anfitriones. La postura corporal debe ser natural, ni encorvada ni envarada.

Los platos se sirven por la izquierda y se retiran por la derecha. Aunque no siempre se respeta el orden, lo correcto es servir primero a la dama sentada a la derecha del anfitrión, después a las señoras en el sentido de las agujas del reloj, siendo la última la señora de la casa. A continuación los hombres comenzando por el que está a la derecha de la anfitriona y terminando por el anfitrión.

Nadie empezará a comer hasta que todos estén servidos y es norma de cortesía esperar una indicación de la anfitriona para comenzar.

Bon appétit!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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