Itinerario desde el Homo consumidor al Homo naturalis

Itinerario desde el Homo consumidor al Homo naturalis

Manuel J. Ruiz Torres

18 Julio 2016

27/10/2016

Los estereotipos son siempre parciales y encierran un punto de injusticia, pero también son útiles si están bien realizados, para poder abordar una realidad compleja. Y objetivo de este artículo es trabajar con estereotipos, definir un camino que permita llegar de un estereotipo a otro.

Vamos a intentar reunir las características de una persona promedio de nuestra sociedad en un estereotipo, un modelo, que llamaremos Homo consumidor. De entrada puede parecer que el hecho de ponerle este nombre ya es muy tendencioso, pero veremos que no está demasiado equivocado.

Homo consumidor es una persona que se caracteriza por vivir fundamentalmente para sí mismo, es decir, el foco de su vida se reduce a sí mismo y como mucho, puede incluir a sus familiares directos (ascendientes, descendientes y pareja) dentro de ese foco. El resto de personas pueden aparecer dentro de ese foco temporalmente en la medida que estén relacionadas con los intereses de Homo consumidor. Y por supuesto, todo lo demás (resto de la sociedad, entorno natural, etc) tiene relevancia si afecta a la esfera de intereses personales.

Los impulsos emocionales tienen mucha importancia en las acciones de Homo consumidor, y se podría decir que la mayor parte de las decisiones que se toman son para satisfacer, directa o indirectamente, una gran y variada cantidad de deseos, por lo que la situación “Me gusta- No me gusta” es determinante en la orientación de las acciones que se llevan a cabo. Y la satisfacción constante de estos deseos e impulsos irracionales hace que el consumo esté siempre presente.

En resumen, las decisiones que se toman, y las consiguientes acciones, se desarrollan en un foco reducido, centrado en la persona y sus familiares directos, por lo general no suelen ir a círculos más amplios (familiares indirectos, amigos-conocidos, vecinos, barrio, ciudad, Naturaleza, etc), salvo que tengan una relevancia directa para el reducido foco central a juicio de la propia persona. Y además, estas decisiones y acciones están conducidas muchas veces por impulsos irracionales, guiados por la satisfacción de deseos variados.

En el fondo, lo que impulsa al Homo consumidor a actuar es la lógica búsqueda de la felicidad, de sentirse satisfecho.

Las consecuencias de esta manera de decidir y actuar son, a nivel interno, una falta de profundización en explorar todas las posibilidades y facultades, puesto que se actúa de manera superficial, impulsiva y de manera muy localizada. A nivel externo, esta necesidad de satisfacer deseos requiere de una gran demanda de recursos materiales y energéticos. Al llevar un modo de vida muy individualista no suelen compartirse medios ni bienes, por lo que es fácil situarse en el exceso, en el consumo excesivo, de más de lo necesario. Por otro lado, al actuar desde el binomio “me gusta-no me gusta”, no suele haber un trabajo reflexivo sobre las consecuencias de la acción o sobre la oportunidad y/o eficacia de la misma.

Por lo tanto, el nombre de este estereotipo que bien podría representar a una persona promedio de nuestra sociedad, Homo consumidor, es apropiado, porque el resultado de su forma de vida es un elevado e insostenible consumo. Pero también podrían apreciarse otras consecuencias, como pueden ser una menor unión social, menor solidaridad y por lo tanto mayor exposición frente a cualquier problema o circunstancia, o la frustración de percibir que no se han desarrollado facultades o posibilidades como ser humano.

Sin embargo, puesto que el móvil que impulsa el transcurso por la vida es la innegociable búsqueda de la felicidad, y no conoce otra forma de alcanzarla, Homo consumidor será reacio a cambiar, porque hacerlo sería perder oportunidades de ser feliz. Es más, en nuestra sociedad el ideal de búsqueda de la felicidad se sitúa en diferentes variantes de este modelo “foco de vida centrado en lo personal + satisfacción de impulsos y deseos” por lo que el consumo excesivo se extiende, se generaliza, y se constituye en motor económico de la sociedad.

Pero siendo este consumo insostenible, hay que hacerlo sostenible antes de que las consecuencias ambientales sean irremediables. Y el dilema es el siguiente: ¿cómo hacerlo si Homo consumidor se apoya en este tipo de consumo para intentar ser feliz? Y hay otro bucle más sólido para deshacer, ¿cómo disminuir el consumo, si la economía se basa en el consumo? ¿cómo permitir que la economía se debilite e incida negativamente en la capacidad adquisitiva de Homo consumidor, que necesita medios económicos para consumir y por lo tanto ser feliz?

Estos dos bucles están muy bien trabados y son difíciles de superar.

Se ha intentado disminuir los resultados nefastos del consumo excesivo mediante la implantación de tecnologías más eficientes y más limpias, pero que son más caras, por lo que la tendencia generalizada es no usarlas; también se intentan llevar a cabo la implantación de buenas prácticas ambientales mediante la educación ambiental, pero que resultan difíciles de implementar ante la necesidad de sacrificar comodidades e ir contra el “me gusta-no me gusta” tan característico de Homo consumidor.

¿Cuál podría ser el itinerario para ese cambio?

Habría que variar los supuestos desde los que se parte como Homo consumidor; sería paulatino, como el viraje de un gran navío. Los puntos de este itinerario deberían desarrollarse al mismo tiempo, y serían:

-         Profundizar en uno mismo, conocer y desarrollar muchas facultades y potencialidades que tenemos todos como seres humanos que somos.

-         Como consecuencia (al desarrollar muchas virtudes “sociales”, relacionadas con la solidaridad y el altruismo) y al mismo tiempo, ampliar nuestro foco de interés y actuación, pasando del ámbito exclusivamente personal (o familiar) a una esfera más amplia, de tal manera que lo que ocurra más allá de nuestra persona o nuestra familia, también nos interese.

-         Al profundizar en uno mismo, también se encuentran muchos caminos interiores cuyo tránsito genera satisfacción, sin tener que recurrir al consumo. Ejemplos de esto puede ser el desarrollo de la cultura, de la comunicación, de la contemplación, de la reflexión.

-         Filtrar los impulsos y los deseos a satisfacer, valorando las consecuencias. Para ello, es necesario adquirir conocimiento, estar en una permanente actitud de aprender.

-         El conocimiento, y el desarrollo de facultades y potencias interiores permite modular el “me gusta-no me gusta” y pasar al “quiero-no quiero” o “debo-no debo”.

-         Por todo lo anterior, desarrollo de facultades y potencias interiores, inclusión de lo social y el entorno en la esfera de interés, valoración de consecuencias de las decisiones, se puede reducir de manera permanente el consumo (sin tener que caer en la sensación de sacrificio) y es más fácil implementar hábitos y costumbres que reduzcan las consecuencias negativas del consumo.

Todo ello sin sacrificar la aspiración a ser felices, solo que en esta nueva situación se encontrarían muchos caminos interiores para encontrar esa felicidad y se reduciría la dependencia externa para ello, es decir, se reduciría el consumo.

La meta sería otro estereotipo, el Homo naturalis, es decir, el ser humano plenamente desarrollado en todo su potencial, con una sociedad más fuerte y cohesionada, donde puedan encontrarse solución a los problemas individuales, con una mayor conciencia de las consecuencias de las acciones, y por lo tanto, una mayor capacidad para reducirlas o evitarlas, y por supuesto, una mayor calidad de vida potencial, al depender menos de los recursos externos (y por tanto, de su propio poder adquisitivo) para ser feliz y poder sintonizar con la Naturaleza la propia vida.

Homo consumidor y Homo naturalis son estereotipos, modelos que pretenden reflejar la realidad, pero que son inventados en definitiva. Sin embargo, lo que no es inventado es el profundo problema ambiental y social que acarrea nuestro modo de vida de consumo excesivo e insostenible. Depende de nosotros cambiarlo, reconocer lo que haya de Homo consumidor y evolucionar a Homo naturalis, y este itinerario puede ser una buena guía.

 

 

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